HERNAN DIAZ ARRIETA (ALONE) Memorialistas Chilenos

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Por Jorge Arturo Flores

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Chile ha destacado en el mundo de la literatura como país de poetas. Hay dos Premios Nobel y dos Premios Cervantes para atestiguar tal aserto y una infinidad de autores que publicaron sus obras al través del tiempo. Pero antes se le conocía como país de historiadores. También existe una multitud de libros que subrayan el amor singular de los compatriotas por un país pequeño como Chile. La cantidad de textos sobre el tema supera, incluso, al de grandes naciones con mayor vida pretérita que la nuestra.

País de poetas e historiadores.

Curiosamente, Chile no se distingue por la novela, la crítica, el ensayo, el cuento y las biografías, ateniéndonos al canon literario.

Pero hay otro segmento que recientemente, aunque es de antigua data, han descubierto: Chile país de memorialistas. Y para ello, quienes aventuran tal juicio, se respaldan con el acopio de varios libros sobre el tema.

Con seguridad es novedad hoy. Pero, como decíamos, la temática tiene antigua data y existe un libro que recopiló las crónicas vertidas sobre el asunto.

Está escrito por Alone, Hernán Díaz Arrieta, el gran crítico de Chile, y se intitula” Memorialistas Chilenos” (1960).

Pertenece al conglomerado de obras señeras del gran crítico literario. Escritas con un estilo que es irrepetible y dotadas de una perspicacia sicológica que resulta a todas luces atinada, Alone tiende su mirada sobre diversos textos que provocaron su interés.

Las crónicas suman veintiocho. Y, aunque todas son muy buenas, sobresalen algunas. Incuestionablemente hay varias que faltan a la cita y sorprende que el autor no las haya considerado. Como aquello es notorio, nombra algunas que debieran estar en la nómina.

Al parecer, sobre ellas no redactó las célebres crónicas.

Se echa de menos, al instante, “Recuerdos del Pasado” de Vicente Pérez Rosales, al cual dedicó notables crónicas, considerandolo uno de los mejores libros chilenos. La excusa que muchos textos no abordados lo serán en su futura Historia Personal de la Literatura Chilena, no convence.

Las memorias en sí nos muestran la historia chilena escrita desde los bastidores de la gran escena. Es sin duda la petit histoire. Por ello es tan atractiva, amena e interesante.

El índice de los autores enjuiciados es el siguiente:

Prisioneros, desterrados y perseguidos: Bascuñán, Egaña, Vicuña, María Carolina Geel, Recuerdos de Treinta años, por José Zapiola, Niño de Lluvia: Relato, por Benjamín Subercaseaux, Una jornada ferroviaria, por Martiniano Poblete, Por los caminos del abra, por Darío Ovalle Castillo, Embajada de Chile en Madrid, por Aurelio Núñez Morgado, Memorias de ochenta años, por don Ramón Subercaseaux Vicuña, Algo de lo que he visto. Memorias de don Crescente Errazuriz, Memorias de don Abdón Cifuentes, Recuerdos de la Escuela de Medicina, por el doctor Au gusto Orrego Luco, Recuerdos de mi vida, por Martina Barros de Orrego, Recuerdos de familia, por don Luis Montt, Memorias de ochenta años, por Francisco R. Undurraga, Recuerdos de cincuenta años. Entrevistas de Armando Donoso, Recuerdos de 1891, por don Ricardo Cox Méndez, La Revolución del 91. Diario de don Fanor Velasco, Como si fuera ayer, por don Emilio Rodríguez Mendoza, Espejo del pasado. Memorias literarias, por Samuel A. Lillo, Arenas del Mapocho, por Ricardo Puelma, El mar trajo mi sangre. Memorias de Alberto Ried Silva, Los días ocultos, por Luis Oyarzún, Recuerdos de don Juan Urzúa, En España con Federico García Lorca, por Carlos Moría Lynch, Memorias de un emigrante, Por Benedicto Chuaqui, Yo soy tú, por Jorge Délano, Recuerdos literarios, por Fernando Santiván, Confesiones de Santiván, Confesiones políticas, por Rene Montero.

Hay dos temas que se repiten: la guerra civil del 91 y las desventuras de los patriotas durante la conquista y reconquista española. Entre otros, sobresale el papel de los embajadores en Madrid durante la Guerra civil española, el gobierno de Carlos Ibáñez del Campo, el mundo del suburbio de Arenas del Mapocho, todo un acierto, y las confesiones literarias de algunos escritores, entre los cuales sobresale las dedicadas a Fernando Santiván, no por su contenido, siempre interesante, sino porque es el único que tuvo el privilegio de contar con dos artículos. El que resalta es el dedicado al libro “Memorias de un Tolstoyano” que deslumbró al crítico chileno, aunque posteriormente no lo mencionó más. Hubo allí la clásica e interminable rencilla literaria, en especial, por lo que Santiván creyó ver y lo que Alone supuso.

En sustancia, el libro es amenísimo. Ayuda, sin duda, a comprender los hechos que, como dijimos, se encuentran ocultos detrás del escenario y que por inadvertidos, no son menos importantes, a tal punto que allí se devela parte del acontecer nacional y sus consecuencias. Resulta, por lo demás, inoficioso preponderar otra vez la magistralidad del estilo, el lenguaje pulcro, elegante y fino de Alone, además de estar dotado, como todo lo suyo, de una delgada ironía que mueve muchas veces a la sonrisa y deja pensando.

Una relectura imprescindible.