HERNAN DIAZ ARRIETA (ALONE) Y GABRIELA MISTRAL

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Por Jorge Arturo Flores

Quien se detiene en la vida y obra de Gabriela Mistral conocerá, un tanto sorprendido, las ingratas vicisitudes que sufrió la poeta chilena a lo largo de su existencia.

Su vida, desde sus inicios escolares hasta el cumplimiento de labores docentes, estuvo signada por hechos que no son precisamente un canto a la alegría. Informaciones hablan de una infancia dura con tropelías por parte de sus compañeras de colegio, lo cual la marcó para siempre. Por otra parte, a fin de conseguir puestos de trabajo en la docencia, debió extremar todos los recursos, que no los tenía, constituyendo una prueba más de su tenacidad para vencer los obstáculos que le tocó sobrepasar.

Sus colegas se afanaron en que no consiguiera nada, desdeñándola por no poseer título profesional. Ya sabemos, en Chile el complejo de titulitis es inconmensurable .Además sentían por ella, inevitablemente, cierta melancolía dada su posición de poeta. Por otro lado, sirviendo cargos consulares, debió batallar briosamente para lograr sus objetivos. Acá la política metió su cola. Sus compatriotas, en tanto, no fueron muy solidarios.

Lo mismo sobrevino con su obra.

Sólo cuando viaja invitada a México, el horizonte se dilata y surge al fondo la luz que tanto aguardó.

Después viene todo lo que conocemos, aunque tampoco fue miel sobre hojuelas.

SOBRE SU TAREA LITERARIA

Al principio, su tarea poética fue mirada con algún menosprecio y cierto silencio ominoso planeó sobre los círculos literarios, salvo algunas excepciones.

El éxito llegó, como pasa siempre, desde el exterior.

Todo ello se tradujo en que la trayectoria de Gabriela Mistral en el Parnaso chileno, en la práctica, se conoció cuando obtuvo el Premio Nobel o después de su muerte. Previamente era muy escaso el conocimiento que se tenía. No olvidemos que antes de “lo de Estocolmo”, solo consiguió un galardón en los Juegos Florales de Santiago. El Premio Nacional se le otorgó después del Nobel, como una suerte de desagravio y, como dice Nicanor Parra, nunca le dieron el Municipal.

Los estudios sobre su quehacer artístico emergen con cierta prodigalidad pasada la mitad del siglo XX. Aproximadamente 20 ediciones póstumas con sus respectivos juicios y del orden de 10 textos de investigaciones (podemos equivocarnos en las cantidades). Específicamente análisis académicos. Es decir, no aptos para profanos y distantes del lector. Los que suman gran número son los artículos en la prensa, especialmente cuando se supo su orientación sexual.

A primera vista, escaso caudal para un Premio Nobel.

Estos juicios serios, enrevesado, herméticos y crípticos olvidaron a quienes, en un principio, avizoraron el arte de Gabriela Mistral y le dieron el espaldarazo solitario que tanto necesitó.

Aquí nos encontramos con Alone, Hernán Díaz Arrieta.

ALONE Y GABRIELA MISTRAL

El famoso crítico literario, al publicar su novela La Sombra Inquieta, sufrió los embates de la sociedad santiaguina que no perdonó ser exhibida en público. Más aun proviniendo de alguien que los frecuentaba. Sabía a traición. Como sabemos, la citada novela trata del amor platónico de Alone con Shade y la muerte de ella, influida por la actitud escasamente caballeresca de un personaje que visitaba los círculos santiaguinos. En ella se muestra, como trasfondo, la sociedad chilena que se dice alta en su intimidad. Esta situación, obviamente, no podía gustar y se empeñaron en reducir al silencio el libro de marras. Un silencio, como diría Alone, “plagado de murmullos”. Sirvió, en todo caso, como inesperada publicidad puesto que surgió con rapidez una segunda edición.

La primera debió agotarse.

En medio de la tormenta, que no fue menor, Gabriela Mistral le tendió la mano, lo respaldó y le regaló un hermoso poema “La Sombra Inquieta” que va en una de las ediciones.
Posteriormente, con el nacimiento de Desolación y los poemas desperdigados por la poetisa en la prensa, Alone devolvió la mano y defendió a su amiga de la maquinación y los ataques pérfidos de varios críticos y escritores chilenos. En medio de su análisis, el cronista literario adivinó el futuro de la poeta, coincidiendo con sus planteamientos, analizando con pasión y sabiduría sus poemas y dando una verdadera cátedra de análisis literario sobre un trabajo primigenio. Andan por ahí dos crónicas enfiladas a Raúl Silva Castro (notable) y a Virgilio Figueroa que esclarecen la poemática mistraliana, dejando en situaciones embarazosas a los citados comentaristas. Después de aquello, siguió su trayectoria, recibiendo cartas, analizando sus libros, yendo a visitarla a Nápoles, (cuando era cónsul), acompañándola en su viaje de regreso a Chile (1956) y un largo etc.

Una amistad que no se quebró nunca.

No obstante ello, y remitiéndonos únicamente al papel literario, los que han estudiado la obra de la poeta hacen caso omiso, varias veces, de las los juicios emitidos por Alone en torno a los libros de la ganadora del Nobel.

Y no son pocos ni desdeñables.

Con seguridad, al no ser apuntes académicos, esto es, enrevesados, crípticos, herméticos, sosos, sin brillo ni estilo, aburridores, no tienen validez. Alone, al contrario, magnetiza con su formidable estilo, su profundidad sicológica, un gusto exquisito, su juicio certero, una cultura estimable, además de poseer en alta estima el factor humano.

Evidentemente no son virtudes consideradas por los que posan de sabihondos: es un bagaje del cual carecen en forma ostensible.

ALONE Y DESOLACIÓN

Alone colocó, especialmente en el libro Desolación, algo de su alma y en el fondo representó el sentir de la persona enamorada que sufre por el desenlace fatal del ser querido. El ya sabía de esas emociones. ¡Y qué experiencia, qué emociones!. Leerlo constituye, entonces, un paseo por la pasionalidad de Gabriela Mistral, su fuerza, su hondura, su fiereza, su grito. Y eso no se encuentra a la esquina de la calle y en las oscuras salas de los eruditos. Tampoco, claro está, es un componente a considerar por los críticos, quienes alejan cualquier humanidad en sus escritos. Ante todo, la objetividad. ¡Ay Señor!.

Es un tema que despierta nuestra curiosidad.

Cada crónica dedicada por Alone a la Premio Nobel constituye una valiosa pieza para interiorizarse, no tan solo del hondor humano, sino también de la apreciación estética de su quehacer literario. No por nada proviene de quien ha sido considerado el mejor y más grande crítico literario en Chile.

Debiera ser un elemento a considerar.

LIBROS DE ALONE SOBRE LA PREMIO NOBEL

Con motivo de la obtención del máximo laurel literario en el mundo, Alone publicó un bello opúsculo en 1946 intitulado “Gabriela Mistral, Premio Nobel 1945”. Reúne varias crónicas publicadas desde 1925 hasta 1945. Es un compendio magnifico de acertadas interpretaciones del estro mistraliano, donde el sentimiento humano, biográfico y artístico impera. Es realmente una belleza de ejemplar. No olvidemos, dentro de la misma línea, el ensayo que le dedicó en su formidable libro Los Cuatro Grandes de la Literatura Chilena (1962). Allí el cronista literario despliega su brillante arsenal artístico dando con un texto que conmueve y llama a la reflexión. Toca tanto el factor humano, desde la biografía, hasta el juicio sobre sus textos y el desarrollo que ellos tuvieron.

LAS CRÓNICAS DE ALONE SOBRE GABRIELA

Ciertamente no sería del todo aventurado congregar las crónicas de Alone sobre Gabriela Mistral.

Sin duda sería un texto superior a los innumerables libros que se tejieron póstumamente sobre la poeta chilena. Además de interesantes y amenos, nos acercan a la mujer, al ser humano. En cambio, los textos póstumos carecen de lo que le sobra a Alone. Su principal característica es que jamás elevaron vuelo, no llegaron al público (con algunas excepciones) y quedaron recluidos en los claustros académicos, esos recintos generalmente grises, sosos, áridos, donde la pedantería y soberbia extiende su manto, lejos de cualquier sentimiento de sensibilidad o simpatía.

Los lectores de Gabriela Mistral, además de valorizar el gesto, lo agradecerían eternamente.

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