Hernán Díaz Arrieta (Alone) y Pablo de Rokha.

Por Jorge Arturo Flores

No es fácil digerir la poesía de Pablo de Rokha. Tampoco a él. Forman en conjunto una masa que atemoriza. Muchos escritores  tuviéronle  temor y prefirieron cruzar a la acera del frente cuando éste y su poemática venían. Otros se le enfrentaron valientemente, aunque antes tomaron seguros de vida.

Con de Rokha nunca se sabía.

Al igual que la obra de Latorre, tampocola de Rokha  agradó a Hernán Díaz Arrieta. Y tuvo la valentía de expresarlo al través de su crónica literaria.

En duros aprietos se vio envuelto.

La tempestad rokhiana no tardó en estallar y sus ataques furibundos, mejor dicho, tremendistas, fueron enfilados en contra del critico mercurial, con una sorna, una rabia, una obsesión casi demoníaca que llama profundamente la atención y que, incluso, hace pensar en serios desequilibrios mentales.

QUE DIJO ALONE

En su libro  Panorama dela Literatura Chilenahay una página dedicada especialmente al poeta que es un modelo de ingenio y mofa. Comenzaba así: “Oyéronse sus primeros rugidos enla revista Selva Lírica, verdadera selva primitiva, con toda clase de fieras, allá en el año dieciséis. Entonces corrió las calles una “Sátira”, dos hojas volantes en que Pablo de Rokha, el simple, el fuerte, el terrible, insultaba mucho a muchas personas, con palabras pesadas como piedra. Todo lo cual le creó una útil leyenda de ferocidad, tan difundida que su esposa ha publicado una especie de manifiesto para declarar que, en realidad, Pablo de Rokha es un ser humano.”.

Refiriéndose a sus poema, dice: “sus poemas requieren de cierto estado de trance y, puesto en él, Pablo de Rokha tiembla y vomita, como una montaña, repite quinientas veces la misma palabra y saca unas voces de profeta hebreo ebrio. Su libro Los Gemidos constituye uno de los mejores documentos de literatura patológica aparecidos después de la guerra en los países no afectados por este fenómeno de un modo directo: 800 páginas delirantes en formato mayor indican una agitación interna considerable.

Después ha repetido la misma nota, añadiéndole algunas obscenidades”.

Luego va a la parte más intima del poeta: “Pero esta persona, al igual que tantas otras oscuras o ilustres, no es una persona, sino una jaula. Y tras los barrotes firmes, de hierro, de bronce, de oro, hay un monstruo, una fiera antidiluviana; un fenómenos gruñente y espantoso que se llama Pablo de Rokha. Pablo de Rokha se ríe también de la gente, la considera imbécil, idiota, perversa, digna del extermino. Pablo de Rokha no cree sino en Pablo de Rokha. ¡Ah!, eso si, está convencido de que Pablo de Rokha es un genio y que trastornará los destinos del mundo. Lo dice, lo grita, lo aúlla”.

Luego de analizar dos textos de la poesía del autor, traídas ex profeso para desmantelarlo, indica: “De no pasar parte al Juzgado del Crimen o avisar al Director de la Casa de Orates ¿qué haremos?: Pablo de Rokha pide a gritos otro Einstein que explique el relativismo interior, cómo puede haber una persona cuerda que escriba, publique y firmes estos gemidos”.

Conociendo el temperamento del poeta, Alone señala en otro artículo: “No cualquiera dice lo que piensa sobre Pablo de Rokha; se necesita para ello cierto grado de heroísmo”.

Finaliza la crónica en La Nación:” Pablo de Rokha está henchido de gritos, erizado de insultos, con los dientes filudos y blancos entre los labios separados”.Luego, haciendo una comparación entre Neruda y de Rokha, agrega estos adjetivos al enemigo del Premio Nobel: “Pablo de Rokha, el estrepitoso, el disonante y el detonante. Leerlo, como se lee a todos, resultaría descabellado. Siempre la misma presión, siempre las mismas repeticiones, siempre la injuria elevada al maximun y las palabras sonando duras como peñascazos”…”El delirio de grandeza unido a la potencia agresiva parecen constituir no sólo el sello característico de su personalidad y la marca de su estilo, sino su estimulante necesario, su droga heroica  y tóxico biológico.”…

Si de Rokha tenía la manaza pesada, Alone no le iba en saga, pero, desde luego, de otra forma, con otro estilo, más fino, contenido y ejemplarizador. Más gente.

Es decir, lo contrario del iracundo poeta.

Lo cual necesariamente no importa un insulto.

LABOR DE PABLO DE ROKHA

Después de beber las palabras de Alone atacando con sorna y saña el quehacer artístico del poeta de Licantén, el lector poco avisado podría pensar con la mayor naturalidad que el hombre de los grandes pasos y las comidas orgiásticas no era ciertamente un gran vate y aunaba en su torno una muchedumbre de feroces detractores.

Se equivoca.

Pablo de Rokha, increíblemente, tiene panegiristas, pocos, escasos, pero los tiene. También posee gente que se ha dedicado,  increíblemente, a estudiar su trabajo y a obtener, paradojalmente, piedras preciosas de sus libros (no peñascazos ni duras piedras).

Si, aunque cueste creerlo.

Sumergiéndose en esos estudios farragosos, pesados como piedras, duros como luma, el lector desprevenido se encontrará con argumentos sólidos, de una intensidad creíble, provistos de un arsenal de expresiones doctas que dejan turulato y mostrando una profundidad artística que, mirada bien las cosas, cuesta distinguir en la mole gigantesca de Pablo de Rokha.

Pero como lo dicen eruditos, sesudos académicos, serios profesores, con grados, post grados y magíster a cuestas, la duda empieza a hender las mentes. Algo de valor tiene que ostentar este santo varón, piensa el despreocupado lector, no todo puede ser malo y alguna pepita de oro podría encontrarse en el mar tremolante de su obra. Mal que mal recibió el Premio Nacional de Literatura, por ende, se encuentra entre los inmortales de las letras nacionales; debe ser  materia obligada en las aulas universitarias (en la enseñanza básica y media difícil), es el maestro del Tremendismo, hay opiniones que lo tratan de genio rupturista y creen encontrarle una fuerte adhesión en el alma popular.

Mmm… si -dirá rascándose la cabeza – démosle al menos el beneficio de la duda.

Entonces, para salir de la curiosidad, lee a Pablo de Rokha, coge sus inmensos textos, se sumerge en su argumentación artística, trata de gustarlo.

Tarea ímproba, al cabo imposible.

Cuesta, por Dios como cuesta, se necesita, como diría Alone, estar en un “estado de trance” para conseguir alguna expresión valorable. El tímido lector podría gustarle algunas cosas; hallará “expresiones desaforadas, denuestos y palabrotas”, aprenderá las más grandes injurias, colmará su pobre arsenal con un sinnúmero de juicios grandilocuentes, tremebundos, híper ventilados, que le servirían sin duda para defenderse de eventuales enemigos.

He ahí un buen uso.

Se encontrará, sin embargo, con serios problemas de interpretación y, para qué decir, de placer, si quisiera buscar otra cosa.La expresión Arteparece un contrasentido, por ejemplo. El hombre era duro como muralla pétrea y frío como extremidad de pingüino. Aunque soñaba con ser el poeta del pueblo y hacia él inclinaba su pluma, la realidad, la cruel realidad, dijo otra cosa: nada más alejado del alma popular que el poeta de Licantén. Sus versos no cuajaron con facilidad en el imaginario del segmento social bajo. Incluso, hasta podríase columbrar que su poemática es elitista en el sentido de ser hermética, enrevesada y truculenta.

Definitivamente no es gusto popular.

Entonces, el lector desocupado volverá donde Alone, leerá con cierta fruición sus diatribas hacia el inmenso hombre, sonreirá, le encontrará toda la razón, y borrará, a continuación,  de un seco plumazo,  a Pablo de Rokha de su lista de poetas destinados a provocar aumento de vida, placer estético, originalidad y trascendencia.

No hacerlo, significaría que hay una cierta propensión al sadomasoquismo.

Y el desocupado lector no está para esas perversiones.

FOTOS: memoria Chilena