HERNAN DIAZ ARRIETA (ALONE) Y VICENTE HUIDOBRO

 

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Por Jorge Arturo Flores

A diferencia de Pablo Neruda y Gabriela Mistral, e, incluso, Nicanor Parra, el celebrado crítico literario Alone (Hernán Díaz Arrieta) no tuvo entre sus santos predilectos al conocido poeta chileno Vicente Huidobro. Como tampoco  fue manjar apetecido el otro, Pablo de Rokha, a quien algunos también consideran entre los grandes ungidos.

A Pablo de  Rokha, Alone lo demolió persistente e incansablemente con la misma fuerza, por cierto,  que el poeta de Licantén bramaba en su contra.

Sin embargo, con Vicente Huidobro ocurrió lo contrario.

 LAS CRITICAS DE ALONE

En los pocos artículos que le dedicó a los libros que publicaba Vicente Huidobro, como asimismo, en su Historia personal y en otras glosas, se observa que hubo algo que nunca pudo agradarle del vanguardista nacional. Existe algo impalpable, entre líneas, que muestra una idea hasta preconcebida sobre el verdadero talento de Huidobro.

Sus escritos, siempre muy bien  redactados, hablan sobre su trabajo nunca en términos entusiastas, salvo lo relativo al poema de El Árbol, que lo rescata siempre como algo sublime. Pero el resto, aunque también descuenta un  poco al Mío Campeador y algo de Altazor, el resto, decíamos, no contó con su vehemente beneplácito.

En su ayuda, digamos que, cuando Vicente Huidobro nació a la vida literaria, no fue recibido precisamente con fiestas, salvas ni enceguecidos aplausos.

Solamente algunos.

Y asi fue, lamentablemente, su posterior peregrinaje en su patria, porque en el extranjero sí tuvo popularidad.

En el fondo, no  convencía su talento. Columbraban que el hombre jugaba mucho, no tomaba la cosa en serio, buscaba resaltar su ego (¿qué artista no lo hace), y tendía a la desmesura, un poco a la vera del tremendismo de Rokha, aunque más fino, todo ello en la búsqueda incesante de crear algo nuevo y mostrarlo.

Su afán, en otras palabras, no fue entendido por la mayoría.

Y nos consta que actualmente, muchos, pero muchos años después de su muerte, cuesta que penetre en el imaginario popular, al igual que Pablo de Rokha, siendo aceptado regañadientes por algunos, pese a que  han emergido decorosos estudios sobre su tarea literaria.

QUE DIJO ALONE SOBRE HUIDOBRO

En sus crónicas literarias, burla burlando, pone en entredicho su talento, aunque reconoce su popularidad…en el extranjero. Se le nota envarado en su armadura estilística, no coge fácilmente la hebra y escribe, a veces, como por compromiso, por no quedar afuera, por no parecer alejado de la aureola del vate.

Por ahí algunos insidiosos hablan de envidia por la cuna de oro en que nació el popular poeta. Puede ser. Pero  nótase que entre ellos, aunque se contactaron, no afloró simpatía personal ni menos literaria.

Veamos lo que dijo Alone:

La situación social y la opulencia económica influyeron sobre el prestigio literario de Vicente Huidobro, pero no para aumentarlo, sino para disminuirlo.

Primero, por aquella sospecha tenaz de la gente.

Segundo, porque lo inclinó a él a jugar con las palabras, con las imágenes, con las ideas, los sentimientos y, al fin, con la vida. Se sintió no solo seguro y al abrigo, circuido de protecciones invulnerables. Esto le inspiró temprano un deseo infantil de romper cosas para ver qué pasaba y desafiar potencias superiores a ver si resistían.

La elevación y la superficialidad, el brillo y la inconsistencia, la gracia y la insignificancia, lo que hay de hermoso y pueril, de atrayente y decepcionador [sic] en sus mejores páginas, provienen de ahí.

Talento, claro que lo tenía.

Pero condicionado diríamos, echado a perder por las circunstancias excesivamente fáciles.

Aunque lo dice, a ratos,  en tercera persona, como citando a otros, el crítico en el fondo asevera lo que muchos pensaban: que la situación social y la opulencia económica le permitieron al poeta llegar donde alcanzó. ¿Talento?. Si, lo tenía, pero….

“Por eso, podía afirmarse que en Chile, en América y Europa, al menos en algunos centros cosmopolitas, franceses y españoles, tenía un gran nombre, pero no tenía un gran prestigio, era conocidísimo, popular querido, hasta admirado, pero carecía de autoridad. Todavía, después de tantos años y tantos libros, sus admiradores repiten la cantinela de que en París fue amigo de Fulano, de Zutano, de Perengano y que tal y cual dijeron que era… Lo que resulta elogioso para Fulano y Zutano, pero no tanto para Huidobro, el cual ya sería tiempo que fuera tomado como punto de apoyo, no como punto que necesita apoyo”.

Reconoce como decíamos la popularidad, pero a continuación el alfilerazo “no tenía un gran prestigio, carecía de autoridad, punto que necesita apoyo”. Y estamos hablando de quien la historia literaria lo sindica como el generador de la corriente poética El Creacionismo, al menos en su época.

Le reprocha su carencia de emoción, de estremecimiento sensible, de ausencia de contenido social. Dice: En la poesía era así, evasivo, aéreo, construido de imágenes y paradojas. Le gustaban las metáforas cósmicas, las ideas inmensas y, sobre todo, las inmensas, las cósmicas paradojas, las bromas enormes, algunas tan organizadas que no se sabía si eran burlas. En “Altazor”, en “Temblor de cielo”, ¿dónde termina la poesía, dónde empieza la sátira? La escuela misma a que perteneció, la de su época, fecunda en “ismos”, le daba el modelo y no tenía sino que dejarse llevar. Con el tiempo, seguramente, esa epidemia del disparate calculado y el absurdo metódico, que todavía ataca a algunos, quedará en la historia como la racha muchísimo más prolongada, de los libros de caballería”.

Fíjense en las expresiones nada cordiales, más bien sarcásticas “disparate calculado, absurdo metódico, libros de caballería”.

Flecha lanzada sin conmiseración sobre su equilibrio mental.

El aplauso deviene, raro después de leer lo anterior, cuando lee el texto relativo al árbol. Expresa: Esta bella fantasía o fantasmagoría arbórea nos muestra al poeta en uno de sus mejores momentos; la poesía divaga un poco hacia la extravagancia, sin tocar sus límites; el humorismo, lleno de gracia sencilla, tampoco baja hasta la broma pueril; y hay un vuelo lírico, un ritmo soplo hondo, pleno, alegre en esa sucesión de imágenes nuevas, inesperadas, extrañas y, sin embargo, justas, que traduce, sin teorías, por el brotar interno irresistible, el concepto y la embriaguez de la creación estética.

En esas palabras traduce la emoción que sintió al leer el párrafo. Pero es muy poco para la tremenda obra de Vicente Huidobro,  poco para quien ha sido catalogado como uno de los grandes poetas chilenos. Poco, en suma, para una apreciación estética consistente, valorada, puntual. Pesó sin duda su primera impresión, la del hombre rico, sin preocupaciones, nacido en cuna de oro. Al parecer esa circunstancia no la pudo omitir en sus comentarios, aunque fuera entre líneas. No le atribuyó mucho talento en otras palabras. Pero también digamos, en beneficio de Alone, que muchas creaciones de Huidobro no contienen el impacto, el arte, la suma que muchos panegiristas han construido a su derredor.

Como en todo orden de cosas.     

 

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