HERNAN RIVERA LETELIER La muerte tiene olor a pachulí

 

 

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Por Jorge Arturo Flores

Es la segunda entrega de la tetralogía policial del escritor Hernan Rivera Letelier. (2016). La tercera y última se realizará en Cuba, según palabras del autor.

El ambiente caribeño no le es desconocido al autor nortino.

Aunque se mantiene en el norte, esta vez los dos protagonistas, el Tira Gutiérrez y la hermana Tegualda, salen de Antofagasta para indagar sobre el paradero de Arturo Calderón.

La petición de su viuda llegó al bufete de los detectives. El militar había desaparecido. Corrían dos versiones. Una que era torturador por lo que fue secuestrado por subversivos. Pero ella piensa que el hombre, entusiasta del alcohol y las prostitutas, debió irse con alguna de ellas. Y le nombra los burdeles: Puticlub y la Casa de Tratos. Los detectives comienzan en Taltal buscando la pista. Visitan obviamente los lenocinios, especialmente de Ojitos Lindos, una linda mujer, quien trabajaba en el Nirvana. Habría conocido al hombre. Como circulaba el cuento de torturados, los detectives interrogaron a viejos presos políticos. También visitan la cárcel y hablan con el Choro Nylon, de la pandilla los Robert Taylor.

Corría el año 1974.

Como todo lo de Hernan Rivera Letelier, su preocupación es interesar al lector mediante una trama original y curiosa. Para ello maneja bien la tensión y se ayuda de un estilo claro, sencillo, con matices humorísticos. La recreación de los ambientes, sobre los cuales el autor tiene amplia experiencia, nuevamente nos envía al mundo de burdeles y del arrabal. La atmósfera nunca será gratificante, pero el escritor siempre tiene una disposición humana y generosa con las mujeres que ejercen la profesión más antigua.

La ha mantenido en todos sus libros.

Como también se conserva inalterable el dibujo que efectúa sobre el mundo del suburbio, tan caro a la vista del lector y tan reprobado por quienes no abjuran de su nivel academicista.

No faltarán, desde luego, las consabidas críticas a la tarea del autor, especialmente de quienes se inclinan ante el purismo literario o aquellos que rechazan esta clase de temas, difícil de gustar para sus exquisitos paladares. Les molestará de seguro el estilo y el lenguaje empleado y reiterarán las reservas a su labor, las cuales se repiten desde el primer día que publicó.

Recordemos que es un best seller…

Efectivamente, para ellos, para esos delicados de piel, no va apuntada la tarea de Rivera Letelier.

Su norte son los lectores y éstos lo admiran, leen y adquieren sus libros.

¡Qué mejor!

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