HÉROES OLVIDADOS DE LA GUERRA DEL PACIFICO

Prohibida su reproducción, salvo que se mencione el autor y la fuente.

 

 

main.h9Jorge Arturo Flores

Nuestro gusto por la historia chilena es de antigua data y tiene mucho que ver con los efectos de la mitología que algunos historiadores han querido reflejar en ella. Cuando hablamos de mitificación, queremos aludir al prurito por esculpir héroes donde nos los hubo y resaltar batallas que fueron derechamente fracasos.

Es un verdadero contrasentido.

Durante la Guerra del Pacifico, por ejemplo, hubo encuentros bélicos que han pasado inadvertidos para el lector común, no obstante la relevancia que tuvieron en el desarrollo de la conflagración. Hay una suerte de pertinaz olvido sobre ciertos hechos que merecieron mejor análisis que otros, donde se privilegió, obsesivamente, en estos últimos, la derrota cruenta con mártires incluidos.

O sea, mucha sangre y muerte.

Es una lógica historiográfica que nos ha llamado la atención desde tiempos inmemoriales. Por ello, entonces, no nos adscribimos apasionadamente a la historia oficial, aquella que se lee en los colegios o es motivo de discusiones académicas. Pasen de largo, entonces, Barros Arana, Francisco Encina, Sotomayor Valdés, etc. Y vengan los que indagaron la otra cara, la petite histoire, las huellas de un pasado que se ocultó o no poseyó el retumbo que merecía.

Así, abrimos gustosos la puerta a Jorge Inostrosa, Benjamín Subercaseaux, etc.

Estos últimos descorren los cortinajes de las habitaciones antiguas y muestran los retratos tal cual, con seres humanos normales, sus fobias, simpatías y diferencias.
Los acontecimientos, por lo demás, se contemplan desde otra perspectiva, con mayor altura, hurgando en lo que no contaron los textos oficiales, colocando barro donde hubo mármol, penetrando en el engranaje de las motivaciones, apartando la parafernalia mediática y desenmascarando la mitología existente.

La mirada distinta, en otras palabras.

 CONCEPCIÓN Y SÁNGRAR

Jorge Inostrosa (con “s”) nos indicó personalmente que la Batalla de Sangrar se escribía con “r” y como tal la seguiremos usando.

¿Cuál es la diferencia entre estos dos combates memorables?

No siendo iguales, tuvieron un cartabón similar: chilenos atrincherados en casas al fondo de un valle, rodeado de cordillera, en la sierra peruana y envueltos por enemigos en gran número. ¿La diferencia? En La Concepción murieron todos y devinieron con posterioridad en mártires, héroes y se les conmemora hasta hoy. En Sangrar, los chilenos vencieron a los peruanos, quedaron aproximadamente doce vivos y hasta la fecha nadie los recuerda ni hay reconocimiento a su alrededor.

La primera es una derrota. La segunda una victoria.

Nuestros “hermanos” peruanos, muchas veces, se preguntan intrigados sobre las razones que tienen los chilenos para celebrar las derrotas y olvidar las victorias.

IQUIQUE, PUNTA GRUESA Y ANGAMOS

El combate naval de Iquique, máxima gesta de la Armada, ha pasado a la historia por el sacrificio de Prat y sus dirigidos. Ciertamente hay mucho que rescatar de esta instancia guerrera. Un barco de madera, viejo y con dos nudos de andar, versus un buque blindado, moderno y con formidable poderío. David y Goliat. Con la diferencia que aquí se dio la lógica y el más grande venció al pequeño.

O sea, una derrota.

A la vuelta de la esquina se repite la escena, aunque esta vez la nave chilena puede moverse. Su contrincante, La Independencia, mil veces superior y dotada de letal armamento. Resultado: La Covadonga, comandada por Carlos Condell, la hace encallar en las rocas de Punta Gruesa y deja a la armada peruana reducida a la mitad.

Es decir, una significativa victoria.

Escuche ahora el desocupado lector el eco de la tragedia de Prat y compárelo con la victoria de Condell en los escritos históricos.

Prat se lleva los aplausos y los honores.

Es decir, prevaleció el martirio sobre un triunfo.

Que hay explicaciones, las hay; que fue una victoria moral, que encendió al pueblo chileno, que hubo manipulación política, lo que usted quiera. Explicaciones para lo inexplicable siempre existen. Pero, lo irredargüible, lo definitivo, lo innegable, es que aquello fue una derrota. Un barco grande hundió a un navío pequeño. Simple. Más aun, la armada chilena perdió un navío.

Si eso no es descalabro…

Los peruanos continúan mirándose intrigados.

En Punta de Angamos, posteriormente, el blindado Cochrane al mando de… Juan José Latorre vence al escurridizo Huáscar de Miguel Grau, lo mata y se apodera de la nave, dejando a la Escuadra peruana sin jefe ni Armada, porque el resto hizo lo que mejor sabían hacer: huir lejos.

Una victoria notable, limpia y definitiva.

Compruebe el impávido lector, una vez más, lo que la historia revela del combate de Angamos y la categoría que tiene, por ejemplo, al lado de la derrota de Iquique.

Mire la altura que tienen Carlos Condell y Juan José Latorre en los anales bélicos de nuestro país.

Compárelos con Prat. Adivine quien gana.

Veneramos, sin duda, las capitulaciones.

Los peruanos se miran, abren los ojos, menean sus cabezas y no entienden nada.

EL MITO DE MIGUEL GRAU

Al chileno le fascina reverenciar al extranjero, aunque sea su enemigo. En la Guerra del Pacifico este matiz cobró gran altura y, sin duda, se extralimitó. Miguel Grau ha sido distinguido como un gran marino, casi héroe, o sea, algo así como un varón ilustre y famoso por sus hazañas o virtudes o que llevó a cabo una acción heroica, según la definición de Real Academia de La lengua Española. Pregunta: ¿Cuáles son los hechos significativos que enarbolan chilenos y peruanos para considerarlo como tal? ¿Dónde están las hazañas, las virtudes o las acciones heroicas del marino peruano?

No hay ninguna.

Espoloneó a una corbeta vieja y a medio andar, bombardeó poblados civiles, no pudo hundir mediante el espolón en el combate de Iquique a la cañonera Magallanes, al mando de… Juan José Latorre; tampoco pudo vencerla en el combate deAntofagasta; trató de destruir los barcos carboneros de la armada chilena en los puertos con la complicidad de la noche, arrancó siempre del Cochrane al mando de… Juan José Latorre, como rata de campo.

Rápido para huir es su mayor notabilidad.

Si le buscamos por el lado de las virtudes, dejó a Prat moribundo y sus lugartenientes en el muelle de Iquique.

Botados.

Cero sentimiento.

Sin embargo, a él los chilenos le rindieron homenajes militares en la misma cubierta del Huáscar y posteriormente cuando fue sepultado, los mismos que él no realizó con Prat.

Chile lo ensalza porque envió una carta a la viuda de Prat. Debió haberle dicho también dónde y cómo dejó el cuerpo del marido.

Se le olvidó al gentleman.

¿Miguel Grau héroe y señor?

A otro perro con ese hueso…

Los peruanos, esta vez, no tienen dudas y nos miran… con furia reconcentrada.

EL MORRO DE ARICA Y PUNTA DE LOS ANGELES

El asalto al Morro de Arica es una notable acción. En 55 minutos ascendieron a la cima, por una ladera plagada de minas, con muertes pavorosas. Arriba lo esperaban los enemigos, bien fortificados, con sólido armamento.
Parecían inexpugnables.

Victoria chilena.

No obstante ello, hay una batalla similar en cuanto a la forma y al fondo que pasó inadvertida en las historias chilenas.

Es la Toma de Punta de Los Ángeles en Moquegua, Perú.

El regimiento Atacama, el mejor de todos en el conflicto, subió una escarpada ladera de Punta de Los Ángeles, pisando las bayonetas que iban clavando e izándose con cordeles, uno a uno. Abajo, el río. Una pared rocosa casi lisa. Arriba, los peruanos preocupados de apuntar sus armas hacia la subida del monte. Obvio, por atrás era imposible. Inimaginable. Absurdo. Sin embargo, los bravos mineros lograron lo inverosímil: escalaron, llegaron a la cima y arrasaron con los enemigos.

No hay en la historia latinoamericano pruebas de una operación tan notable.

Sin embargo, ya lo entenderá el despreocupado lector, las historias apenas la muestran, hablan un poco y siguen de largo, sin detenerse. Prefieren el Morro de Arica, con la muerte del comandante San Martín y el supuesto suicidio del comandante peruano desde las alturas.

En Punta de Los Ángeles no murió nadie importante.

He ahí el quid…

BREVES CONCLUSIONES

 

Evidentemente, si de remover el pretérito se trata, hay mucho paño que cortar, pero hay que medirse en la escritura.

Sirvan estas reflexiones para analizar con otra óptica las historias de nuestros analistas supuestamente objetivos.No la damos por definitivas ni categóricas, sino puede servir como un toque de campana para rescatar de la omisión ciertos hechos que merecen estar a la altura de los más renombrados.

O superior a ellos.

Es cierto que, a nuestro juicio, nunca hay imparcialidad en un trabajo del pretérito, pero acá pensamos que el matiz político, social y religioso de la época se enseñoreó demasiado en las plumas de nuestros egregios investigadores, dejando desparramadas en el suelo más dudas que certezas, más omisiones que aciertos y más ficciones que realidades.

Por eso, la historia siempre estará escribiéndose.

 

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Sobre el mismo tema hemos escritos dos crónicas intituladas EL OTRO COMBATE DE IQUIQUE y EL MITO DE MIGUEL GRAU  I y II.

SE PUEDEN VER EN ESTA PÁGINA.

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