Raúl Silva Castro (Homenaje)

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Por Jorge Arturo Flores

La lápida del sueño mortal ha ido recubriendo las formas de este gran crítico e historiador de las letras chilenas. No obstante su inmensa, irreemplazable,  titánica y única labor, su figura se esfuma un poco en el panorama actual de la literatura nacional. Es cierto que se le cita a menudo, al igual que a Hernán Díaz Arrieta (Alone), pero existe contra él una suerte de valla que  han dispuesto alrededor suyo que impide la cercanía. Esta viene , especialmente,  de los escritores que marchan con el puño en alto, adoran el color rojo, se inclinan servilmente frente a ciertos iconos que ellos llaman revolucionarios y llenan groseramente sus bocas con expresiones tan manidas (que  nadie  cree), como igualdad social, gratuidad en los servicios, el pueblo al poder, etc.

Esto, de alguna manera, ha surtido efecto y no es fácil allegarse.

Sin embargo, su tarea persiste y son contados con los dedos los que podrían siquiera llegarle a los talones en materia de investigación literaria, sustancialmente  su afán por rescatar del olvido escritores chilenos que no las tuvieron todas consigo con el gusto popular o el análisis de sus obras.

Los textos publicados llegan a casi al centenar.

CONSAGRACION EXCLUSIVA LAS LETRAS CHILENAS

Mientras otros se dedicaban a ensalzar a poetas y narradores que obtenían a veces fugaz gloria y luchaban por entregarles premios de acuerdo a sus convicciones políticas antes que artísticas,  Raúl Silva Castro dividió su tiempo en estudiar a fondo  la literatura chilena, obteniendo el mayor acopio de referencias respecto a autores y textos, para darles, a continuación,  forma de libros que eran publicados prácticamente cada año. Su labor se circunscribió a esa tarea, sin descartar direcciones de boletines y revistas, artículos periodísticos, conferencias, participación destacada en las Academia Chilena de la Lengua y de la Historia, clases en universidades chilenas y extranjeras, etc.

Todo ello merced a una memoria prodigiosa, una meticulosidad y disciplina admirable, provisto de un lenguaje, que si bien castizo y académico, alejaba  toda pretensión de sabiduría o distancia del lector. En tal sentido, podía leérsele con agrado, aun cuando sus citas, a menudo tajantes, provocaban  cierto rechazo por la jerarquía se sus exposiciones.

A la gente no le gusta la seguridad de sus interlocutores.

Prefieren la maleabilidad, las entre aguas, los colores grises, todo aquello que permita la salida del embrollo con algun decoro, escondiendo su ignorancia y tratando de pedante a quien  hirió su sensibilidad hueca.

Raúl Silva Castro provocó varios anticuerpos por esta circunstancia.

También por su postura ideológica.

Escribió prácticamente toda su vida en el diario El Mercurio,( para mal de sus enemigos rojos), no fue ningún apasionado por las ideas de izquierda y, de alguna manera, (total tenía derecho a efectuarlo), no aplaudió con rastrero entusiasmo los libros de autores panfletarios y fundamentalistas.

Eso bastó para que, desde las trincheras ideológicas, lo desperfilaran absolutamente, negándole cualquier autoridad en materiales literarias.

O sea, la eterna estrategia de los intolerantes cuando nadie comulga con ellos.

LA CRÍTICA LITERARIA DE RAUL SILVA CASTRO

En nuestro libro Cuatro Grandes de la Literatura Chile, porque ahí lo hemos puesto, junto a Hernán del Solar, Ricardo Latcham y Alone, hablamos de su crítica literaria. Transcribimos:

Instauró en Chile una suerte de análisis de espíritu sistemático que innova en las letras chilenas. Consistirá en un método científico que encuadra la visión de la literatura criolla (panorámica y vertebrada) en un todo congruente, ordenando los ciclos por épocas y éstas por géneros. Se apoyó en la síntesis para coordinar y entender las obras literarios, conforme a los géneros y sus fluctuaciones. Esta clase de análisis documental tiende a ser objetivo. Cada idea, cada palabra, es medida, pesada y contada, a fin de poder construir un edificio perfectamente seguro y mejor diseñado”.

En virtud de esta suerte de sistema razonado, el crítico se paseó por las volanderas páginas de diarios, periódicos, revistas, anales y boletines, además de exponer sus ideas en diferentes conferencias y clases académicas. Era escrupuloso con las fechas y trataba por todos los medios de acopiar el máximo de antecedentes, a fin de dar a su discurso una forma definitiva.

Lo consiguió sin duda.

Muchos textos suyos son base obligada de análisis, exámenes y estudio específicos. Por ese lado, su laborioso afán dio pleno efecto.

Cuanto a la crítica periodística, reconoció implícitamente que su fuerte no era el  análisis de la lírica, sino prefería moverse más en la prosa. En ambos eventos, en todo caso, su pluma siempre se deslizó con autoridad, sabiduría y acierto, con las excepciones de rigor, propias del individuo que contiene fobias y filias, simpatía y diferencias.

Eso es insoslayable.

Le tocó escribir en la misma época de Hernán Díaz Arrieta, Alone. Siempre estuvieron a considerable distancia. Poseían distintas formas de enjuiciar a los autores, en especial, a Gabriela Mistral. Por ahí hubo roces importantes, pero en el fondo se respetaban. La diferencia sideral fue la forma de juzgar. Por un lado la faz amable, irónica, hasta humorística, elegante, casi liviana de Alone y, por el otro, la adustez, seriedad, prolijidad de Silva Castro. Por allá la anécdota, lo biográfico en el papel. Por acá, el antecedente válido, el respaldo inatacable, la ausencia de humanidad que al otro le sobraba, con todos sus defectos y virtudes. Más cercanos a Silva Castro y distantes de Alone, fueron los trabajos de Ricardo Latcham e Ignacio Valente. Hernán del Solar, por su parte, caminaba casi al unísono con el cronista literario.

Formas y formas.

IMPORTANCIA DE RAUL SILVA CASTRO

Sin duda alguna su presencia en el panorama literario chileno durante todo el Siglo Veinte es ineludible, no puede ocultarse, es absurdo caminar indiferente por su lado. Fuente obligada de consulta, sus escritos han coadyuvado al desarrollo pormenorizado y erudito de las letras nacionales. El archivo de documentos, recopilados durante toda una vida, sirve  hasta hoy para comprender la evolución de la literatura criolla. Sus artículos periodísticos son modelo de elocuencia, síntesis, precisión, cierto grado de objetividad y tienden a dejar en el lector una lección de amor a nuestro terruño artístico.

En ese sendero, es incomparable.

Se destaca, como decíamos,  su consagración definitiva al cultivo y estudio de la literatura chilena. No tiene competencia  en estas lides. Ahora, si los hubiere,  no se les divisan o no tuvieron el alcance de quien hoy nos preocupa.

Leerle es un agrado, porque utiliza un estilo, (si bien serio, hasta adusto, ceñido de expresiones académicas),  impregnado de honestidad y convencimiento, propio de quien sabe lo que dice y guardando sus espaldas con la certeza del respaldo documental.

Tuvo detractores. ¿Quién nos los tiene en la vida?. Propio del mediocre mundillo literario, donde se entremezclan diversos matices que van del chisme a la política, pasando por la religión y el cotilleo social, no fue personaje ausente de críticas veladas, arteras y mal intencionadas. Como su conocimiento era respetable, muchos, como el atrevido discípulo con el maestro, buscaron la falla del profesor para minimizar su importancia o pretendieron bajarlo del pedestal. Inconfundible acción de personajillos de escogida mediocridad. Generalmente pertenecían al escaso grupo de escritores y poetas que vagan alrededor de los grandes, indagando alguna nota o tratando de erguirse sobre el resto o llamando desesperadamente la atención hacia la vacuidad de su obra. Son los que nunca obtuvieron nada, sino debieron quedarse en la galería, metamorfoseados con la oscura multitud. Los que le dieron por el flanco político, al menos fueron más abiertos y no escondieron su animadversión personal, basados únicamente en la postura ideológica y donde el arte no contaba para nada.

Palmaria prueba de intolerancia  viniendo de quienes hacen gárgaras con la paciencia, el respeto y la democracia.

Sirva esta reflexión como un sincero homenaje de quien lo ha considerado siempre como uno de los Cuatro Grandes de la Crítica Litera en Chile.

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