Horacio Quiroga: El Horror y La Muerte

 

Jorge Arturo Floresdescarga

 

Así como los poetas nos dejan en el imaginario bellas imágenes, versos infinitos, largas reflexiones, así también existen narradores que sobrecogen nuestra sensibilidad y  proporcionan relatos que nos causan angustia y cierto recelo, además de un rechazo visceral.

Horario Quiroga,  escritor uruguayo, está entre esos relatores.

En Latinoamérica está considerado como el maestro del cuento y tiene reminiscencias de Guy de Maupassant y Edgard Allan Poe. De este último, por cierto, le viene ese apego por lo horroroso, por las enfermedades, por el temor. Además, toda su obra está impregnada de tintes autobiográficos. Y la vida de Quiroga no fue precisamente tranquila. Estuvo rodeada de homicidio, accidentes, cesantía, muertes por doquier, celos enfermizos, fracasos matrimoniales  y suicidio con cianuro.

Materia no le habría de faltar

Leer a Quiroga no es cómodo. Sus temas, aparentemente fáciles y creíbles, contienen una atmosfera que conmueve e intranquiliza.

En nuestra mente  quedaron arraigados fuertemente dos cuentos que hasta hoy no podemos recordar con tranquilidad. Uno es la Gallina degollada. El otro, El almohadón de plumas. Ambos tienen una constante: la muerte. Pero una muerte distinta, alejada de lo conocido, de la normalidad, pudiéramos decir. La mayoría de los humanos mueren por causas naturales, por enfermedad, por accidentes. La minoría fallece por otras causas, algunas sorprendentes.

En el caso citado hay un homicidio singular  y una fatalidad increíble.

En “La Gallina Degollada” cuatro hermanos idiotas matan a su hermana sana. Lo hacen imitando a la empleada que degollaba gallinas para comer.

Espantoso.

Todo ello escrito con una imperturbabilidad que contrasta con lo horrendo de la escena. Un relato bien descrito, sin afeites, claro, pero con una impasibilidad, repetimos, con una crudeza que raya en lo absurdo. Todo se presenta tal cual, sin que ninguna gesto o rictus mueva al  pasmo.

“El  Almohadón de Plumas” es simplemente aterrador. Una pareja de de recién casados habita una casa. Ella es presentada como dulce, virginal, bella. Al poco tiempo decae, empalidece, pierde fuerzas. Muere. Nadie entiende nada. El marido menos. Al final se sabe la causa: un bicho, que habitaba las plumas del almohadón, la secó prácticamente bebiendo toda su sangre.

Terrorífico.

Ciertamente en la literatura encontraremos relatos más atrevidos, espantosos, más intensos, más conmovedores e impresionantes que los de Quiroga. Sin ninguna duda. Pero esta vez nos detuvimos a recordar estos dos narraciones que, como dijimos, nos cuesta extraerla de la memoria desde la primera vez y condicionó un poco la lectura del autor uruguayo. Por una parte, claro está,  eso habla bien del talento del escritor, que logró esos resultados y, por la otra, demuestra que tanto en materia de gustos como en sensibilidad artística, todos somos diferentes.

Un mérito y una certeza.

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