JENARO PRIETO, Humorista Agudo

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Por Jorge Arturo Flores

Novelista, pintor y periodista. Ante la historia literaria ha quedado como un agudo humorista, especialmente de eventos políticos. Sus artículos eran esperados con ansias por los lectores.

Póstumamente se reunieron en libro.
Pero su mayor aporte a la literatura chilena está plasmado en la publicación de dos novelas: Un muerto de mal criterio y El Socio.
En esta última es donde logra la cima de popularidad y prestigio.

 EL SOCIO

La novela trata de las peripecias de Julián Pardo en sus avatares diarios. Hombre oscuro, de clase media, con muchas deudas, impensadamente y sin quererlo, inventa un día, para salir del paso, el nombre de un socio, Mr. Walter Davis. Con ese respaldo comienza a especular en la Bolsa de Comercio con tal suerte que rápidamente gana mucho dinero, compra casa y automóvil nuevo, es frecuentemente visitado por personajes de la sociedad chilena, que buscan los consejos bursátiles de…su socio y comienza un idilio fuera del matrimonio. Todo le parece sonreír, hasta que poco a poco, se aburre de ser el socio de Davis y decide matar al inglés. A partir de la muerte, la pobreza visita su casa y el drama se desencadena. Nunca más vuelve a surgir. Pierde a su familia y queda solo. Al final, para vengarse de quien lo arruinó, se suicida, dejando una carta en que involucra a su socio.

Es el tema de esta magistral novela, la cual ha sido traducida a varios idiomas y llevada al cine y al teatro.

 

UN MUERTO DE MAL CRITERIO

No tuvo la repercusión de su célebre ejemplar. No obstante ello, se hace leer con agrado. El tema es la muerte de un juez que vuelve, desde ultratumba a sentarse en el mismo sillón, dentro del mismo tribunal, junto al mismo secretario Gelezaga (muerto cinco años antes).

Desde allí trabaja de nuevo.

El ambiente, claro está, es muy disímil: están en la otra vida, su jefe es el Padre Eterno, tienen a Salomón, sí, el mismo del Cantar de los Cantares, como Corte de Apelaciones y sus dictámenes tiene que ver con el destino final de las personas: limbo, infierno, cielo o purgatorio. Todos apelan, dice el secretario, cuando la sentencia no es el cielo.

En el fondo, es una postura sarcástica y crítica del régimen judicial chileno, adornado con excelentes sagacidades y provisto del humor que lo hizo famoso. Los alegatos de los muertos frente al juez permiten a éste y a su singular secretario elucubrar las más festivas teorías respecto al comportamiento humano, es decir, a los vivos. Es la oportunidad para hablar en sorna o echar a la broma los serios argumentos que el común de los mortales emplea en su cotidianidad. Hay mucho lenguaje técnico, propio de quien ejerció la abogacía. Y los leguleyos, al leerle, no ocultarán sonrisas por los casos que allí se tratan y la jurisprudencia que se recaba para cada situación. También, resultan brillantes los alegatos en pro o en contra del dictamen.

El libro, escrito a principios del siglo Veinte, no pierde su contemporaneidad. Parece escrito hoy. Utilizando la técnica del diálogo, la trama se desarrolla con fluidez y está escrito con un lenguaje claro, preciso, con algunas metáforas acertadas, sin abundar mucho. Es una novela circular y el principio recuerda, aunque no queramos, un poco a La Amortajada.

El juez pone la racionalidad y el secretario es impetuoso, directo, desapacible.

Un texto que, bien mirado, no tiene nada que envidiar al otro, El Socio. No sabemos la razón por la cual no tuvo el éxito de aquel.

Vale la pena leerlo.

EL ESCRITOR Y EL HUMORISMO

La crítica literaria lo trató bien. Pedro Nolasco Cruz dijo “Representa el género festivo en su mayor sencillez, sin complicaciones de ninguna especie. No ridiculiza, se ríe simplemente”. Por su parte Alone expresó: “Representante cabal del talento de la clase alta. Poseía un humorismo vivo, certero, que se coloreaba de gracia y se vestía de imágenes, sobriamente, con facilidad, sin derroche. Era un pintor colorista y un filósofo burlón”.

Hugo Montes dijo:” Aunque su humorismo puede relacionarse con la gracia de José Joaquín Vallejo, hay mayor riqueza de matices en la ironía de Jenaro Prieto y un contenido ideológico más amplio. La malicia es más refinada. Su carácter equilibrado le permite detenerse dentro de la agresividad de los artículos de corte político

No fue escritor fecundo, pero lo poco que publicó tiene calidad literaria, lo cual lo ha convertido en uno de los grandes escritores de las letras chilenas, dueño de un talento poco común y, lo singular, de un humor que no es abundante en la literatura.

TEXTO Jorge Arturo Flores

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