Jorge Teillier, Memoria y Nostalgia

 

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Por Jorge Arturo Flores

El carácter chileno, tan  indolente, contradictorio, exitista, retraído, discriminador, prejuicioso y pesimista, donde la inconformidad ocupa gran espacio al igual que la eterna envidia por el del lado, sumado al hecho geográfico de estar  prisionero entre el mar y la cordillera, ha servido para que en este país prolifere la literatura y, como consecuencia de ello, sea denominado, entre otras cosas, país de poetas. Y no es un titulo al azar: abundan los poetas, aunque se lea poco (la novela gana lejos). Para reafirmar tal aserto basta ver la galería de galardones obtenidos en el extranjero, partiendo por los dos Premio Nobel. Es una vitrina contundente. Es decir, se cultiva la poesía en Chile. Diríase que uno de cada diez chilenos escribe versos. El intenso ejercicio ha permitido el surgimiento de corrientes poéticas. Sin ir muy lejos tenemos a Vicente Huidobro y el Creacionismo, Nicanor Parra y el Antipoema, Pablo de Rokha y el Tremendismo, y, en el caso que nos ocupa, Jorge Tellier con el Larismo.

No es menor para un país pequeño.

La poesía lárica

A Jorge Tellier lo denominaron el icono de la poesía lárica, titulo que al vate no le gustó, porque lo encasillaba. Sin embargo, al principio de su carrera hizo una defensa notable de la poesía de los lares y al final  se conformó con la idea.

Así pasó a la historia.

La poesía lárica o de los lares, es decir, del origen o de la frontera, corresponde a la ética y estética que fundó Jorge Teillier y que transmitió en toda su obra. Esta forma de entender y crear la poesía se caracteriza por la vuelta hacia el pasado, a un paraíso perdido en el cual lo cotidiano y lo amable contrastan con la modernidad imperante en la época. Jorge Teillier hace hincapié en la búsqueda de los valores del paisaje, de la aldea y de la provincia, donde confluyen imágenes nostálgicas de la infancia perdida y de la naturaleza primigenia del mito. A través de una escritura sencilla, Teillier propuso el retorno hacia una Edad de Oro en la que el hablante lírico y el lector podrían acceder a un mundo más ordenado y feliz. “Un mundo mejor”, como diría el propio poeta.(Wikepedia)

Jorge Teillier señala en su ensayo “Los poetas de los lares” (1999) la aparición de un grupo relativamente homogéneo de poetas vinculados a la generación del ’50. Dentro de esta generación surge un movimiento que posee una línea característica que se denomina poesía de los lares6. Una primera característica de estos poetas es el hecho de que “vuelven a integrarse al paisaje, a hacer la descripción del ambiente que los rodea” (…) “los poetas nuevos han regresado a la tierra, sacan su fuerza de ella”. Se habla, entonces, de un regreso al lugar del origen, de la niñez, por la nostalgia de un tiempo perdido, a la vez que se advierte un regreso de la ciudad al campo, “un rechazo a veces inconsciente a las ciudades, estas megápolis que desalojan el mundo natural”. En este sentido, la poesía de los lares propone, aunque no mediante un plan previo explícito, una resistencia al proyecto de modernización del hombre en nuestro tiempo.

Las prodigiosas imágenes

 

Lo que más atrae de Tellier, aparte de sus motivos líricos, donde trabaja muy bien esa constante mirada al pasado, (niñez, juventud, tierra natal), es la manera simple como expone el texto y la sencillez de su estilo.

Tres factores que se conjugan para leerle con deleite.

Porque Tellier, al igual que Parra, se puede leer de corrido, sin altibajos, disfrutando cada una de sus imágenes, versos, asuntos o ensoñando con su viaje hacia el paraíso perdido. No todos los poetas nacionales pueden decir lo mismo. La mayoría tienen algunos aciertos, pero no se sostienen en el tiempo.

Tellier, paradojalmente, utilizando un sólo leitmotiv, cautiva.

Para quienes alguna vez vivimos en el sur, las imágenes que nos trae a cuento son maravillosas. Lo nominación de árboles, flores, pájaros, trenes, niebla, lluvia, pan amasado,  chicha de manzana, harina tostada, animales, manzanas envueltas en papel, mermeladas caseras, carretas, trigo, revista Estadio, bares, estaciones ferroviarias, rieles, tiempo, El Peneca,  tejuelas, ríos, agua, cercos de madera, yuyos, girasoles, maravillas, choroyes, lloicas,   etc. constituye un viaje relámpago hacia el mundo  de la infancia y adolescencia. Hay un talento extraordinario para, con expresiones sencillas, recrearnos la atmósfera de aquellos tiempos.

Resulta admirable, sin duda, la facilidad con que borda y aborda  los recuerdos.

La creación de metáforas es sencillamente prodigiosa y genial, escritas como al desgaire, sin opulencias,  con la misma humildad de esas tierras melancólicas. Esta inigualable capacidad no ha sido detectada suficientemente por la crítica, porque sus  decires siempre van por otros caminos y marcha empecinada en  explicar lo inexplicable.

Nada de que sorprendernos.

Para nosotros es una facultad matriz y representa uno de los soportes principales de su estructura poética.

 

 

Memoria y nostalgia

Su poemática está teñida por la eterna melancolía de quien dejó atrás un tiempo que no volverá  y, en pos de esa remembranza, la pluma de Tellier guarda en el arcón de la memoria todas las acciones y estampas que le tocó en suerte vivir. Las preserva del olvido, la mantiene en los casilleros del magín y, cuando vuelve la mirada, coge la pluma y va sustrayendo de los compartimientos los eventos que marcaron su existencia.

Es un trabajo de la memoria y  la nostalgia escrito con parsimonia, gustando apaciblemente sus imágenes, solazándose en la reminiscencia, tratando de acarrear al presente esas cosas que le hicieron grata la vida y que ahora,  en la jungla de cemento, resultan imprescindibles. Es un cobijo materno frente a la dureza citadina. Es regresar a la cama, ir el fondo, tapándose,  en tanto afuera la música de la lluvia  deja oír su incesante ritornelo.

Es volver a ser joven

                                      

El paraíso perdido

¡Cuántos no hemos soñado con lo mismo. Cuántos no hemos querido que ese mundo retorne. Cuántos quisiéramos volver a esa vida. Cuántos no hemos recorrido los caminos de nuestra juventud, husmeando flores, árboles y pasto, escuchando el trino de los pájaros, sintiendo de nuevo la ventisca en el rostro o la caricia de la  lluvia sureña!.

Muchos.

Por eso la lectura de Tellier se hace tan grata, intensa y nostálgica. Por eso su trabajo es bello y sin continuadores. Por eso el poeta tiene un lugar preferencial en el Parnaso de la poesía chilena, derrotando de paso a muchos que en la vida lo desdeñaron, criticaron y no le abrieron la puerta de la gloria (lo acusaron de escapista, apolítico, juvenil en exceso y descuidado en el estilo).

Hoy es un inmortal de las letras.

El talento siempre se impone.

TEXTO: Jorge Arturo Flores

Ver biografía, comentarios y libros publicados de Jorge Teillier en Semblanzasliterarias.cl

Esta crónica literaria sobre Teillier acaba de aparecer publicada en la revista El Síndrome de Stendhal (Chile)

 

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