La Captura de la Pilcomayo

blanco

Por Jorge Arturo Flores

Estamos frente a otro combate naval que la historia chilena prácticamente nunca destacó en su debida proporción, relegándola a oscuros desvanes, donde no ha salido desde esa fecha. Es lo mismo que majaderamente hemos repetido con otros eventos bélicos como Punta Gruesa, Angamos y Chipana, en la fase marítima, y Sángrar, Germania y Los Ángeles en la campaña terrestre.

Claramente sus visiones se han encaminado hacia las honrosas derrotas.

El enfrentamiento que nos preocupa contó con la participación de tres barcos peruanos, La Unión, Pilcomayo y Chalaco, corbeta, cañonera y transporte, respectivamente, teniendo un mayor andar en nudos que el blindado Blanco (13,11 y 12 nudos también respectivamente), al contrario de la nao nacional que entonces, porque tenía mayor andar, navegaba cerca de los 9 nudos.

Todos, para esta ocasión, estaban convenientemente artillados.

Pues bien, he allí, frente a frente, en las cercanías de Mollendo, un 18 de noviembre de 1879, las cuatro naves. La lógica nos dice que hay una mayoría sobre el contrincante y por consiguiente el choque era inevitable. No señores, la cosa entonces no funcionaba así para los marinos peruanos. Los tres convinieron en…eludir el choque y evitarlo a toda costa.

Existirán muchas explicaciones para justificar la medida, pero lo definitivo, lo que quedó en la historia es que tres buques, frente a uno, prefirieron huir. Es la realidad y no hay ficción.

Y es lo que permanece en el papel.

Para ello, entonces, propusieron a La Unión que sirviera de señuelo por su mayor andar, atrayendo al Blanco y permitiendo con ello que las dos naves restantes fugaran rápidamente del lugar. Inevitablemente se piensa en el combate de Iquique donde Prat ni siquiera pudo huir ni saltar la santabárbara ni eludir el encuentro, sino todo lo contrario. Y no tenía nada, pero nada a favor, tan solo el fervor patriótico y su deber de marino de no rendirse. O sea, valentía.

Tenemos, entonces, la dispersión de las tres naves enemigas. Pero el almirante Riveros conocía el andar de cada barco incaico y no cayó en la trampa. No podía seguir a la Unión que había bajado su velocidad para atraerlo, porque sabía que era la más rápida de todos. Desechó al transporte Chalaco y persiguió a la Pilcomayo. Las historias hablan que ésta tenía un mayor andar que el buque chileno, sin embargo, ya sea por pericia o mejor manejo de la situación, la distancia se fue acortando en favor del Blanco y pronto le dio alcance. Hubo intercambio de disparos. Una vez que los metros disminuyeron al mínimo, el comandante de la Pilcomayo, en vez de presentar combate, como valiente marino, decidió incendiar el buque y abrir la santabárbara. Así salvaguardaba el honor. Además dispuso que “los cañones de popa fueron apuntados sobre la escotilla de la cámara de oficiales para perforar el casco bajo la línea de flotación y abrir las válvulas para hundirlo”(Wikipedia). Antes, por supuesto, había desembarcado a toda la tripulación.

No convenía ciertamente que tan valerosos marinos se ahogaran.

La acción, sin embargo, no le sirvió.

El Blanco envió un bote con marinos, quienes tomaron posesión de la embarcación, apagaron el fuego y lo llevaron al costado del blindado para que, con sus poderosas bombas de vapor, impidiera el hundimiento. Un buzo cerró el hoyo en el fondo del navío, provocado, no por balas del adversario, sino por los cañones de popa, como dijimos, para hundirlo. El comandante, al parecer, era bastante escéptico con la apertura de la santabárbara y prefirió asegurarse, disparando sus propios obuses.

Es decir incendio, válvulas abiertas y, como si eso fuera poco, feroz cañonazo a su fondo para sumergirlo.

Lamentablemente para los peruanos, la fortuna no le fue propicia y nada de lo presupuestado sirvió: la nave se salvó y ellos quedaron prisioneros.

A todo esto, La Unión surcaba airosa las aguas del Pacifico, huyendo lejos, que fue lo que mejor sabía hacer y lo único que hizo en la guerra, salvo el caso de Chipana. ¿O alguien recuerda alguna acción notable del barco peruano?.

Recordemos que en Angamos hizo exactamente lo mismo.

Victoria limpia de Chile que agregó la captura de una nueva nave a la Armada nacional y derrota de los peruanos que, estando en mayoría, prefirieron eludir el combate y emprender las de Villadiego. Las cartas de los comandantes peruanos, especialmente el de la Pilcomayo, son enternecedoras, especialmente por el cuidado que pone en situar su posición como débil e incapaz de enfrentar al enemigo, prefiriendo salvar a su tripulación y hundir el barco para que no cayera en manos contrarias. De la remota posibilidad de batirse con el rival, como hizo Prat y Condell en Iquique, en condiciones similares (corbeta y goleta contra blindados), nada, absolutamente nada. Mucha explicación, mucho detalle, pero nada que pueda sostener el honor marino.

Al final de su parte indica: “Antes de terminar, creo de mi deber hacer presente a V. S. que tanto los jefes como oficiales y maquinistas, han perdido completamente sus equipajes a consecuencia del incendio de las cámaras”.

A buen entendedor, pocas palabras bastan.

Un dato para el final: Chile obtuvo en la campaña marítima 3 sonadas victorias: Angamos, Punta Gruesa y Mollendo (captura Pilcomayo). En dos se quedó con los barcos como botín de guerra engrosando la Armada y en uno hizo perder el 50% de la marina peruana (Independencia).

Curiosamente estas tres instancias bélicas, victorias redondas por donde se le mire, no ocupan la atención preferente de nuestros sapientísimos historiadores. ¿En que estaban pensando cuando escribieron nuestra historia, que pasó por sus mentes?, ¿tanto pudo, acaso, el prejuicio político, social o religioso que impidió una mirada más alta, no objetiva, sobre los acontecimientos?. ¿Les falló el don supremo de la mínima ecuanimidad o prefirieron irse por el camino pavimentado en vez del lleno de guijarros y tierra, para finalizar luego?.

Porque, en verdad, cuesta permanecer ajeno a este singular modo de tratarla.