LA HORRIBLE MUERTE DE BARBOSA, ROBLES Y ALCÉRRECA

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(prohibida su reproducción)

Orozimbo Barbosa Puga, Eulogio Robles Pinochet y José Miguel Alcérreca tuvieron en sus vidas coincidencias que resultan notorias y que los unió en la defensa, primero, de Chile, frente a los aliados y, segundo, del Presidente constitucional José Manuel Balmaceda.

Los tres, por ejemplo,  eran oficiales de rango mayor en el ejército chileno. Los tres participaron destacadamente en la Guerra del Pacifico. Los tres regresaron con vida a Chile después de la contienda. Los tres abrazaron la idea de Balmaceda y defendieron el gobierno constitucional frente a los congresistas que, finalmente, derrocaron al Presidente.

Los tres, finalmente, tuvieron una muerte horrible en el campo de batalla, que no se condice con su jerarquía de militares notables, con una valentía a toda prueba, honesta y leal.

La muerte de Barbosa, dado su carácter, fue la más estremecedora. “Fue acorralado por un grupo de caballería congresista, a pesar de estar rodeado intenta defenderse e increpa a sus atacantes gritándoles “mátenme perros”, luego de esto es asesinado brutalmente junto con sus escoltas. Su cuerpo, desnudado por sus enemigos, fue enviado a Valparaíso junto con el del general de brigada José Miguel Alcérreca, también asesinado por los congresistas.(Wikipedia)

Por algunas lecturas no hemos impuesto que esperó a los enemigos montado en su caballo. Un sargento le partió el cráneo con un sablazo y entre varios lo derribaron. En el suelo continuaron disparándole y hundiendo sus sables, con un ensañamiento difícil de entender. Aun en esa condición, Barbosa se defendió, pero frente a la mayoría y la cantidad de heridas, sucumbió.

Sus acompañante directos huyeron y sólo su escolta permaneció, muriendo a su lado.

El caso de Eulogio Robles Pinochet no difiere de Barboza. “En la batalla de Pozo Almonte, fue herido en numerosas ocasiones. Fue retirado del combate por funcionarios de la Cruz Roja y fue asesinado bárbaramente por las tropas revolucionarias y su cuerpo destrozado sin piedad, bajo las mismas tiendas de la Cruz Roja (www.laguerradelpacifico 1979-1883).

José Miguel Alcérreca murió en Placilla. “Su caballo fue alcanzado por un disparo, pero él continuó a pie, logrando refugiarse en la casa del subdelegado del Alto del Puerto, ya herido de muerte. Pasaron pocos segundos antes de que fuera rematado por sus perseguidores”.(Biografías de Chile).

Imagine el lector la escena del remate. Una soldadesca fuera de sí, disparando a mansalva sobre un cuerpo desprotegido, tal vez sin vida, hundiendo sus bayonetas con indisimulada inquina, todo recubierto por gritos, denuestos, ruido. Al final, acezando, apopléticos los rostros, los brazos cansados, llega un silencio terrible, sobrecogedor. Seguramente los masacradores se miraron entre sí, enfurruñados o algunos distendieron alguna sonrisa de satisfacción.

Horrible escena.

Sobresale, sin duda, en todo este horror, la saña de quienes masacraron a los 3 oficiales. Un encarnizamiento que no se entiende y que está fuera del honor militar. Sí, estamos de acuerdo, en la guerra, a veces, todo está permitido, hasta las mayores atrocidades. Pero indigna a la inteligencia, al mínimo de civilización, estas actitudes salvajes, sin medida ni tino, semejante a seres sin raciocinio y lejos, muy lejos, de cualquier disciplina militar. Al parecer, en esa época, la confrontación fue azuzada de manera inusual, inoculando en los espíritus de los combatientes una chispa tan vil, que prendió como pasto seco, deviniendo en hechos que la dignidad humana no acepta de primeras.

Más aún si los contrincantes eran connacionales.

Jorge Arturo Flores
(www.cronicahistórica.wordpress.com)

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