LA IGNORANCIA DEL PUEBLO

Cuando se habla de la ignorancia del pueblo chileno, específicamente en temas políticos, muchos dicen airados que no es tal, que es una falacia o una maquinación política. La realidad, sin embargo, es cruel y nos expresa otra cosa. Al acercarse las elecciones y surgen como  hongos los candidatos “a todo”, se comprueba fehacientemente que los primeros zafios son los postulantes. No tiene idea de cómo manejarse en esos ámbitos, su cultura está a la altura de un abejorro y, en el fondo, “y para que estamos con cosas”, solo les interesa  el poder y el dinero. ¿O piensan, por ventura, que se candidatean por servicio público? Luego deviene la masa ignara, (porque los es), persistiendo en la manía de elegirlos, ya que no pueden desprenderse del mítico “deber político” (si le preguntas que es, no “cachan una”). Los seleccionan porque su apariencia física es atractiva, porque es un gran artista, porque comulga con mi ideología, porque…Hay varias causas, pero ninguna  acierta en el clavo. Todas dan en la madera. No los cualifican de acuerdo a sus talentos, a sus capacidades, a su pro actividad, a sus proyectos (que son todos iguales), sino por las razones que dimos anteriormente. ¿Por qué esta situación ha persistido en el tiempo y son muy pocos los que levantan la cabeza y dejan de lado la manta oscura? La educación, señores. Ahí apunta todo. Un pueblo con educación e instrucción es impermeable a los cantos de sirena, no los hacen huevillo con facilidad, tienen clara la película y conocen el trasfondo de estos abnegados “servidores públicos”. Son pocos, claro que sí, y escasean más aún, porque tantos los políticos como el poder del dinero los acallan rápidamente con susurros monetarios, apresándolos en sus redes y utilizándolos para su propicio beneficio. La mayoría del pueblo continúa ignorante porque la educación, además, es pésima, eliminan ramos de historia y educación cívica, lo cual apagan cualquier intento de erguirse del suelo. Y si lo logran, ya lo sabemos, son capturados por el Gran Poder Económico y Político o se les declara revoltosos, delincuentes, revolucionarios…y gases lacrimógenos con ellos. Por eso, entonces, los votantes, mejor dicho, cierta  mayoría, cuando piensa votar,  pasan “carepalo” la bandeja a sus candidatos para que los provean de alimentos y paguen sus gastos cuando sean elegidos. Entonces votarán por ellos. Gran lección cívica sin duda. Lo que ocurre en el país les interesa un pucho. Con el voto entregado cumplieron con su “deber cívico”, calman su inquietud, viven su vida y no se esmeran en levantarse. ¿Mentira, falsedad, calumnia? Observe los años que Chile ha vivido en democracia y comprobará que no falta razón en estos juicios. Compruebe, si le interesa, que los partidos políticos, aunque lo prometen, tampoco les conviene que la mayoría surja demasiado porque perjudica sus privilegios. Es lo que ha pasado últimamente con el estallido social. Una explosión “espontánea”, pero, si va al fondo, no será difícil encontrar manos oscuras que dirigen el contubernio. La espontaneidad explicitada por todos, a la larga y a la corta, por su misma esencia, decae y volvemos a lo mismo. La incultura del pueblo permite aquello.  Y si aún persiste en su duda, preguntadle a los manifestantes, a los miles de manifestantes, que le expliquen detalladamente el cambio de la Constitución, cuales son los puntos a cambiar,  los problemas con las Isapres, AFP, la luz, el agua, los royalties de las mineras, remedios caros, mala salud, educación manipulada, los combustibles que suben y suben al igual que los TAG. Veamos cómo resultan las respuestas.  Aseguramos que una mayoría no tiene idea, o como dicen los jóvenes, “no tienen puta idea de nada”, lo ignoran todo, siguen la corriente porque el mensaje es sólido y válido, pero no conocen a fondo cada una de las reclamaciones. Y eso corrobora una vez más la ignorancia ingénita del pueblo.

ARTURO FLORES PINOCHET escritor 2019