¿LA NUEVA REVOLUCIÓN DE LAS MASAS?

Por Jorge Arturo Flores

Conversaba no ha mucho con una representante del género femenino sobre el poderoso efecto que ha tenido en la vida cotidiana la expansión y cultivo de las redes sociales. Como nunca, el ser común, la persona sin voz ni voto ni figuración ni poseedora de privilegios, prebendas y satisfacción económica, el individuo anónimo, el que no tiene acceso a los medios de prensa ni es oído por autoridades y políticos, ha podido, por fin, hacer oír su voz sin filtro.

¡Y de qué forma, con que fuerza, con cuanta valentía!.

Al través de Internet, Facebook y Twitter como también de los posteos en la prensa escrita, hombres y mujeres han manifestado sus juicios sobre la realidad, han opinado sin trabas, han encarado al mundo. Y le han dicho derechamente que las cosas están mal, no han mejorado, que la mayoría no lo pasa bien, que los que mandan el planeta continúan expoliando y que, en sustancia, no dan pasada, los mantienen ignorantes y lejos de sus expectativas está retirar la puerta a un mundo mejor.

Eso en general.

En lo particular, debemos descender al mundo de la cotidianidad para comprender esta situación y allí nos encontramos con la violencia permanente en las relaciones interpersonales, con una educación deficitaria, con la política sucia, corrupta y trasgresora de ideales. Concluimos que el bienestar económico sólo se consigue corrompiendo, robando, evadiendo, eludiendo, coludiéndose (¿habrá excepciones?). Tambien nos sobrecoge la visión de guerras eternas entre países por factores políticos, sociales, religiosos y por los traficantes de armas. Lejos, muy lejos quedan las ilusiones de libertad y de respeto por los semejantes. Cada dia confirmamos la incontrarrestable certeza que los intereses económicos ordenan y manipulan el planeta, por medio de colusiones, evasiones, elusiones (los tres Santos Grial de la riqueza). Corroboramos la existencia de monopolios insaciables, un descontento absoluto a todo nivel y el desmoronamiento de instituciones que dominan la vida cotidiana, como las religiones, la política y los deportes.

Para rematar tan negro escenario, fomentamos la intolerancia política y religiosa, cultivamos una mediocridad cultural increíble, acrecentamos el fanatismo fundamentalista, la apología del dinero, del poder y la fama. Poseemos una manera de convivir deplorable y exacerbamos el consumismo para ahogar las tribulaciones diarias y con ello conseguir la posibilidad de mirar un horizonte mejor.

En verdad son pocas, poquísimas las instancias que salvan de un juicio crítico.

Hoy todo se sabe, se desenmascara, se vuelve “viral”, se coloca en el escenario para su análisis. Es la parte positiva. Merced, sin duda, al poder de las redes sociales. ¿Estamos, entonces, frente al primer paso de la verdadera revolución de las masas que ninguna utopía advirtió?. Una revolución transversal, casi apolítica y sin sesgo religioso ni social. Sin liderazgos, donde se da el fenómeno impensado de consensuar testimonios en ciertas materias, situación que la política y la religión nunca lograron ni lograrán. ¿Estamos, en realidad, frente a una gran revolución  dirigida por la tecnología?.

El tema, por si excitante, da para mucho.

Por último, pese al panorama aciago, convengamos que siempre hay excepciones a la regla, siempre las habrá, porque siempre hay una luz encendida que mantiene la esperanza de un mundo mejor.

Más nos vale…

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