LA POLÍTICA FISGONEANDO EN LAS LETRAS

Sabemos que existen muchos autores que inoculan en sus textos literarios lo que ocupa arraigado lugar en  sus mentes enfermizas: la política, mejor dicho, la politiquería. Es tan fuerte el mandamiento ideológico que han sido incapaces de sustraerse al imán e impregnan su obra con su matiz partidista. De esta manera, salvo poquísimas excepciones, dan al traste con la belleza y afean los textos, convirtiéndolos en meros panfletos que vocean sus preferencias políticas. Si buscásemos obras de real valor entre los textos ideologizados, en verdad serían muy pocos los rescatables. Es que la política, como medio literario, es de una esterilidad asombrosa, constituye un baldón para el arte y no deja nada en su camino, tan solo el panfleto, la ira, el resentimiento. No hay obras literarias teñidas de ideología que sean obras maestras. Son malas de frentón. Tediosas, herméticas y poco originales. Pero alguien preguntará, entonces, ¿por qué hay tanto autor de izquierda y nada de derecha?. Ah, ese es otro punto de análisis. Lo haremos en otro artículo. Lo medular en esta reflexión es que la política, entrometiéndose en las bellas letras, produce un rechazo visceral, no aporta nada a la belleza artística y solo deja un reguero de vacío, sandez y esterilidad.

ARTURO FLORES PINOCHET escritor 2019