La política, el fútbol, la religión (Artículo)

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 Jorge Arturo Flores

En cualquier plática hay tres motivos que no pueden ser asumidos con  inteligencia o mesura. Es imposible. El fanatismo, la pasión, el frenesí atrapan las charlas y las transforman en  verdaderos campos de batalla.

La política, el fútbol, la religión, coincidentemente, dividen al ser humano.

Y no hay que convertirse en  un versado  para no darse cuenta. Están ahí, a la mano, todos los días, en todas las conversaciones, en todos los medios de comunicación.

En punto a religión, católicos,  judíos, musulmanes, testigos de Jehová, evangélicos, protestantes, ateos, etc. caen con facilidad en la intolerancia, en la discriminación, en el descrédito de las otras religiones. No hay caso. Por más que el mensaje religioso, en la teoría, tienda a cohesionar al ser humano y se auto convierta en la reserva moral de la humanidad, sus prácticas, como toda invención humana, derivan en  lo contrario. La violencia física y verbal, como la descalificación abierta,  es el soporte que las sustenta.

No por nada hasta guerras se han provocado por el fanatismo religioso.

En el fútbol, deporte que serviría para conservar la mente sana en el cuerpo sano, estas acciones se repiten a menudo: violencia descarada, discriminación racial, agresividad física y verbal de jugadores e hinchas, intolerancia al error, soberbia sin límites, ceguera absoluta.

La política, por último, deja de ser el arte de gobernar y se transforma en una fuente de recursos materiales inagotables, todo lo cual provoca una estampida de seres ahítos de poder, fama y riqueza. La conocida expresión  “para el pueblo, por el pueblo y con el pueblo”,  es simplemente una bella ironía, una desafortunada publicidad.

En estos tres casos se superponen, reiteramos,  las ansias desmedidas de  fama, poder y riqueza, ansias que no conocen de ética ni solidaridad, sino el más increíble y abierto individualismo que se emparienta con la egolatría y la vil codicia material.

La acción de los humanos, en estas tres circunstancias, es absolutamente aberrante, sin justificación, carente de toda lógica y con resultados indignos que contradicen los orígenes de las tres instancias citadas.

En tal sentido, y pese al desarrollo tecnológico, la  humanidad no ha podido evolucionar.

 

Publicado en http://www.encuentrosliterarios.cl

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