La Segunda venida de Jesús (artículo)

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Jorge Arturo Flores

¿Dónde creen ustedes que iría Jesús al retornar a la Tierra?. ¿Pisaría, acaso, los suntuosos pasillos del Vaticano, admirando sus construcciones y el lujo instaurado en ellas?. ¿Demandaría, tal vez, una entrevista con  el Papa, a fin de estrecharle la mano y escuchar un pormenorizado detalle de lo que han hecho con su doctrina en dos mil  años?.

Por supuesto que no.

El Papa, cardenales, obispos y sacerdotes encarnan a los fariseos, son los cuidadores de la ley por ellos impuesta, mercaderes de  templos y sus tesoros, lejanos al mensaje de pobreza, humildad y misericordia que Jesús pregonó en su primera estancia.

Cristo buscaría, sin duda,  algún pueblo lejano, tal vez una aldea de pescadores, habitado por gente sencilla, que no odia la naturaleza, que se vale de ella solamente para subsistir, que no domina la tecnología ni se muere por obtener poder, privilegios, dinero y fama. (Esperemos que aún existan porque de lo contrario nuestra reflexión “se va a las pailas”). Entre ellos se ubicaría Jesús, comiendo de lo que le den y durmiendo donde lo sorprenda la noche.

 Tampoco  asomaría por Israel.

Comenzará, entonces,  el consabido cuento: A oídos de la Iglesia Católica llegarán numerosos mensajes sobre  un predicador que habla de las bienaventuranzas y de los mandamientos, que viste sayo y calza sandalias, usa el pelo largo y los reúne con mucho cariño. No les habla del temor a Dios ni el pecado, sino en forma sencilla les explica con parábolas el mensaje cristiano basado únicamente en el amor entre los seres humanos, donde el “amar a tu prójimo como a ti mismo” es la única llave de la armonía.

Hasta milagros realiza.

Los templos comienzan a vaciarse y todos van para allá. Los curas se quedan sin fieles a quienes dedicar sus aburridas homilías. Tampoco quedan niños…. El Vaticano no recibe dinero del mundo y debe autoabastecerse, vendiendo sus riquezas.

Los creadores del Big Bang  hace rato  se ocultaron.

Entonces, lo fácil: se anatemiza al  Cristo, tíldesele de Anti Cristo, se le persigue, cuélganse los más infames defectos, se le estigmatiza, se fulmina a todos quienes le siguen,  ordénanse airados dictámenes canónicos  contra  los que traicionan los principios básicos de la iglesia.

Nuevamente el Infierno en el horizonte.

El Vaticano pierde poder, su centro de contraespionaje (antes La Santa Alianza, hoy La Entidad) carece de  poderío, vigor y credibilidad; la diplomacia vaticana ya no es la mejor del mundo y el Papa se encuentra un día solo, sentado en el trono, mirándose los zapatos lujosos y la orla de oro que borda sus vestimentas, sin autoridad, sin nadie al frente que se arrodille a besarle el anillo.

Frente a eso, trata, por ultima vez, de contrarrestar el poder de ese Cristo que predica el amor, el desapego por las cosas materiales, que critica el lujo, el privilegio, el dinero, la discriminación, la pederastia, la pedofilia,   que no usa mitra con piedras preciosas ni báculo en el tono. Entonces  habla con los Jefes de Estado del mundo y les pide que liquiden al terrorista, al subvertido de la ley, al guerrillero que remueve los cimientos de la paz social.

Viene lo clásico: ordenan asesinarlo.

¿Le resulta familiar esta historia despreocupado lector?: ¿Cree usted que ella se reiteraría si Jesús regresara a la Tierra?. ¿O piensa que lo primero que haría Cristo sería  presentar sus respetos al Papa?.

Tema para la  reflexión.

 

(PUBLICADO EN EL PORTAL LA ULTIMA PALABRA)

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