La Soledad de Los Escritores

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Por Jorge Arturo Flores

En una entrevista al escritor Edmundo Concha, ya fallecido, uno de los pocos que “trabajaba el estilo”, él se refería a la soledad, específicamente, su soledad. Indicaba:” soy solitario, no por voluntad, sino por naturaleza. Yo no lo he decidido. Esos solitarios que deciden por su voluntad, son falsos”.

Y agregaba:” la soledad en ciertos intelectuales es una pose”.

Su planteamiento puede resultar inclasificable para la mayoría: ¿Cómo una persona se desliga del mundo exterior y lo pasa mejor en el silencio de su casa?, ¿ Y la tele, los malls, la política, los préstamos financieros, la gimnasia bancaria, los negocios, las radioemisoras, el copucheo, las teleseries, el futbol, etc.?

Cuesta pensar que existan personas que se aíslan y sólo cultivan su espiritualidad, en este caso, leer y escribir.

Sin duda, son personas hipersensibles, con gran riqueza interior, y eso los hace capaces de no interesarle las cosas que al común le importa, sino abocarse a las flores del espíritu.

Existen y han existido siempre. Invariablemente colisionan con el exterior, vulgo masa, porque a ésta no le cabe el desligamiento de alguna de sus partes, ya que piensa que el mundo está inmerso en la mayoría.

Distinto es el caso de los que “posan” de intelectuales, escritores o artistas, vistiéndose ex profeso de manera informal, adoptando modos de expresarse que suponen únicos y buscando una aislamiento que es falso, porque no lo sienten ni va con ellos, sino es solamente una forma de parecer antes que ser.

El espectáculo de tanto artista extraño en su formar de vestir y que sólo busca destacarse para llenar el vacío que transportan, es común en muchas partes, y, al observarlos, sólo cabe la sonrisa.

Ciertamente los artistas, en general, necesitan de algún sosiego para realizar su trabajo y esa quietud, obviamente, importa la soledad. Es imprescindible. Sólo las personas inteligentes y cultas entienden y lo respetan. Los tontos, los huecos, los mediocres, no pueden y le saben a “rareza”, a cuestión de locura.

Es por ello que los verdaderos artistas se rodean de seres que los comprenden y se amoldan a sus costumbres. De lo contrario, pierden.

Por eso hay tanto artista solo.

Interesante el tema de la soledumbre en los escritores, en especial, porque toca un punto exclusivo que conviene tener en cuenta.

En nuestra vida, hemos percibido la diferencia que marca la clausura interior.

No ha sido fácil, porque se tiende que lidiar a diario con las obligaciones, los deberes, “las cosas simples de la vida”.

En el fondo, digámoslo derechamente, nadie comprende.

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