Hernan Díaz Arrieta (Alone) : LA SOMBRA INQUIETA

 

articles-745_recurso_img1.thumb

Mariana Cox Stuven

Jorge Arturo Flores

¿Cuántas veces hemos leído esta novela?. Una, dos, tres veces. Varias. Muchas veces en realidad. ¿Cuántas  lo hace un lector que admira con unción a su autor favorito?. También numerosas .No existe en verdad una pauta para obtener una cantidad establecida. Recordemos que aquí prevalece, ante todo, la emoción, la devoción, la admiración. Es algo que va en la piel, en los sentimientos, en la capacidad de asombrarse.

Nos ocurre con esta novela de Alone, nuestro escritor favorito, y nos sucede con toda su obra.

Se lee, se relee, se vuelve a leer.

Eso acaece cuando el tiempo, el gran juez, no torna  amarillentas su hojas ni el tema ha perdido interés, como asimismo, continúa pareciéndonos formidable la totalidad de su tarea  y no desciende ningún peldaño  nuestra admiración.

¿Le ocurrirá a otros lo mismo?.

 

LA SOMBRA INQUIETA

Es una novela escrita al través  del diario íntimo. Cuando fue publicada en 1915 y 1916, quedó la escandalera, porque muchos se vieron allí retratados. Por supuesto, levantaron los brazos, dijeron que era una novela en clave, rasgaron vestiduras y se hizo  alrededor una conspiración del silencio, un silencio, por lo demás,  “poblado de murmullos”.

Tenemos en nuestras manos la tercera edición, la de 1949, tres años después de nuestro nacimiento. Con posterioridad apareció una  cuarta, 1997,  publicada por Editorial Universitaria, con portada en colores, impresión óptima, provista de prólogos y estudios no tan buenos como el contenido.

No es un libro que cause expectación ni suba como la espuma en los rankings.

Es un texto delicado, finamente escrito, con una transcripción notable de las emociones de un adolescente frente a su amor platónico. Los personajes son reales: Isoleé (Mariana Cox Stuven ) y El amigo vestido de negro, Hernan Diaz Arrieta.

Hay actores secundarios, los precisos para  remarcar la acción.

Tratase, en sustancia,  de las visitas que el amigo de negro realiza  a la dama en cuestión, sus conversaciones de alto vuelo, especialmente religiosas. Hay mucha carta de por medio para citarse y, cuando ella está lejos, extensas misivas, siempre en el tono alto, de alguna trascendencia. El ambiente es la época del 1900, con paseos al cerro Santa Lucia, a la Quinta Normal, al Parque Cousiño, a Valparaíso, incursiones a la cordillera. Solo pinceladas. Existen  joyitas artísticas cuanto a la descripción de la natura. Breves, sintéticas, reales. Pinchazos al oleo.

Los diálogos transportan a ratos la tensión y también son un regalo al lector por su laconismo.

Pero todo el entorno, conversaciones, viajes, reuniones, caminatas, retratos,   se esfuma en la niebla, permitiendo que el sol  alumbre solamente   cuando persigue los sentimientos del protagonista en pos del amor de la heroína. Allí  contemplamos la magistralidad del estilo aloneano para transcribir sus emociones, los conceptos, las elucubraciones, todo el material sensitivo que posee cualquier joven enamorado. ¡Y con qué talento, con qué finura, con qué perspicacia!.

Sí, es una novela romántica, no puede negarse, pero no como el común la concibe. Es delicada, con mesura, muy contenida, sin que nada sobre ni falte. Precisa.

Tuvo un trasfondo, una misión: es la respuesta que Alone confeccionó contra las barbaridades que otro escritor, Leonardo Penna,(Ignacio Pérez Kallens) se permitió decir en uno de sus olvidados libros, Los Héroes Moribundos, 1910,  y que identificaba a Mariana Cox como una de sus amantes.

Texto por supuesto que hoy nadie conoce y que pasó sin pena ni gloria.

Pero hizo daño, tanto que provocó la muerte de Isoleé.

Reiteramos, estamos en el año 1912.

Hoy esta circunstancia no conmueve por lo reiterada ni nadie fallece  si alguien publica las hazañas sexuales en el dormitorio. Menos si se destaca el adulterio. Al contrario, hay una tendencia al aplauso, incluso a la simpatía.

Cuestión de época.

 

IMPORTANCIA DE LA SOMBRA INQUIETA

Junto a sus cuentos distribuidos en Prosa y Verso (1909) y en revistas, más la publicación del opúsculo  Bello en Caracas (1963), La Sombra Inquieta representa el nervio narrativo que poseía en alto grado Alone. Tenía condiciones de sobra para proseguir en la tarea, pero  se quebró en el camino, algo lo contuvo. Por ahí citan  que su mayor ambición fue crear una gran novela. Que vivió pensando ella. ¿Acaso sobreestimó ese afán? Incluso surgen esas ansias en su Diario Intimo publicado en  2002. Otros insinúan que el estallido que provocó su primera novela a nivel social lo intimidó y como el hombre no era precisamente un revolucionario, echó pie atrás.

En aquellos tiempos “el qué dirán” prevalecía enormemente.

Puede ser.

Añadamos, a modo de información colateral, que  la redacción de las Crónicas Literarias, su mejor obra,  contienen en su médula parte de su arte expresivo.

Además de constituir la primera y única novela del crítico, aunque  Bello en Caracas marcha en la misma senda,   la  Sombra Inquieta es un fiel retrato de  la cotidianidad que imperaba en la primera decena del siglo veinte en Chile, primordialmente, el entorno de la clase alta.  Todo ello visto   por uno de sus integrantes, sin poseer claro está blasones que lo identificasen. Un poco lo que hizo Proust, el amado de Alone, o lo que retrató Orrego Luco en Casa Grande. Muy burilado, eso si, bastante pulcro, sin adentrarse mucho en la intimidad, porque lo que allí impera, ante todo, es la óptica del joven vestido de negro hacia el objeto de sus deseos. Por ello, la atmosfera que lo rodea se esfuma un poco y no es tan relevante, salvo algunos trazos que sirven para imaginar el escenario.

Eso por un lado.

Por el otro, ya lo dijimos, es una suerte de desagravio para la honra mancillada de una mujer.

Pero lo que la convierte en una joya artística es la preeminencia del estilo, único, prístino, elegante, sutil, irónico, con gotas de finísimo humor, sin contendientes en esta materia.

Alone es, ante todo,  el estilo.

Únase a esto un lenguaje que es llano, simple, al alcance de cualquiera, con excepción por supuesto de los párrafos en francés, que era un tic propio de la época y denotaba, por supuesto, cierto grado de cultura.

La emoción es llevada a su más alto esplendor, pero narrada con un arte, con un decoro, con una dignidad que realmente complace. A  lo más un velo echado a los ojos. El último capítulo es de antología para revelar el dolor humano en su extensión, sin aspavientos, sin parafernalia, solo contenido.

Es un texto que no nos cansamos de leer como tampoco nos fatigamos de releer esta bella obra.

 

CRÍTICAS AL LIBRO

El libro en su época tuvo críticas ácidas. Provinieron preferentemente de tarados mentales que contaban cuántas palabras se repetían, registraban asonancias, consonancias, cacofonías,  o no les gustaba la forma de narrar o encontraban cursi todo. En la última edición (1997), con plumas contemporáneas, casi medio siglo después, todavía la encuentran cursi, sofisticadamente cultural, siútica, indolente, brutal,  hasta hipócrita, sí, hipócrita. El volumen, reiteramos, revela  el mundillo de cierta sociedad que ha repetido los mismos cánones al través del tiempo y que hoy puede presentar  igual faz. Pero emplear esos términos peyorativos para una obra tan bien escrita (sus críticos parecen analfabetos), que posee una indudable tensión dramática, que dibuja con acierto el sentimiento apasionado del hombre que  se enamora, que retrata con mordacidad los comportamientos del ser humano frente a un agravio, que capta con extraordinaria justeza el fluir interior de la conciencia, es, por decir lo menos, propio de un retardado mental, de un amanuense que pretende alcanzar notoriedad a costa de la descalificación, como Leonardo Penna, representa la esencia de un pobre hombre de letras que, en virtud de minúsculos  conocimientos teóricos, se arroga la autoridad de un sabihondo.

Por cierto, no esperemos sensibilidad de estos zombies.

Su mundo es definitivamente otro: gris, oscuro, enrevesado, academicista, intolerante, soberbio, escasamente inteligente, hasta resentido y melancólico. Allí, como los cerdos en el barro, retozan felices.

Lejanos a ese enanismo intelectual, hemos disfrutado nuevamente de una excelente lectura, que  permite regocijarse con un estilo excelso,  un lenguaje culto y  una manifestación de amor que cala hondo por su dramatismo contenido, sin visajes a la cursilería sentimental y porque,  de cierta manera, interpreta cabalmente el sentimiento amoroso de cualquier hombre hacia una mujer ideal e o inaccesible, aunque, a decir verdad,  en estos tiempos esta situación ya no  es tan quimérica, dado que  no hay mujeres ideales ni menos inabordables.

Otra época claro está.

Anuncios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s