Apuntes históricos

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Jorge Arturo Flores

Los hechos históricos han sido importante fuente de creación literaria. Basado en ellos, los escritores fabulan, verbalizan, crean, no sin antes documentarse sesudamente. De esta manera, las novelas históricas constituyen un importante puente en la retórica y sirve para aumentar  el conocimiento de la historia.

O desacralizarla.

Esta es la parte más entretenida de este tipo de  relato. Si bien la ficción predomina, hay libros que  básanse en la estricta investigación y, a partir de ella, novelan, desmitificando.

Nos interesan los textos que bajan los mitos, las estatuas, los héroes con pies de barro. Hay muchos y sirven para airear la historia convencional.

Un tema que nos ha parecido excitante desde mucho es la vacuidad de  leyendas,  ficciones o el ensalzamiento de hombres públicos. No todo lo que brilla es oro y escritores chilenos  como Jorge Inostrosa y Benjamín Subercaseaux, por ejemplo, destinaron parte de sus trabajos a reducir las elevaciones de personajes que   nada tenían de tales.

Ambos, por ejemplo, dejaron en claro que don José de San Martin  no era precisamente un héroe ni menos un militar notable: cero actitud, nula estrategia y obsoleta táctica militar, mutismo absoluto, opiómano. Thomas Cochrane lo desenmascaró y lo achicó al nivel de los talones, es decir, al mínimo. Lo mismo sucede con algunos protagonistas de la Guerra del Pacifico, como Miguel Grau, el almirante peruano que solamente huía y se ocultaba de los buques chilenos, intentando cañonear naves carboneras o espoloneando a una vieja corbeta o apareciendo fantasmagóricamente en los puertos chilenos.

Escuálido botín para un héroe naval.

 Este es un caso singular. Y conviene detenerse. En Perú, por ejemplo,  lo tienen en lo más alto. Lo tildan de héroe de Angamos. Increíble. Fue aquella la única oportunidad de enfrentar al “Cochrane” de Juan José Latorre, pero, como tantas veces,  prefirió…fugarse.  Varias  granadas del chileno destrozaron el timón,  la torre de mando (matando a Grau), perforaron el blindaje, volaron el mascarón de proa, logrando desestabilizar el monitor. Es decir,  duró nada. Peor aún, demostró que enfrentado a oponentes de parecido equilibrio, “arrugó”. En cambio contra la “Esmeralda”…¿Héroe?.

¿Se repite la historia de Prat cuanto al ídolo muerto?

Benjamín Subercaseaux toca el tema de San Martin, Cochrane y el combate de Punta Gruesa, enalteciendo a Carlos Condell, otro olvidado. En cambio Jorge Inostrosa fue más amplio. Noveló la Independencia chilena, con Carrera, Rodríguez , O’Higgins, San Martin y la Logia Lautarina,  destacando a los dos primeros; la Guerra contra la  Confederación Perú-boliviana, dándole protagonismo al Regimiento Buin, rozando a Diego Portales, y, lo más grande, la Guerra del Pacifico. En esta última, “Adiós al Séptimo de Línea”, hay aspectos sicológicos de los protagonista que no han sido considerados a la hora de analizar su trabajo. Muchos no tenían dedos para el piano y otros, como siempre, callados, tranquilos, eficientes, tocaban el instrumento con maestría, consiguiendo dirigir la orquesta con gran éxito. Verbigracia, Rafael Sotomayor.

La nómina es extensa.

La mitología en torno a las acciones bélicas que fueron derrotas, como La Concepción e Iquique revisten matices tragicómicos. La omisión de importante victorias, como Sangrar y Punta de Los Ángeles, nos habla de una carencia de profesionalismo, idoneidad e independencia realmente notable. El descuido en hablar sobre Thomas Cochrane, Latorre y Condell escapa a cualquier concepto histórico.

Han predominado los mitos. Es mas patriótico. Más vendedor. Más adormecedor de voluntades. Hay mitología pero también verdad en torno a las aventuras de Manuel Rodríguez. Otra cosa es que no conviniera a los intereses de la Logia Lautarina, a OHiggins y San Martin. También la mitología se ha ensañado con la gesta de OHiggins, quien, en la realidad, no fue lo que las historias pregonan.En fin hay mucho. Mitos a veces es sinónimo de falsedad. Y eso ha ocurrido  en una historia manejada por intereses visibles, como lo ha sido, por ejemplo, el correlato histórico manejado por historiadores de tinte marxista o por los que caminan por la vereda del frente.

La “petite histoire”, ésa que avanza a la sombra de la historia publica, nos arroja sorpresas que ésta oculta por conveniencia ideológica y  proporciona vuelos a la literatura para elaborar textos de por sí atractivos, interesantes y desacralizadores.

Hay que leerlos siempre.

 

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