LO BIOGRÁFICO EN EL TRABAJO LITERARIO

Cuando se escribe cuesta, en general, amordazar el instintivo deseo de narrar algo de uno. La poesía es más permisiva en ese aspecto. No así la prosa, que buscar engañar al lector, haciéndole creer que lo que lee es solamente ficción. Cuando se le pregunta a un autor si lo escrito es el reflejo de sus experiencias o el protagonista es él, pudorosamente dice no, lo niega con cierto embarazo, no sin esbozar alguna sonrisa. No sabemos por qué motivo es difícil expresar que algo de nuestra impronta va en el escrito. Es tan humano, tan lícito. Lo hemos dicho tantas veces: no salimos de nosotros mismos. Y eso es una tragedia. Pero hay empecinados que tuercen esa medida y logran dar con textos absolutamente ficticios, sin ninguna intervención biográfica. Alguien nos dirá, pero no puede negar que siempre está el matiz biográfico detrás de alguna palabra o acción, aunque sea ficticio o esté en mundos interestelares.  Pensamos que en ciencia ficción es más difícil, no así en narraciones más comunes donde la cotidianidad pugna por salir y dejar en descubierto al autor. ¿Es bueno, es malo? Para nada. Cada uno escribe según su gusto, es dueño y señor de colocar lo que quiere. Es el único gran momento que goza de absoluta libertad en un mundo tan cohonestado por las miserias humanas. Sin duda, la faceta biográfica, “por anga o por manga”, surge en medio de las palabras, en medio de la acción, en medio del texto. Es que somos humanos y, por ende, algo limitados. Además, ¡nos queremos tanto! que es posible privar de ese amor al lector. Recordad la soberbia, el egocentrismo, la necesidad de creerse caso único.

En los campos literarios es cosa sabida y juzgada.

ARTURO FLORES PINOCHET escritor 2019