LOS PROBLEMAS DEL HUMORISMO ACTUAL

Sabemos la desagradable experiencia ocurrida con algunos humoristas (“humoristos” en lenguaje inclusivo) al ser prácticamente desalojados de los escenarios por  la furia de los espectadores. Rara vez ha sucedido. Los hacedores de risa debieron abandonar, “con la cola entre las piernas”, la pista iluminada que debía darle gran satisfacción espiritual. Los que están contratados para el Festival de Viña del Mar tienen las barbas en remojo .En general, se aprecia una creciente dificultad de los humoristas por empatizar con la gente. ¿Qué está sucediendo que los chilenos no están tolerando ciertas directrices, en este caso, el humorismo de algunos? Se dice que están empoderados y no tienen paciencia. Otros califican los chistes como “fomes”, pasados de moda y requiere de otro tipo de diversión. Más allá aluden a la intolerancia de la masa. Las temáticas no son contingentes y eso es lo que  se pide. El famoso estallido social o crisis o insurrección que ha ocurrido desde octubre y tiene al país inquieto y expectante (“Se viene marzo”), ayudan a que este tipo de actividades no fluya, si no está de acuerdo con los nuevos cánones. Todo ello apoyado por los crecientes cambios sociales que Chile sufre, por ejemplo, el movimiento feminista, los nuevos lenguajes inclusivos, la condena a quienes “agarran para el tandeo” a seres enfermos, desvalidos, discriminados, borrachos, homosexuales, árabes, judíos, gallegos, gordos, flacos,  tartamudos, sexo y mucho más. Se han jibarizado los territorios, no tan solo del humorismo, sino de toda la sociedad. Por consiguiente, el humorismo nacional deberá cambiar o fenecer. Hay otra óptica para analizarlo. Hay que tener sumo cuidado al hablar en público. Ante cualquier cosa que se diga no ha de faltar que alguien ponga el grito en el cielo y trate de abusadores, homofóbicos, patriarcales, machistas, “onvres”, abusadores, el violador eres tú y un largo etc. Son los cambios que están ocurriendo y a los cuales deberemos amoldarnos. Dirán: es el progreso. Sí, pero el progreso también importa una porción suficiente de tolerancia, respeto, no discriminación ni desprestigio por no pensar igual. Es decir, la cosa no puede ser para un lado no más. Siempre hay una contraparte puesto que, a pesar de los intolerantes, no vivimos solos en la Tierra.

ARTURO FLORES PINOCHET escritor 2020