Luis Durand (Ensayo)

 

 

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CUENTISTA Y NOVELISTA

En la generación criollista de nuestro país, con el polémico Mariano Latorre a la cabeza, hay un escritor que, si bien adscribió a esa corriente, se apartó de ella invariablemente por su actitud frente a la naturaleza y a la sicología humana.

Luis Durand (1895-1954), autor de 17 libros, es el discípulo que se retiró del camino trillado y emprende otro, distinto, variado, ameno. Creador de 7 libros de cuentos y   4 novelas, quedó en un sitial importante dentro de  la historia literaria de Chile.

DIFERENCIAS CON LATORRE

Al contrario del líder de los criollistas, Durand conoce el medio en que se basarán sus creaciones. Vivió en él, supo del trato con los campesinos, sintió el poder de la naturaleza y gozó espléndidamente con sus comidas. Latorre, por su parte, hubo de conocer palmo a palmo los sitios, los parajes, los seres que después llevó al papel. Miró, observó, analizó el habla y la natura desde una perspectiva citadina y académica. Quedó embelesado con el agro, a tal punto, que la hace protagonista importante en sus creaciones, ahogando, muchas veces, al actor.

Eso lo diferencia de Durand

Éste cala en la sicología de los personajes, recurre al diálogo para mostrar acción, el nudo dramático está bien escogido y se tensa para interesar al lector impenitente. Sus personajes son seductores, amenos, con el humor ladino tan característico de nuestro hombre de campo. Las descripciones son breves.  Hay ternura en el boceto humano. Pero, por sobre todo, impera la sensualidad en todo lo que escribe, específicamente con las comidas: en la mayoría de sus textos, en cualquier página, se come. Y cómo se come. No pantagruelicamente como Pablo de Rokha, sino en la forma acostumbrada por los seres que viven dificultosamente en la campiña chilena.

El estilo y el manejo de la lengua también difieren.

Latorre captura o pretende capturar el lenguaje literal y su lectura entonces se hace pesada. No hablemos de sus descripciones que, si bien resultan poéticas, avasallan, cansan, se tornan intragables.

Durand, si bien también copia el habla campesina, con sus modismos, es diferente. Es más breve y anecdótico. Es más humano. No tan exacto. Y la acción prevalece, al contrario de aquél.

LA NOVELA

Luis Durand es creador de dos novelas importantes: Mercedes Urízar y Frontera. Ambas son espléndidas, pero gana la última porque en ella se trasunta todas las virtudes del insigne narrador, mejor dibujante y  humorista consumado. Es un libro épico. Es  documento de una época. Amena, entretenida a carta cabal, se lee de un tirón. La temática es amplia, los personajes están muy bien descritos, la naturaleza se presta para armar el escenario, sin ahogarlos, y el humor aparece constantemente, todo lo cual alegra el espíritu y el camino del lector inquieto.

Es un novelón.

Y en su tiempo causó gran efecto.

Mercedes Urízar, en  cambio, se mueve en otra dirección. Es la historia de una profesora en una aldea donde se le discrimina, acusa y  téjense en rededor los chismes propios de un infierno chico. No desmerece frente a Frontera, pero su norte, como dijimos, es otro.

Hubo una novela póstuma, Un Amor, distinta, urbana, pasional, con hincapié en la sexualidad, atormentada. No es mala, interesa igual, pero no  alcanzó a burilarla.

EL CUENTO

Es en la narración breve donde Durand muestra también una faceta diferente, más tierna, más honda, más trágica, aunque no descuenta el humor. Del amplio espectro de sus narraciones, nos parecen excelente tres relatos: La Picada, famosa y recordada en cada antología cuentística, la Carreta de Juan Mardones y Afuerinos.

“La Picada” es  anécdota conmovedora, muy bien descrito, con una tensión que se va haciendo ligera a medida que el protagonista sufre los rigores del contagio. Todo está bien escenificado. Sobresale el perro Calluza y es honda la pintura de los juicios íntimos del apestado.

Un relato que sujeta.

Dramático también es el cuento “La carreta de Juan Mardones”, donde el autor nos expone el cariz ancestral de los campesinos: la embriaguez. Acá señala el paso de la carreta al pueblo, la vuelta con los conductores ebrios y el fallecimiento de la esposa, al ser pisada por las ruedas, sin que él lo perciba. La mano se detiene un poquito en la descripción de la natura, pero lo hace rápido, sin quitar interés a la narración. Los personajes están bien definidos. Es una acción lenta, como en medio de un sopor, durante la noche, propio de una carreta.

El final, igualmente, es la muerte.

“Afuerinos” es un relato más suelto, informal, jocoso. Trata de dos trabajadores que deambulan por los campos buscando trabajo. Resultan ocurrentes sus diálogos y la cara risueña que le ofrecen a la contingencia. Hay momentos excelsos con las chirigotas o simulaciones de un bienestar utópico. Luis Durand da con un relato jovial, alegre, pese al tema, hondo en el boceto de los personajes, sin dejar de lado la pobreza de sus protagonistas.

TRASCENDENCIA DE LUIS DURAND

Pese a no haber obtenido el Premio Nacional de Literatura, que lo mereció con creces (obtuvo otros), su relevancia en las letras nacionales es significativa. Fue leído por el público con simpatía y lealtad. Sus creaciones, además del cuento y la novela, también inundaron el género ensayístico, con singular decoro. Sobresale, en una mirada general, la propiedad de sus temas, el lenguaje cálido, sin recovecos, usando los modismos campesinos, pero no en su literalidad. El estilo es directo, simple, llevadero, lo que hace la lectura un viaje grato, anecdótico, liviano. Algunos hallaron en su estilo incorrecciones lingüísticas. No se notan y no importan. Es tal la destreza que posee para desarrollar sus ficciones que el interés prima sobre cualquier purismo literario.

Frontera es su mejor obra y es una de las grandes novelas chilena. Algunos la emparejan, por el tema, con Gran Señor y Rajadiablos de Eduardo Barrios. Puede ser. Pero acá se disfruta más, hay comida, humor, anécdota, acción.

Luis Durand dio páginas memorables a la literatura chilena. Es una lastima que el mayor laurel que se concede a los escritores en este país, le haya sido esquivo. Lo merecía y resultará interesante conocer las razones de los jurados para no advertir su obra.  Sin embargo, el autor debe estar tranquilo: el único premio que importa, el de los lectores, ya le fue concedido. Lo elevaron  a la categoría de grande escritor.

Con eso basta y sobra.

P.D. Los cuentos La Picada, La carreta de Juan Mardones y Afuerinos están tratados en la crónica literaria Luis Durand: Tres cuentos inserta en http://www.cronicasliterarias.wordpress.com y en esta página.

TEXTO; Jorge Arturo Flores

Ver biografía y Obra de Luis Durand en nuestro sitio web http://www.semblanzasliterarias.wordpress.com

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