MADRE: EL AMOR DEFINITIVO

                                  

Hay una expresión popular que dice “madre hay una sola” y eso realza el papel de la mujer como madre en el sentido que ella sabe lo que ha dado a luz y advierte el vínculo que se crea con el hijo, el cual es prácticamente indisoluble.

Amores en la vida hay muchos: se ama la vida, los animales, al amigo, a la pareja, incluso alcanza para el jefe y la suegra. Pero hay un amor que el tiempo ha determinado como definitivo y único: el amor de la madre hacia su hijo. Es un sentimiento que no admite queja ni renunciamiento.  Es total. “Asi el hijo sea un delincuente”. Ese afecto no se extingue.

Lo hallo maravilloso y es un rasgo sobre el cual conviene reflexionar.

El otro punto que me hace discurrir y que es la consecuencia de lo anterior, es la condición de madre.

Si hacemos un breve análisis, nos damos cuenta que la mujer antes que amiga, es madre;  antes que cónyuge, es madre. Siempre es mamá. Inclusive existen casos heroicos en que dan la vida por el hijo. Y si quieren un ejemplo más simple, ¡ Zamarreen a su hijo, rétenlo en una forma que a ella le parece excesiva, hablen mal de él!. ¡Cómo explota, cómo salta en defensa, cómo lo proteje!. Nada le importa para resguardarlo, ni siquiera el marido…

Eso es amor definitivo.

En suma, estamos en presencia de un ser que es admirable en su forma de vivir la maternidad.  Sufre, llora, pero tambien se regocija con el pedacito de carne que acoge en sus brazos cuando nace o  mira extasiada cuando realiza una acción notable o se emociona hasta las lágrimas cuando  ve a su criatura participando de un acto artístico o recibiendo su diploma de estudios o cuando le dice simplemente: “Mamá, te quiero”

Eso vale por todo.

                                                                       Arturo Flores Pinochet

                                                                          Mayo 2008

(Texto leído en el Colegio Los Robles del Curato, Padre Hurtado, con ocasión del homenaje dedicado al Dia de la Madre.