Manuel Magallanes Moure y el soneto

 

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Por Jorge Arturo Flores

Ya no se cultiva el soneto con la prolijidad, esmero y pasión de antaño. Hoy seguramente debe estar considerada una añejez. Tal vez por el tiempo, pero tampoco hay que descontar la dificultad que opone su confección. Chile ha tenido buenos sonetistas y es admirable el ingenio que poseyeron para caminar por esos senderos tan unidos, tan disciplinados, tan exactos.

No obstante la complejidad, tiene su magia, su brillo, su talento.

Manuel Magallanes Moure fue uno de los grandes poetas románticos de Chile. Tuvo su época de esplendor cuando esa corriente arrasaba en los mirajes literarios. Aunque la moda, como todas las novedades artísticas, pasó, su trabajo aun permanece caliente en sus cenizas. Todavía se le puede leer con fruición. Ciertamente es otro el tiempo, otra la estación, pero  lo que se hizo con arte y talento subsiste en la cronología.

Es el cuño de calidad.

Hablar de Magallanes Moure es hablar de la poesía queda, romántica a morir, del susurro de los amantes,  de los retornos, de la paz del amor, de la idealización de la amada inmortal, de los buenos versos entrañables, de la elevación lírica frente al sentimiento universal.

Citar a Magallanes Moure es citar al amor.

Véase por ejemplo este poema:

¿Recuerdas ?

 

¿Recuerdas? Una linda mañana de verano. 
La playa sola. El vuelo de alas grandes y lerdas. 
Sol y viento. Florida…el mar azul. ¿Recuerdas? 
Mi mano suavemente oprimía tu mano. 

Después, a un tiempo mismo, nuestras lentas miradas 
posáronse en la sombra de un barco que surgía 
sobre el cansado límite de la azul lejanía, 
recortando en el cielo sus velas desplegadas. 

Cierro ahora los ojos; la realidad se aleja, 
y la visión de aquella mañana luminosa 
en el cristal oscuro de mi alma se refleja. 

Veo la playa, el mar, el velero lejano, 
y es tan viva, tan viva la ilusión prodigiosa, 
que a tientas, como un ciego, vuelvo a buscar tu mano.

 

 

Ya dijimos que construir un soneto no es fácil. Encajar las imágenes, buscar las afinidades, hacerlo legible, es tarea ardua. Magallanes Moure lo consigue. Tiene habilidad para engarzar las imágenes, se nota que también recurre al óleo, existe color, se contempla el cuadro, el movimiento, la perspectiva, hasta el velero que surge “sobre el cansado límite de la azul lejanía”.

Todos los sentidos afloran.

Es la reminiscencia de una tarde maravillosa, de cualquier pareja en el mundo, observando el mar, las gaviotas, el barco, sintiendo el soplo del viento y oyendo el murmullo marino. Todo dicho en amables palabras, sencillas, de una suave simpleza, que cala, se entiende y gusta.

Gran poeta, sin duda, Manuel Magallanes Moure.

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