MANUEL RODRIGUEZ Y DIEGO PORTALES

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Por Jorge Arturo Flores

Dos personajes que figuran obligadamente en toda revisión histórica de Chile. Puntos obligados para la habitual reverencia. En suma, nadie discute sus estatuas.

¿Tienen puntos de convergencia?.

A primera vista ninguno, pues  tocan  periodos diferentes en la historia

Sin embargo…

Mientras releíamos el libro de Ricardo Latcham Manuel Rodríguez, El Guerrillero, poco a poco se nos instalaba la similitud con Portales. A medida que el narrador contaba con lujo de detalles la vida personal del guerrero, surgía desde la letra impresa la imagen del Ministro. Frente a lo que considerábamos una improbabilidad manifiesta, desechábamos la idea. Pero ésta tornaba con cierta fuerza. Hasta que, definitivamente, desembocamos al plano.

¡Poseen similitudes a  nivel íntimo!.

Ambos, por ejemplo,  gustaban y eran afines a la buena mesa, al vino, las mujeres, la jarana, el jolgorio, las casas de remolienda. Eran conquistadores por naturaleza. Las noches la hacían días. Bailarines. Conversadores amenos y simpáticos. Amigos de sus amigas y comadres, visitantes nocturnos de cuanta casa les proveía alcohol, canto, baile y sexo

El clásico reverso de la medalla.

Porque el anverso los representa protagonizando sus roles, exigentes, serios, concentrados, obsesivos. Más sanguíneo, dinámico, tal vez impetuoso Rodríguez. Enigmático, duro, casi inhumano, autoritario éste. Más quisquilloso e inquieto aquél; estructurado y frio el “terrible hombres de los hechos”.

Por el lado de los compromisos sentimentales, Portales contrajo matrimonio con su prima Josefa Portales y Larraín, con quien tuvo dos hijos, muertos a temprana edad. Al fallecimiento de ella, prometió no casarse  más.  Y lo cumplió. Posteriormente, Portales tuvo dos hijos y una hija  con doña Constanza Nordernflycht: Rosalía, Ricardo y Juan Santiago. Esta determinación de no contraer públicamente el vínculo esponsal lo emparienta con Rodríguez, quien, si bien se rodeó de mujeres, no se comprometió en forma oficial. Rodríguez concibió un hijo llamado Juan Esteban Rodríguez Segura con doña Francisca de Paula Segura.

No gustaban de los deberes sensitivos. Preferían, ante todo,  la libertad.

Distanciados en la historia por aproximadamente 19 años, sus herencias históricas  coinciden  también al través de las cartas, que han perdurado y servido a los estudiosos. Diego Portales las prodiga con generosidad en tanto Manuel Rodriguez fue más comedido. Las del Ministro  constituyen una fiesta especialmente por el lenguaje utilizado. Ellas cimentaron un caudal de elementos probatorios en  situaciones  puntuales de sus vidas e irradian la cotidianidad que muchas veces no traslucen los estudios eruditos.

“La chilenidad de Rodríguez tiene mucha semejanza con la que caracteriza en sus epístolas a! ministro de Prieto. Tanto Rodríguez como Portales se acercan al pueblo y pulsan su corazón generoso. Aman la vida de las chinganas y filarmónicas; se entienden con mujerzuelas y prefieren el canto y el baile al romanticismo y platonismo que imperan en las costumbres aristocráticas. Pocos hombres expresan mejor la desidia del carácter chileno y pocos sienten, en el fondo, un desprecio más completo a SUS compatriotas.

Portales supera a Rodríguez en genio político, en sentido constructivo; pero se asemejan por lo escépticos y viperinos para calificar al mundo social santiaguino”.(Ricardo Latcham)

Las cartas de Portales marcaron una época, especialmente cuando fueron publicadas. Las de Rodríguez no son conocidas. Los une, como dice Latcham, un desprecio absoluto hacia la indolencia de los chilenos de su época.

Pero las semejanzas no han terminado.

El fin de sus días los reúne otra vez. Ambos son alevosa y fríamente asesinados por sus compatriotas. Lo inquietante, lo curioso, lo paradojal, es que los sucesos ocurrieron en el mismo camino a Valparaíso. Ah, y por manos militares (1). Tres increíbles coincidencias.

Hasta la tumba confluyeron.

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(1) El crimen de Manuel Rodríguez quedó impune. Sus asesinos continuaron con su vida en términos normales, protegidos por O’Higgins, San Martin y La Logia Lautarina. En cambio los asesinos de Diego Portales fueron todos ejecutados. Ahí acabaron las singulares coincidencias entre estos dos protagonistas de la patria, tan distintos entre sí, pero con similitudes que mueven a la curiosidad.

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