Manuel Rojas Lanchas en la Bahía

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Prohibida su reproducción, salvo que se indique nombre del autor y la fuente.

Por Jorge Arturo Flores

El  2016 se celebró 120 años del nacimiento del gran escritor chileno Manuel Rojas (1896), célebremente conocido por ser el autor de la novela Hijo de Ladrón, considerada hasta hoy una de las grandes en la narrativa chilena. Diversos actos en conmemoratorio se establecieron para el año como asimismo se publicaron diversos libros del autor, algunos con relatos inéditos, otros abarcando la saga de Aniceto Hevia y los restantes sobre diversos temas que trabajó el prosista.

LA MARCA DEL ÉXITO

Generalmente la obra magna de un creador apaga un tanto las  restantes. Cuesta que éstas mantengan la misma altura de la grande. Escasean los  escritores que continúen dando a las prensas libros que sostienen  igual calidad.

Manuel Rojas, antes de alcanzar las estrellas con su su famosa novela, publicó varios libros, de diverso calibre, sobresaliendo cuentos, poesía, memorias y dos novelas, entre ella Lanchas en la Bahía.

Por consiguiente hay una trayectoria y  un nombre forjado.

Después de Hijo de Ladrón prosiguió en el noble oficio. Divisamos 4 novelas que forman la tetralogía iniciada en su libro mayor, más cuentos,poemas,ensayos, teatro y crónicas.

Cuando se nombra a Manuel Rojas de inmediato salta el nombre Hijo de Ladrón. Es así. Los escritores quedan marcados  por la creación que le dio resonante éxito. No obstante ello, y más en el caso de Rojas, existe una producción literaria que no es poca ni tiene menos valor.

Nos referimos a sus novelas y cuentos.

Ya hemos analizado en otra crónica algo de sus relatos breves.

Hoy nos detendremos en un puerto, donde veremos lo que sucede en sus aguas, en especial  las lanchas que allí reposan muellemente.

LANCHAS EN LA BAHÍA.

Eugenio protagoniza la acción de esta novela. Adolescente que trabaja como vigilante nocturno en los faluchos donde guardan mercaderías en el puerto de Valparaíso. Pertrechado con manta, linterna y pistola, su deber es evitar que “los piratas”, como le llaman eufemísticamente, suban a la embarcación y roben los productos, no sin antes sumergir, convenientemente, al desgraciado vigilante que les opone resistencia.

Poco dura la faena. Una madrugada lo sorprenden dormido y lo despiden.

Conoce, entonces, a dos seres en la misma refriega por la vida: El Rucio del Norte y Alejandro. Ellos le consiguen trabajo como lanchero.

Aquí dura más.

Hace gran amistad con el Rucio, quien lo conduce a los prostíbulos donde conoce a Yolanda, de quien se enamora y por culpa de ella, después de una pelea a golpes de puño, es encarcelado por 6 meses.

Transcurrido el tiempo de cárcel, se reúne nuevamente con sus amigos y se embarca en un navío rumbo al norte, “a freír monos a Guayaquil”.

BREVE COMENTARIO

La narrativa de Manuel Rojas está enmarcada en el universo de los bajos fondos, la pobreza, el alcohol, la cesantía, el trabajo mal remunerado, la vida errante de los hombres oscuros que buscan salir, aunque sea por un instante, a la luz de la vida; existencias que se reducen, en buenas cuentas, a comer, dormir, fornicar, emborracharse, ir de parranda, dilapidar lo ganado en prostíbulos y bares.

Un círculo que rara vez se deshace.

“Pues bien, de toda esta combinación no ha resultado, como parecía lógico, ni un obrero más, huelguista y rebelde, luchador por “las reivindicaciones del pueblo”, ni un panfletista admirador de Gorki o un narrador turbio de historias truculentas, a base melodramática, con pretensiones ideológico-sociales. Nada de eso. Como para burlarse de los teorizantes literarios y dar un mentís a los psicólogos, la naturaleza ha hecho de Manuel Rojas, en primer lugar, un poeta de la más delicada, de la más exquisita sensibilidad, y luego un autor de cuentos y novelas, donde la ternura se apaga en ironía y la observación aguda, tranquila, se prolonga en imaginaciones llenas de gracia. Todavía más, por obra del invisible principio interior del alma misteriosa y omnipotente, no sujeta a leyes conocidas, este hombre, aparentemente condenado a la tosquedad de las formas, ha seguido una línea progresiva de sutil refinamiento y se ha hecho estilista, o ha logrado ese supremo milagro de la prosa: el equilibrio, la ausencia de extremos, la disimulación del arte por la perfecta y sencilla naturalidad”.(Alone,en prólogo a la primera edición y posteriores 1932).

Tal como en toda su obra, Manuel Rojas deambula por el mundo de las vivencias personales, atiborrado por sus innumerables peripecias. La novela Lanchas en la Bahía no es ajena a este itinerario novelístico. Todo expuesto con el vigor de su pluma que no se abanderiza con corrientes literarias, sino describe naturalmente lo vivido.

Logra el portento de cautivar al lector y emocionarlo con sus anécdotas.

Posee un estilo irrepetible, muy en la onda de Joyce, Faulkner y Proust, en el sentido de priorizar el monólogo interior o fluir de la conciencia. Entendemos que esa tendencia comenzó con él en las letras chilenas. Hay también en su prosa imágenes poéticas realmente brillantes, propias de alguien que vivió innúmeras vicisitudes, provocándole una sensibilidad más allá del común. Recordemos que Rojas estudió hasta los 11 años y luego su vida traqueteó por los vaivenes de diferentes oficios, todo lo cual le permitió atesorar una caudal de experiencia que luego trasvasijó al papel.

Únese a ello su afán por leer e instruirse.

Fiel a su filosofía de vida, sus personajes reflejan esfuerzo, emociones, sentimientos, grandezas y un sentido de la solidaridad que conmueve y atrapa.

Al final, cuando se levanta los ojos del libro, después de haber tropezado con la palabra FIN, se posee la sensación de haber vivido un momento de intensa autenticidad. Todo lo expuesto respira sencillez, cierta inocencia, un perfil honesto de quien ha existido sin rodeos. Susténtase allí un mundo de aventuras, sin retoques ni afeites ni tics estilísticos, donde todo es humanidad, simpleza, claror, es decir, desfila ante nosotros la vida misma … la vida simplemente.