MAX JARA Y JULIO SILVA CIFUENTES

Prohibida su reproducción, salvo que se mencione el nombre del autor y la fuente.

EA (7)Jorge Arturo Flores

Son dos poemas de rimadores chilenos de principio del siglo Veinte y cuya característica peculiar es su actitud personal frente a la cotidianidad, en el sentido de alejarse de ella, no hacer ruido y solamente dedicarse a lo suyo, que es crear. No fueron muy prolíficos en esto de aumentar el caudal de libros en el mundo, pero tuvieron aciertos notables con varios versos.

Max Jara con uno, Ojitos de pena. Julio Vicuña Cifuentes fue más pródigo. Además de La Ocasión, tuvo otros, en que resalta el dedicado al Asno. Notable.

Todos somos distintos, nada nos semeja. Y en este caso eso cobra mayor relevancia si vemos el perfil humano de ambos. Max Jara, por ejemplo,  recuerda a Carlos Droguett por su nula simpatía y acidez hacia el medio. Pesadísimo. Sorprende sin duda la ternura de su poema, todo un clásico y cuesta imaginarlo como autor. Pero así son las cosas en el arte. A veces la apariencia física o el comportamiento humano no corresponden mucho a la hora de procrear.

Julio Vicuña Cifuentes es la contrapartida. Si bien humilde y retirado, al menos hay de él una imagen  sencilla, humilde, docta, espontánea.

¿Por qué hemos traído a cuento estos dos poemas?.

Porque tienen algunas similitudes. Una, el embarazo juvenil. Otra la antesala de ello. Luego, la trágica existencia de la niña, cerrando el círculo de su vida con un resultado triste, hasta melancólico, sufriente y asumido. En lo que son absolutamente parecidos es el orden, la sencillez, la claridad, el ir flotando en la corriente sin ofrecer resistencia, mostrando la situación.

Comprensible para todos, incluso para los que se resisten a la inteligencia.

En La Ocasión el poeta desenrolla lentamente la acción a través de  preguntas de la madre, como al desgaire, seguramente mientras realiza su tarea doméstica,  y las respuestas de la hija, quizás con la mirada en el suelo y las manos a los lados, laxa. Comienza en el cortejo y finaliza con la  acción física. Ojitos de pena, por su parte, principia con el nacimiento de la criatura en la cuna, meciéndola,  crece y muere en un círculo que es la vida misma.

En el poema de Vicuña Cifuentes hay algo más bien frio, contenido, aunque se respira la atmosfera de la muchacha que va excusando en sordo murmullo la pérdida de su virginidad. Una excusa muy valedera. Meditada. Hasta objetiva. Real.

En los versos de Max Jara hay más ternura, cierta comprensión, existen preguntas sin respuestas, nada explica el llanto de la niña, madre y abuela. Hay un dolor que traspasa las generaciones. Una pena honda de amor.

Allá, la ocasión. Acá, el amor.

En ambos hay coherencias que hacen estos dos poemas muy parecidos en el fondo, aunque distintos en la forma.

Recordemos estos dos poemas:

Ojitos de pena
carita de luna,
lloraba la niña
sin causa ninguna.

La madre cantaba,
meciendo la cuna:
“No llore sin pena,
carita de luna”.

Ojitos de pena,
carita de luna,
la niña lloraba
amor sin fortuna

“¡Qué llanto de niña,
sin causa ninguna¡”,
pensaba la madre,
como ante la cuna:
“¡Qué sabe de pena,
carita de luna!”

Ojitos de pena,
carita de luna,
ya es madre la niña
que amó sin fortuna;
y al hijo consuela
meciendo la cuna:

“No llore, mi niño,
sin causa ninguna;
¿no ve que me apena,
carita de luna?”

Ojitos de pena,
carita de luna,
abuela es la niña
que lloró en la cuna.

Muriéndose, llora
su muerte importuna.
“¿Por qué llora, abuela,
sin causa ninguna?”

Llorando las propias,
¿Quién vio las ajenas?
Mas todas son penas,
carita de luna.

La ocasión

-La rosa que ayer tarde en el jardín cogiste,

ya no estaba en tu pecho al volver del salón:

-quien pudo arrebatártela si ti no se la diste?

-La ocasión, madre, la ocasión.

-En tus mejillas rojas hay la huella de un beso

(los besos dejan huellas cuando pecados son):

i quien pudo, sin tu gusto, consumar este exceso?

-La ocasión, madre, la ocasión.

-Tu rostro languidece, se te acorta el vestido

y ya le viene estrecho al talle el cinturón:

-quien pudo ajar tu honra, si ti no lo has querido?

-La ocasión, madre, la ocasión.

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