Los otros Mitos Chilenos

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Jorge Arturo Flores

La historia no oficial de nuestro país es rica en mitos y leyenda. Tal vez es una forma de adornar con valores propios la historiografía que no reúne las condiciones ideales para sentirnos orgullos de ella.

Son los otros mitos chilenos, distante de los tradicionales.

¿Quién no ha escuchado desde chico, por ejemplo, que la bandera, la canción nacional, los vinos, las mujeres, los soldados, son los mejores del mundo?., ¿Quién no ha oído orgulloso que la tradición democrática de Chile es única en América Latina, lejos de las otras, las de nuestros vecinos?. Cuando alrededor nuestro surgían asonadas, golpes militares, dictadores se eternizaban en sus puestos, había muerte y genocidio por doquier, ¿no nos sentíamos, acaso, en una isla, protegidos, orgullosos de nuestra tradición democrática, con elecciones y todo?.

Ciertamente.

Sin embargo, la realidad ha sido dura con este país y se ha encargado de mostrarnos que la cuestión no era así, tan simple y prístina.

Recordamos haber tenido en nuestras manos una historia universal, un mamotreto donde se daba cuenta de todas las historia de los países del planeta. Leímos algunas, hurgamos en otras: la constante era las guerras, (civiles y entre países vecinos), los golpes militares, la ausencia de elecciones y de democracia. ¡Ah, nos jactamos íntimamente, estos no son como nosotros, país de tradiciones republicanas y democráticas!. Poco nos duró la soberbia, cuando leímos lo relativo a nuestro país: una documentada seguidilla de guerras internas, golpes militares, asonadas populares, exterminio de los pueblos indígenas.

No lo podíamos creer.

Están surgiendo libros de reflexión política, más bien sociológica, que encaran esta tradicional soberbia  chilena en torno a sus mitos. Y la verdad es que no estamos saliendo bien parados. Se acabó aquello de los “ingleses de América”, por ejemplo. También terminó el mito de la “Pacificación de la Araucanía” (una cruenta guerra contra los dueños de la tierra en el sur). Finaliza la certeza que en nuestro país no existe lo mismo que en otros, es decir, golpes militares, corrupción oficial, dictaduras (la de Portales lo fue al igual que la de Ibañez y Pinochet). En término de belleza femenina, ya lo sabemos, hemos tenido una Miss Universo. Nada más.

Los vinos nuestros son muy buenos, pero siempre estuvieron detrás de los europeos, especialmente los franceses. Hoy tal vez los estamos equiparando.

La valentía de los soldados ha quedado en interdicción cuando se sabe que actuaban bajo el efecto, no del patriotismo, sino ésta tomaba forma de alcohol, aguardiente, pólvora y, ahora último, de cierto tipo de sedación.

Se caen los mitos chilenos a pedazos.

Y es bueno que ello ocurra. Así nos mostramos tal cual somos: autoritarios, soberbios, jactanciosos, más teóricos que prácticos, conservadores a ultranza, discriminadores, la mayoría con complejos de nuevos ricos y de títulos, etc.

Los mitos continúan cayendo a jirones.

A ver si alguna vez nos entendemos mejor y no vagamos en la nebulosa de la gloria marchita  y de los mensajes patrioteros que no conducen a nada.

Publicado en El Litoral de Constitución

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