MOLESTIA POR EL ÉXITO EDITORIAL DE OTROS

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Jorge Arturo Flores

Existen, no sólo en Chile, sino en otros países, escritores que han obtenido el éxito de ventas y, por consiguientes, están felices. Sus libros son acogidos por miles  de lectores, que los aplauden y miman.

En general, les llaman best sellers.

Esta expresión, en boca de escritores que, curiosamente,  no obtuvieron éxito en su carrera literaria, es sinónimo de mediocridad, menoscabo del arte, humo,  parafernalia, o sea, cero aporte artístico.

Es lo que vemos, leemos y se cuenta.

A vuelo de pájaro, Isabel Allende es el caso más común en Chile. También el de Hernán Rivera Letelier. En Brasil debiera ser Paulo Coelho y Barbara Woods en EE.UU.

En esta larga y angosta faja de tierra, espada pegada a la Cordillera de los Andes, los colegas de Isabel Allende y Hernán Rivera Letelier les han hecho la cruz con entusiasmo, los derriban sin asco,  brindándole nula chance artística. Sólo apuntan que son buenos vendedores, o, como nos dijo alguna escritora cierta vez, son más “sellers” que “best”. Fue en una mesa redonda en la estación Mapocho, cuya tema central era “Las Escritoras Chilenas”.

Isabel Allende, por supuesto, no fue mencionada y se lo mencionamos a la escritora que participó en la ronda.

¿Por qué molesta tanto el éxito editorial de algunos escritores?. Tanto, como para negarles la sal y el agua de un mínimo juicio. ¿Envidia?.¿ Exquisitez literaria?. ¿Academicismo intolerante?. ¿Menosprecio?. ¿Injusticia?. ¿Ausencia de literatura?. ¿Qué?. ¿Existen otros casos similares?.

Es un tema de muchas aristas.

La que más sobresale y es instantánea es la melancolía por el bien ajeno, o mejor dicho, la envidia. Pero, a esas alturas artísticas, cuando la mente literaria, se supone, tiene una elevación espiritual superior a los que caminan a ras del suelo, sin pensar en vuelos, ¿es posible concebir tal inclinación?.

Ciertamente la piel literaria es muy sensible, como un desollado vivo, especialmente cuando no le va bien con la venta, los lectores y la crítica. Pero de ahí a denostar a los colegas que tocan el cielo, venden como dioses y son abanicados por la sonrisa del éxito, resulta, hasta cierto punto,  un contrasentido, hasta un despropósito.

Se espera, ciertamente,  otra reacción.

Pero escrito está que en los reinos donde campea el arte no será precisamente regocijo el que fulgurará en las almas  por el éxito ajeno, sino todo lo contrario.

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