NAVIDAD A SOLAS

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Ciertamente Navidad es la fiesta religiosa donde impera la alegría y prevalece el sentimiento del amor. Es una fecha que los niños recuerdan con especial énfasis por los presentes que reciben. En general, reina un espíritu fraterno y pleno de cariño, lo cual es bueno. Por un instante, el mundo detiene su loca carrera y, en segundos, piensa en ese sentimiento que es contrario al egoísmo, como es el amor. No obstante, como todas las cosas de la vida, hay el lado oscuro. Existen personas que, en esta fecha, están solas. No es sorpresa. Todos estamos solos en algún momento. Pero esta soledad en Natividad es más doliente. Muchas no tienen parientes, familias ni amigos. Sí, hay gente que lo ha perdido todo en materia sentimental. Algunas estarán acompañadas por extraños que los cuidan con esmero, pero hay otras, y es el punto, que estarán absolutamente solas en su mesa de comer. Meriendan en silencio y dejan vagar la memoria por los recuerdos infantiles, aquellos que le traen sus experiencias navideñas cuando niños, esperando el Viejito Pascuero, sintiendo el olor a los regalos, jugando desde temprano con ellos al día siguiente en instantes maravillosos. Recordarán, sin duda, a sus padres, hermanos y familia. Rememorarán la cena navideña, único momento en que la familia se une en un efecto simultáneo de amor y paz. Estarán solas con sus pensamientos. Vagarán su vista por la ventana recordando tiempo mejores. Crujirá su corazón de pena. Creerán oír las voces de antaño, las risas infantiles, el ruido de los regalos al abrirse, las voces de sus padres, pero, ante todo, recordarán a los seres que ya no están a su lado. Observarán con melancolía la puerta por donde no llegarán sus hijos con los nietos ni los amigos ni sus padres.

No queda nada y están solas, absolutamente solas en el universo.

Mi madre nos indicaba que Navidad era triste. Así la percibía, pese al regocijo en torno. Lo pensamos muchas veces. Encontrábamos que era un contrasentido. Pero el canto navideño “Noche de Paz” es triste, esa salmodia lenta, acompasada, que, aunque habla de paz, es tristona.

Hoy, sin nuestra madre, es realmente triste.

Vaya este mensaje de paz y amor a las personas que en esta fecha, tan importante para la humanidad, están solitarias, sin hijos ni padres ni hermanos ni parientes.  Conocemos algunas. Deben ser muchas. Para ellas, entonces, nuestro cariño, nuestro recuerdo, nuestro abrazo fraterno.

Para que, por un instante, no tengan Navidad a solas.