NICANOR PARRA ANTIPROSA

Prohibida la reproducción de este texto, salvo que se indique el nombre del autor y la fuente.

antiprosas-portada

 

Por Jorge Arturo Flores

Los poetas en general, si bien no con la asiduidad y  entusiasmo de los prosistas, también incursionan con éxito relativo en la prosa, especialmente ensayo, prólogos y crítica literaria. Hay páginas de bardos que enaltecen el lenguaje, en especial, por su irresistible afán de adornar el texto con matices poéticos, lo cual, como decíamos, les resulta inevitable.

Quien gana en estos campos, sin duda, es el lector porque lee glosas originales, delicadas y atractivas.

Nicanor Parra también siguió la escondida senda. No fue muy profuso, pero algo creó. Tiene un cuento, que es originalísimo. Sus otras participaciones son breves, pero no por eso menos intensas. Tal matiz posibilitó el interés por recopilar y publicar sus prosas. No obstante ello, llama la atención la exigüidad prosística del gran vate nacional.

¿No habrá más por ahí?.

En efecto, hay más, no en cantidades industriales, pero sí lo suficiente como para ser considerado,  como lo demuestra este inserto obtenido en internet: “La segunda incursión prosística de Parra la constituye El ángel, fragmento de una tragedia novelada aparecido en el número dos de la Revista Nueva (1936). Su autor la recuerda como una pieza de teatro nudista avant la lettre. Sin embargo, las siguientes narraciones del escritor abandonarían ese camino, asumiendo un tono premeditadamente lírico, como lo demuestra su cuento Tomás o el ayudante del otoño, prosa poética no del todo convencional, publicada en el número 11 de la revista Aurora de Chile (1939), que dirigía Pablo Neruda. Ese mismo año el diario La Ley de Chillán le publicó a Parra el cuento La dama del velo encantado. Otro par de textos permanecen olvidados en publicaciones de la época. Su autor no volvió a insistir en la narrativa.”(Letras 5).

¿Qué sucedió con el antologador de este libro, cuyo nombre permanece en el anonimato, seguramente para eludir los ataques?. ¿Se durmió rápidamente después de encontrar algunos textos, le dio irresistible tedio investigar más o no previno que habrían algunos lectores más avisados que él y lo desenmascararían?. ¿La ley del menor esfuerzo para obtener el mayor retorno económico?. ¿No tenía, en definitiva, dedos para el piano y se embarcó desenfadadamente en la odisea con más pechuga que un pato?.

Caiga sobre él la maldición divina…

EL LIBRO

Contiene un prólogo de Carlos Peña, rector de la Universidad que propicia esta publicación, denominado Las Huellas Tempranas de la Antipoesía. El ejemplar  está compuesto de 2 partes. La primera la forman el cuento Gato en el Camino (1936), Declaración Preliminar (1948), Poetas de la claridad (1958), Discurso de Bienvenida en honor de Pablo Neruda (1962), Carta abierta a su excelencia el presidente de la SECH (1970), Improvisaciones más o menos premeditadas (1975) y Una Gran Verdad (1980).

La Segunda parte es la memoria para optar al grado de profesor de Matemáticas y Física de la Universidad Chile: René Descartes (1937).

Luego viene lo curioso.

Sin ninguna separata aparecen Carta a Tomas Lago (1949) y Charla de Temuco (1982).

Si el libro fue fraguado al través de una cronología, como está hecha la Primera Parte, estos dos últimos deben pertenecer a la primera etapa: el primero después de Declaración Preliminar y Charla de Temuco debiera ser el último (1982).

¿Qué ocurrió?. ¿Hallaron estos dos textos después de tener confeccionado el libro?, ¿Quisieron darle otra connotación o simplemente se les olvidó rotular Tercera Parte, que podría ser lógico, aunque, si nos atenemos a la cronología, no lo es.

Sin duda la notación carece de relevancia, pero lo mostramos como un dato curioso.

Lo  evidente, eso sí,  es que la cronología se rompe.

BREVES COMENTARIOS

La prosa de Parra revela, sin ambages, con decisión inquebrantable, su vocación de antipoeta. En cada uno de los textos  aflora lo que él pretendió desde un principio.

No hablaremos del cuento “Gato en el Camino” puesto que ya fue analizado en nuestra página web www.escritorjorgearturoflores.wordpress.com.

Respecto de los otros digamos que a simple vista sobresalen La carta  al Presidente de la SECH y, por supuesto, el denso escrito sobre Descartes. Luego podríamos citar como textos esclarecedores Charla de Temuco y Carta a Tomas Lago por lo que significa “las huellas tempranas de la antipoesía”, como asimismo, Poetas de la Claridad. Muy breve, casi obligado se contempla el prólogo a la Negra Ester de su hermano Roberto en Una Gran Verdad. Más  breve aun su Declaración Preliminar que es toda una “summa” de su intención poética. Y resultan interesante Improvisaciones más o menos premeditas, donde asoma la pupila antipoética del autor. Fue escrita en la revista Manuscritos.

No, no hemos olvidado el famoso discurso de bienvenida.

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Neruda, como sabemos,  no era santo de la devoción parriana. Si bien al principio congeniaron, posteriormente el poeta chillanejo se despegó del círculo de aduladores y prefirió elevar vuelo propio. Esto dicho en una forma amable, porque el fondo del asunto es otro. Esto ya sucedía cuando le pidieron que leyera el Discurso de bienvenida en Honor de Pablo Neruda a la facultad de Filosofía y Educación de la Universidad de Chile. ¿Ignoraban los organizadores esa malquerencia de Parra hacia Neruda?. ¿Pecaron de ingenuos, no estaban al tanto del comidillo literario  o simplemente lo  hicieron adrede, haciéndose los despistados?.

Vaya a saber usted.

Lo cierto que el discurso parriano, si bien parece elogioso, es un feroz speach irónico sobre la vida y obra de Neruda. Usando la hipérbole y el panegírico, satiriza al homenajeado, pero con una gracia, con una inteligencia, con una sutileza que, al parecer, no fue captada en su totalidad. También aprovecha la congruencia para descubrir lo que traía bajo el poncho: la promoción de la antipoesía. Hay párrafos precisos, sin rubor, ofreciendo el conocimiento de esta nueva modalidad poética.

¿Habrán detectado los productores, mientras escuchaban,  estos tenues matices?.

Leyendo el discurso de marras aparecen las inserciones de varios poemas de Neruda, que tienen que ver, evidentemente, con la idea del orador. Unos breves y otros larguísimos. Uno tiene SIETE PAGINAS: “El hombre Invisible”, que es un poema mediocre. El trabajo que se dio el antipoeta para escribir el texto en comento fue arduo (no existía el computador personal). Y ardua debió ser la lectura en medio del discurso. La longitud del tema podrá interesar al principio, pero luego  fastidia. Incluso pensamos que el mismo Neruda debió incomodarse. ¡Qué manera más sutil de aporrear un poema!.

¿Nadie se  percató de esta situación?

Luego viene, de inmediato, “oda al caldillo de congrio”, que ocupa dos páginas y media. DOS PAGINAS Y MEDIA. Es decir, los auditores tuvieron que tragarse la lectura de dos poemas completos que llenaban por lo bajo NUEVE PAGINAS. Pero dejémoslo en SIETE páginas porque el otro, el del caldillo de congrio, debió, al menos, saberles más sabroso y balsámico.

¿Homenaje?.

Da para pensar.

Finaliza la extensa reflexión con otro poema. No, no es de Neruda. Se llama España y es de Wystan Hugh Auden, traducción de Jorge Elliot. Habla del ayer y del mañana.

Cualquier flechazo a la poesía de Neruda es, por supuesto,  simple coincidencia.

En suma, el discurso es un panegírico, pero, entre líneas, es todo lo contrario. O sea, un anti discurso.

¿Habrán aplaudido con entusiasmo los promotores del discurso citado?.¿Se les dibujó una sonrisa complaciente en sus facciones  al final del evento?.

Apostamos afirmativamente.

 

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Carta Abierta a Su Excelencia el Presidente de la SECH” es un texto demoledor que deja al Presidente de entonces, Luis Merino Reyes, comunista declarado, en posición desmedrada y con su dignidad a la altura del unto. Parra le hace ver su accionar deplorable, especialmente con la persona de Ionesco. Lo amenaza con pelear a la chilena (“pata y combo y gargajo al ojo”), lo trata del Gran Dictador de la Literatura Chilena, pide su dimisión. Luego indica que la SECH, nido frecuente de comunistas (eso lo decimos nosotros), es el Pentágono del pensamiento chileno. Antes hizo toda una relación entre el yuppie y el hippie, todo enfilado hacia el energúmeno.

Finalmente lo liquida diciendo: “Y como despedida: Ud. es un escritor de cuello y corbata Sr. Presidente, es decir, lo último de lo último”.

Parra, en verdad, entre tanta ironía, sarcasmo y golpes al mentón, estaba realmente agriado por la actitud del entonces presidente de la SECH.

Y lo demostró a su manera. ¡Y de qué manera!

Ahora se explica, entonces, que los comunistas no lo tengan como patrono de sus oraciones  ni menos  le admiren con delirio ni fomenten, por supuesto,  una colecta para erigirle una estatua…

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No lo enuncian, pero, al parecer, “Charla de Temuco” fue una conferencia o discurso que el antipoeta ofreció en el Liceo de Niñas de Temuco en el año 1982.

Lo decimos por la forma en que está confeccionado.

El contenido en sí comienza con la consabida reverencia a Gabriela Mistral, expresando que tuvo el honor de conocerla y que  agradece infinitamente el que haya sido tan gentil con sus poemas. Lamenta su fallecimiento prematuro porque de lo contrario habría comprobado cómo sus juicios resultaron realidad. Posteriormente se hunde en  la antipoesía, cómo la encontró, porque se decidió, etc. Es la génesis del antipoema. Entremedio alude al marxismo, indicando rápidamente que  nunca fue marxista militante. Solo fue cogido por aquello de la justicia social y las desigualdades humanas. Nueva cachetada a los comunistas. Más adelante alude al concepto de poesía y antipoesía como un intento de recobrar la identidad perdida. Dice:” el problema  de la expresión poética es el problema de la identidad perdida” y desarrolla el tema con acierto. Finaliza con la preocupación que tenía en 1982 por la ecología, por el maltrato de planeta, por la pérdida de conciencia ecológica. Era, repetimos,  1982. Y cita un libro publicado en esa fecha con el título Global 2000, haciendo prácticamente un vaticinio de lo que ocurriría más adelante, es decir, en el año 2000.

No estuvo tan equivocado.

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Poetas de la Claridad se intitula el artículo publicado en la Revista Atenea de Concepción por el poeta chileno. Dice relación con un discurso pronunciado en 1958 en el Encuentro de Escritores de la ciudad citada. Aquí Parra hace referencia a la antología de poetas jóvenes propiciada por la Sociedad de Escritores de Chile. Entre los elegidos estaban Luis Oyarzun, Jorge Millas, Omar cerda, Victoriano Vicario, Hernán Cañas, Alberto Baeza Flore, Oscar Castro y Nicanor Parra.

El antipoeta nota el factor visionario de los antologadores y circunscribe su texto a la revolución que entonces armaron en torno a la creación poética. Teniendo como bandera de lucha la claridad y la naturalidad de los medios expresivos, Parra hace ver el éxito que ello importó y cómo, al través de los años, permaneció vigente, desplazando a las corrientes reinantes. Hay guiños al surrealismo y a los dioses poéticos que entonces prevalecían. Por ahí, también, hay un brevísimo alfilerazo a Gonzalo Rojas, otro que bien baila, con quien no tuvo precisamente buenas relaciones. Andan textos de Rojas con expresiones poco felices respecto del chillanejo y todo hace suponer que, por bajo, fluía cierta corriente de indesmentible melancolía por el bien ajeno.

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En Declaración Preliminar, que es en el fondo, una declaración de principios escrito en la antología de Hugo Zambelli “13 poetas chilenos, Parra habla de la función del artista y del idioma. Aquel, dice,  debe expresar rigurosamente las experiencias personales sin comentarios de ninguna especie. El idioma es el vehículo para ello. Señala que huye instintivamente del juego de palabras y su mayor esfuerzo es reducirlas al mínimo. Busca una poesía de hechos y está más cerca del hombre de ciencias, que es el novelista, que del poeta. Rechaza “la forma afectada del lenguaje tradicional poético”. Prefiere el lenguaje periodístico. No le agrada el  romanticismo exclusivista  y le atraen del alma humana la frustración y la histeria.

Muchos de estos preceptos se desarrollaron en su trabajo artístico.

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En Improvisaciones más o menos premeditadas, Nicanor muestra en toda su extensión el alma del antipoeta que portaba desde tiempo. Partiendo por el título, que es un contrasentido irónico, al igual, por ejemplo, que el título que le dio a Las Hojas de Parra en su versión teatral: Salto mortal en un acto,  el texto narra  algunas experiencias del autor que luego va estampado en murallas y pavimento con tiza de bolsillo. Por un lado orina contra un muro de ladrillo mojándose los pantalones. Luego se agacha a recoger una piedra con la cual había tropezada, pero está salió huyendo. Era un ratón. También escribió en el espejo de una peluquería indicado el alto precio del “corte de pelo vulgar y corriente”. Cae de un tranvía y escribe en el pavimento. En una plaza se apoderó de una cámara fotográfica, huyendo, pero es alcanzado por el dueño. Allí el absurdo es mayor. Fue a la catedral, subió al campanario y en la barra horizontal de la cruz escribió ”the world es falling apart”.

Posteriormente aceptó unas clases de trigonometría. Memorizó el teorema del coseno, pero olvidó la demostración. Salió del apuro pasando lista a los alumnos, les preguntó sobre temas de actualidad y se retiró con el libro de clases.

Las frases con tizas  aparecieron por todas partes y lo culparon. Se recluyó en su habitación por siete días.

Al final vinieron las felicitaciones, los aplausos, las ovaciones de pie. Pedían su autógrafo. Como eran tantos optó por colocar su firma. Así,“ en un dos por tres despachaba muchedumbre de admiradores”.

Cuando se va leyendo estos breves texto, el lector, inevitablemente, acompaña la lectura con una leve sonrisa.

CONCLUYENDO

Libro interesante, aunque no completo, que habla sobre las correrías en la prosa del conocido poeta chileno. Quienes lo recopilaron lo hicieron, de seguro, con la mejor  intención del mundo, pero se les acabó la bencina a medio camino y el texto no recoge la mayoría de los escritos  del vate.

Para otra eventualidad quedó el juicio sobre  Descartes. A estas alturas, el lector, con la extensión de este comentario, no quiere más guerra y seguramente bostezó varias veces.

Como respetamos su tiempo, lo dejamos hasta aquí.

Ah, y  gracias por la atención dispensada.

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