NICANOR PARRA: El Último Apaga La Luz

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¿Cuántas son las antologías de Nicanor Parra en su larga trayectoria literaria?. Antes de mencionarlas, hay que especificar el origen. Unas fueron publicadas primero en el extranjero y luego llegaron acá, aunque alguna se quedó for ever por esos lares. Y las otras son las divulgadas en Chile. También hay que distinguir entre las elegidas por chilenos y por extranjeros.

Pequeños detalles que forjan el conjunto.

Varios florilegios tuvieron un fin específico, específicamente los premios ganados o por obtener. Ante todo el marketing y el lobby. En el exterior se publicaron, entre otras, Antipoemas, (1960); Antología, Rusia, (1965); Poems and Antipoems, EEUU, (1967); Poemas, Cuba 1969, Antipoemas, España (1972); Emergency Poems, EEUU (1972,), Emergency Poems USA, (1974), Antipoems: New and selected, New York (1986), , Poesías para combatir la Calvicie, selección y prólogo del peruano Julio Ortega, México (1993), Poemas y antipoemas selección Hugo Montes, Madrid (1994), Páginas en Blanco, editada por la Universidad de Salamanca (2001), How to look better & feel great, al cuidado de Liz Wergner, Nueva York (2004) Parranda Larga, selección de Elvio Gandolfo (2010), After-Dinner Declarations, traducción Dave Oliphane, Texas (2010).

Como se observa, la admiración por la obra de Parra en el extranjero es admirable y abrumadora.

Es un matiz que se ha repetido con otros vates chilenos. Recordamos a Vicente Huidobro y Gabriela Mistral en sus inicios.

Chile no se ha restado en este afán, aunque en menor medida, por decirlo de una manera suave. Las Antologías en torno a su producción son escasas. Últimamente han apurado el tranco, más que nada por la cronología del antipoeta: más de 100 años. Los escogimientos chilenos: Obra Gruesa (1969), Poesía Política, selección de Enrique Lafourcade (1983), Un Puñado de Cenizas, al cuidado de Nain Nomez (2015) y El Ultimo Apaga la Luz, selección Matias Rivas (2017).

No vamos a decir ¡qué bruto de antologías!, como diría el Chavo, pero “peor es mascar lauchas”, como indicaría Parra.

La diferencia con las extranjeras son los títulos: Obra Gruesa, Un Puñado de Cenizas y Apaga la Luz, más acorde con la antipoesía parriana. En cambio, el exterior nos devuelve rótulos más serios, con excepción de Parrada Larga, Poemas para combatir la calvicie y Página en Blanco.

No mencionamos las publicados en inglés.

El último Apaga la Luz (2017)

Tiene el subtítulo de “Obra Selecta”, vale decir, es un escogimiento realizado por Matías Rivas de acuerdo, lógicamente, a su parecer. Al contrario de las anteriores antologías y de la generalidad de ellas, la explicación del antologador está al final del ejemplar, no al principio, como se acostumbra. Ya es una novedad.

Es la única.

Porque si nos atenemos a la clasificación de esta “obra selecta”, no daremos cuenta que no hay nada nuevo bajo el sol, todo lo reunido ya lo fue en las anteriores colecciones. Tal vez la inclusión de poemas inéditos podría darle otro cariz al asunto, pero no divisamos ninguno. Deberemos arreglar nuestros anteojos. Ahora, si los hubiere no se necesitaba ciertamente de un volumen de estas proporciones (más de 450 páginas) para publicarlo.

Podríase comparar con la publicidad “cómprese un automóvil (libro) y le regalamos una camiseta de la selección chilena (inédito)”.

Ahora bien, la pretensión de Matias Rivas al publicar la antología de marras es ofrecer “el centro neurálgico” de la obra poética de Nicanor Parra, o sea, representa algo así como una obra esencial del antipoeta (lo dice, por lo demás, la portadilla).

La intención es sana, como cualquiera que se interne en estos parajes.

Pero de inmediato asoma la inquietud, claro que sí, porque la cuestión no es tan simple: ¿en qué se basó, bajo que parámetros, qué medida utilizó, de acuerdo a que método?. El escogedor es un trabajador universitario y, según la prensa, perito en la obra de Parra. Tiene entonces méritos para realizarlo. Pero ocurre que los anteriores, ya sea en Obra Gruesa, Poesía Política y Un Puñado de Cenizas, por nombrar sólo a las chilenas, también poseían antecedentes sobrados.

Por ese lado, entonces, nada nuevo bajo el sol.

El hombre no indica su metodología, pero tiene la sinceridad de utilizar el yo y decir que él incluyó, escogió, seleccionó lo que le pareció más interesante de la obra. Aplausos. Esa si es que es novedad. No se refugió en el impersonalismo ni en la pesantez académica.

Merece un premio.

En otras palabras, recurrió a la conocida medida del gusto personal. El vilipendiado instrumento que utilizó por más de medio siglo el mejor crítico literario de Chile: Alone.

Suenan de nuevo los aplausos.

Y le daremos otros más porque la selección es plenamente coetánea con la nuestra. Incluso en un opúsculo dedicado a Nicanor Parra y en todos nuestros comentarios publicados en las redes sociales sobre su trayectoria, indicábamos como parte esencial La Cueca Larga, Versos de Salón, Canciones Rusas, los Poemas y Antipoemas, Sermones y Prédicas del Cristo de Elqui, Hojas de Parra, Discursos de Sobremesa (aunque diferimos con el de Guadalajara. Preferimos el de Huidobro) y Lear Rey & Mendigo.

Coincidencia halagadora para quien escribe estas líneas porque significa que nuestra apreciación respecto de Parra no estaba tan lejos ni parecía un despropósito. No olvidemos que Nicanor Parra es nuestro poeta favorito. Tampoco olvidemos que el autor de éste y otros escritos sobre Parra es simplemente un simple lector.

Es la oportunidad para aplaudirnos.

Bien. Dada así las cosas, queda la incertidumbre del lector que pagó una cantidad no despreciable de dinero por el ejemplar, la que habría sido mejor destinarla al consumo de necesidades básicas y no del espíritu, como en este caso. El libro hoy es un lujo. Por qué decimos esto. Porque aquí notamos algo que nos inquieta. Publicar un libro con un escogimiento de poemas que han sido mil veces antologado, que no suma nada, que es más de lo mismo, sin ofrecer ninguna particularidad que valga la pena la adquisición ni menos un estudio serio para respaldar tales asertos, suena absurdo.

Con haber escrito, en una revista literaria, un ensayo muy extenso señalando lo que Matías Rivas consideraba esencial en la poética de Nicanor Parra, bastaba.

Lo otro huele a negocio lisa y llanamente.

Y como tal, desagradable.