Nicanor Parra no se cree el cuento

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Por Jorge Arturo Flores

Hay en el gran poeta una actitud que no ha sido suficientemente reconocida por los medios de comunicación, que son los que pululan en torno de las celebridades. Es su absoluta prescindencia de la popularidad, su indesmentible desdén por las entrevistas y su afán casi obsesivo por vivir lejos de la parafernalia y del cotilleo banal. Por más que se le busca, no se le encuentra y es reacio a permitir en su intimidad la invasión de esos rapaces que se denominan periodistas o, los otros, los enemigos de la pulcritud intelectual y del espíritu literario, los reporteros de la farándula.

Vive hace muchos años en modesta casa ubicada en el balneario Las Cruces, acompañado de una señora que lo atiende. Lo visitan sus hijos y nietos.

Pero no llena portadas ni es mesa de centro ni se cree el gomero de la casa. Ni menos se muestra para las fotografías. Vive y viste austeramente.

Todo un ejemplo para quienes buscan con empecinamiento la gloria y recurren a los más inverosímiles medios para obtenerla. Estos, una vez arriba, continúan con similar obsesión…para no perder vigencia, aunque ello signifique trasponer otros recintos, donde el arte se ausenta.

Parra, en materia artística, lo consiguió todo: fama, éxito, premios, dinero. Tocó el cielo.

Misión cumplida.

Sin embargo nada de eso lo cambió y continuó con su vida, lejos, como genuino artista. En términos vulgares, “no se creyó el cuento”.

¡Que bárbara lección de humildad!.

 

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