NICANOR PARRA Y EL AMOR

 

 

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Por Jorge Arturo Flores

Suele ocurrir que la mayoría de los poetas incluyen preferentemente en sus trabajos el amor como motivo capital de sus creaciones. Ha sucedido desde tiempos inmemoriales y en la actualidad no es sorpresa contemplar a los aficionados poéticos manipulando la misma palanca de sus antecesores, en especial, cuando comienzan a soñar poemas.

Lo que puede sorprender es cuando el fenómeno se da a la inversa.

Son los que en sus inventos artísticos no incluyen el tema que nos preocupa y prefieren deslizarse por las llanuras del paisaje intelectual antes que el desarrollo de las efusiones íntimas.

Es una tendencia que tiene cultores.

En Chile hay varios que caminaron por esa senda.

Pero nos preocupa uno, el que da nombre al título de esta crónica.

NICANOR PARRA Y EL AMOR

Nicanor Parra no fue muy efusivo, a nivel literario se entiende, en materias amorosas y a vuelo de pájaro vislumbrados tres poemas conocidos que tratan el espinudo tema: La Víbora, El Amor Imaginario y Es Olvido. El primero es un ataque sin trabas sobre alguien que lo trató no precisamente con guante de seda. Los dos siguientes interpretan a cabalidad un estado de ánimo. Por ahí también vemos algunos chistes y artefactos que tocan el lazo conyugal, como aquella que “en toda pareja, hay derrota” o algo así (escribimos de memoria).

¿Por qué razón podría sorprender al lector impenitente del antipoeta esta ausencia notoria del sentimiento amoroso en su poesía?. La respuesta es simple: porque lo normal es que una persona que ha tenido innúmeros entreveros sentimentales, con 3 matrimonios a cuestas y toda la secuela natural que deja cada separación, lo normal, reiteramos, es que de alguna manera aquello se manifiesta en lo escrito.

Lo normal, decimos, no lo obvio ni obligatorio.

Parra tuvo en vida varias mujeres que lo acompañaron. El hombre no puede quejarse. Con algunas la cuestión “duró hasta que terminó”. Con otras no funcionó y todos recuerdan a la ciudadana sueca que le hizo la vida imposible después de la pérdida. Incluso se habla de influencia para que el antipoeta no recibiera el Nobel de Literatura. Hubo también el famoso “amor imaginario”, que lo dejó literalmente por las cuerdas. Es decir, material sobre el cual construir existió. Sin embargo, su poesía, en lo mayoritario, no refleja esos estados de ánimos que de alguna manera soliviantaron su existencia.

¿Timidez, introversión, pauta innecesaria, mejor el silencio y coger otros motivos, predominio de su formación matemática?.

Parece.

Donde derechamente toca el tema, no lo rehúye y habla de él, aunque con mucha ironía, cierto sarcasmo y picardía, es cuando lo entrevistan. Allí se expande y, entre otras cosas, dice que en el amor hay que darlo todo, menos la oreja… Si la niña está ahí, bien, sino está, bien también… La única manera de evitar los cuernos, es aceptándolos de antemano…

La clásica forma de “correrse por la tangente”.

POEMAS DE AMOR

Identificados los trabajos más representativos del sentimiento amoroso de Parra, como lo son Es Olvido, La Víbora, pero, muy en especial, El Hombre Imaginario, nos permitiremos acotar, en forma muy breve, lo que nos parece relevante en ellos.

Si los leemos con detenimiento, y sin olvidar las comparaciones con los clásicos versos de amor, salta de inmediato una característica, un matiz, una constante que se repite a lo largo de su muestra.

Es la carencia de emoción.

No hay fuego, ardor, sufrimiento atroz, padecimiento inmenso, esa cosa indescifrable que el amor deposita en el alma. Heridas sí, es lo que trasluce con alguna libertad. Pero si buscamos un texto que nos impacte por su tremenda agitación, esa que llega al interior, que mueve y conmueve, que hace vidriar los ojos o nos sobresalta por las semejanzas con nuestras experiencias, no la encontramos. Ante todo, son poemas descriptivos y narrativos.

La comparación con Los Sonetos de la Muerte es ineludible.

Toda la poesía de Parra, y volvemos al principio, trajina en el mundo de la intelectualidad, en la mirada al entorno, en las irreverencias hacia la estupidez humana, en el juego de abalorios con que el antipoeta sumerge a medio mundo, en la forma de romper mitos y sacudir la modorra poética. Es una constante y constituye su labor. Su meta.

Lo cual no significa que esté malo, sino es distinto.

Por lo demás, y no hay dudas al respecto, lo hace magistralmente.

La Víbora, por ejemplo, muestra un actor molesto, sufriente, en estado lamentable. Despotrica contra quien lo tiene prisionero. Es una mujer tirana. Habla pestes de quien comparte su cuerpo. Se siente oprimido y abusado. Es una relación de pareja dispareja, fortísima, sin sentido. Y lo refleja muy bien. De amor no queda nada, salvo al cierre, pero rápidamente la despacha.

Tal vez nos acerquemos a la íntima efusión en Es Olvido. Allí discurre sobre María, la niña que lo amó y “murió con su nombre en las pupilas”. Pero él la consideraba una amiga y nunca pasó por su mente el amor. Aunque, entre líneas, no le disgustaba. Todo el poema rezuma nostalgia, preocupación, lucha interna, cierto dolor, muy propio de quienes conciben el manido estremecimiento como algo trascendente en su vida.

Es una hermosa poesía.

Lo definitivo acaece cuando Parra se confiesa derechamente, aunque sea en tercera persona. Lo hace en El Hombre Imaginario. Allí hay un trasfondo inquietante que la parte descriptiva no alcanza a guardar. Ya sabemos la historia que lo movió. En el último verso encontramos, claro que sí, una alta extensión del sentimiento íntimo, de la pérdida no asumida, del dolor que atenaza y no suelta. Ahí está.

Y en las noches de luna imaginaria
sueña con la mujer imaginaria
que le brindó su amor imaginario
vuelve a sentir ese mismo dolor
ese mismo placer imaginario
y vuelve a palpitar
el corazón del hombre imaginario

Recién, al final, aparece el motivo que lo atormenta. Antes, habló de cualquier cosa, describió alrededores, preparó la escena y, finalmente, dio el golpe de gracia, sorprendiendo al lector: ” sueña con la mujer imaginaria”. Allí siente dolor, placer y ” vuelve a palpitar el corazón del hombre imaginario”, es decir, todo lo que concierne a ese sentimiento que hace fuerte a los débiles y débiles a los fuertes. Es un poema notable.

Pero con un lenguaje impasible.

CONCLUIMOS

Hemos cogida una hebra de la madeja parriana. Esta vez el amor. No es definitivo ni agota el tema. Es posible, incluso, que alguien discrepe. Son gajes del oficio. Constituye solo una breve reflexión de un simple leyente que admira toda la tarea del poeta chileno.

Ce tout.

Verano 11, 2016

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