NICANOR PARRA Y LA POLITICA

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Jorge Arturo Flores

La política, entrometida en la literatura, es un tema que mantiene  su plena vigencia en el siglo XXI. Viene de muchos años y, al parecer, es imposible erradicarla. Se dice que el compromiso social del escritor, poeta o artista en general, es indispensable y por ello el trabajo del arte debe ser la vanguardia de los cambios políticos que un pueblo desea sostener e idealizar.

He ahí una misión insoslayable, expresan los defensores, por lo general,   fanáticos e intolerantes.

Mayoritariamente este predicamento proviene  de la izquierda,  en especial comunistas al por mayor, junto a advenedizos ideológicos, provistos de la consabida mediocridad intelectual tan privativa de quienes se mueven únicamente en esos campos y cuyo mundo, por consiguiente,  solamente limita con el factor correligionario, no dejando penetrar algún rayo de luz al través de las junturas de su estupidez pétrea.

¡Y ay del ingenuo, del creyente de la democracia, que pretenda enmendarles la plana!. El diluvio de las afirmaciones (no argumentos) más increíble lloverá sobre sus cabezas, anatematizándolo y enviándolo con rapidez inaudita a las mazmorras del exilio ideológico con la consiguiente discriminación y rebaja  valórica de sus juicios.

En eso son maestros.

En el fondo, si no estás conmigo, simplemente no estás.

 

QUE LE OCURRIO A PARRA EN LAS ARENILLAS POLITICAS

 

Sin duda, en sus comienzos y  gran parte de su existencia, fue poeta de izquierda, comprometido con la idea básica de esa ideología. Prueba de ello  es su esforzada vida, los acontecimientos en lo que participó, sus opiniones, parte de su trabajo poético.

Pero no era amigo de militancias ni menos de figuraciones o ansioso de prebendas y privilegios. Por ello se distanció de Neruda, el poeta oficial de la izquierda. No le gustaba el culto de la personalidad, tan propio de los  comunistas.

Al alejarse del bardo rojo, lo apartaron de los círculos del mismo color.

Posteriormente, se produjo la rotura.

LA  FAMOSA TAZA DE TÉ CON PATTY NIXON.

Algo tan peculiar en las diplomacias (el encuentro con los enemigos, abrazos y apretones de manos mediante), no corrió con él. No le aceptaron recibir un  libro de Pat Nixon   y lo enviaron al mismísimo infierno burgués.

Por ese solo hecho,  lo destrozaron.

No lo perdonaron nunca. Hasta hoy. ¡Qué mediocridad más escogida, qué estupidez más concentrada!. Sin embargo, en aquellos tiempos en que imperaba  la guerra fría vimos publicado en los diarios de la época al ruso Nikita Kruschev saludando al Presidente de USA . Entonces, URSS (hoy Rusia) y USA no se tragaban y encendían el planeta con amenazas y más amenazas bélicas. Antes de los apretones diplomáticos,  protegido en su Rusia natal, el dirigente despotricaba contra Norteamérica, sus políticos,  el Presidente en medio. Nadie comprometía su opinión respecto a la remota posibilidad de verlos juntos algún día. Era imposible. Sin embargo,  se dio ante la indiferencia del mundo.  Recordamos como hecho anecdótico que  el hombre de marras golpeó con su zapato, apoplético, en 1960, en la reunión de la ONU,   su escritorio, porque no le agradó que un delegado de otro país criticara el régimen soviético. La tolerancia no era, ciertamente, la mejor de sus virtudes.

Seguramente sus adláteres aplaudieron.

Y  la escena se repite en  miles de dignatarios de miles de países en todos los tiempos:  enemigos irreconciliables, en medio de conferencias o reuniones, dándose la mano, sonriendo para las fotografías. Nadie se imaginaría que son  acérrimos contrincantes.

Hoy es parte del paisaje

Parra, por aceptar un libro de Patricia Nixon (él dijo que no alcanzó a tomar té) , cónyuge del Presidente estadounidense, fue declarado nada menos ni nada más que traidor a la causa comunista y se le sacó con rapidez sospechosa del listado de los escritores que realizaban genuflexiones a Cuba y Rusia.

Hasta hoy.

Increíble.

Para mostrar la inconsistencia de la medida, Parra escribió con ironía: “4 tazas de té / que estremecieron el siglo XX / 1960: Castro-Nixon / 1970: Parra-Pat Nixon / 1972: Mao-Nixon / 1972: Brezhnev-Nixon” (1972)”.

Como había que denigrarlo a toda costa, lo enviaron a la orilla opuesta, la derecha, con el cartel de “payaso de la burguesía”.  Ésta nunca lo tuvo ni  tiene ni lo tendrá en su santo reino. Aun mas, durante la dictadura quemaron sus “artefactos” en la universidad (el marino Jorge Sweet), también la carpa donde daba funciones su obra Hojas de Parra y más tarde una casa en la costa que él llamaba El Castillo. El fuego, como se observa, fue el medio más rápido para acallarlo.

¡Manerita de quererlo!.

En la misma línea, se le criticó acerbamente porque no fue al exilio y quedó dando clases en la Universidad de Chile. Oprobio total. Imperdonable actitud. No obstante, una gran mayoría de los dirigentes y militantes que condenaron al antipoeta, vivieron en la  burbuja que reprocharon, tuvieron un excelente pasar y hoy continúan ocupando los mullidos sillones que suministra la profesión política. Por supuesto, muchos han viajado a los países capitalistas de Europa y América, sin asco ni remordimientos.  Obviamente, mantienen, con singular cinismo e hipocresía, el consabido discurso anti capitalista, aunque usufructúen de él. Tampoco se mojan el trasero criticando los regímenes, los escasos que quedan, donde se conculcan las libertades básicas del ser humano.

Son una ternura de políticos consecuentes.

Parra, por no militar en partido, no tuvo esos privilegios.

Entonces, se volvió poeta ecológico y se alejó del mundo.  Desde su sitio  independiente, lanzó dardos envenenados a derecha e izquierda, a “diestra y siniestra”. Hasta las juntó en un artefacto brillante: “la izquierda y la derecha unidas, jamás serán vencidas”.

El problema que vemos es que aquellos  intolerantes,  fanáticos y fundamentalista políticos, tanto de derecha como de izquierda,   han transmitido visiones turbias a la historia. Entre ella, mantener esa óptica descerebrada sobre la ideología de Parra.

Como no  sirvió a sus intereses, en un acto muy “democrático”,  lo colgaron.

Hoy pertenecen a la moribunda minoría que aletea en su contra. Mal les ha ido, en todo caso, porque el nombre de Nicanor Parra, extraordinario poeta, traspasó las fronteras y es un inmortal de las letras chilenas. (¡Cómo debe dolerles!).

 

CUAN IMPORTANTE ES EL TEMA POLITICO

 

A todo esto, analizado en forma sucinta el itinerario político de Parra en Chile, especialmente  los arteros ataques  que recibió, cabe la pregunta: ¿importa, en realidad,  el continente ideológico del vate (o de los escritores en general), cuando, en sustancia, lo que realmente debiera interesar, y es lo que trasciende en el tiempo, es su trabajo literario?.

A los que han hecho de la politiquería su manjar predilecto y blanco de sus inclinaciones, incluso, profesión y filosofía de vida, les resulta obligatorio pregonarlo, es lo más significativo en el análisis pormenorizado de la obra de un artista. Tanto, que se descalifica de inmediato si no concuerdan con las suyas.  ¿Y la obra en sí?. Eso es lo que menos incumbe, se relativiza, se hace a un lado. Carece de valor. Para decidir tan delicadas materias, cuentan con un arsenal suficiente de explicaciones, sin descontar que se asilan, por nacimiento,  en una ignorancia supina, propia de  “anafalbestias”,  fáciles de adoctrinar y repitentes ancestrales, todo lo cual, si bien les impide paladear las mieles de una real poesía, les permite, en cambio, creerse casos únicos.

Sólo orgasman con la poemática panfletaria.

Para los que se apartan de esa vereda  y hacen   prevalecer el cometido literario (terrible falta sin duda),  aquello no es determinante y disfrutan a concho  la poesía parriana. No  desconocen las predilecciones políticas y  no se les oculta que las ideologías, definitivamente, se infiltran en la creatividad de los autores. Pero como no es la piedra filosofal de sus creaciones, la aceptan sin más  y no por ello segregan el afán poético.

Una lección no aprendida por los fundamentalistas.

La  obligatoriedad política en el devenir literario es motivo que cuesta aceptar. Para muchos, es  una lástima. Para los menos, miel sobre hojuelas.

 

CONCLUYENDO

No seremos ciegos al desconocer que el factor político está presente en la poesía de Nicanor Parra. Es ineludible. No en vano el hombre ha sido un espectador de la vida por más de 100 años. Algo  quedó pegado en tanto tiempo. En su beneficio habría que acotar que esa implicancia en su poesía también es notable y absolutamente distinta a las de sus colegas. Pero aquello no justifica  que cierta minoría fanática e intolerante le reste méritos única y exclusivamente porque no pertenece ni está adscrito a su ideología partidista. Es Impresentable.

Lo uno no puede conjugarse con lo otro.

El Arte es demasiado serio, importante y trascendente como para  banalizarlo, íbamos a decir, ensuciarlo,  con la inmundicia ideológica que nunca ha conducido a nada ni ha prestado  beneficios a quienes dice representar, sino al contrario, mantiene al planeta en un estado de ignorancia, mediocridad, pobreza  y permanente inseguridad social, política y económica, que es un sino permanente. En tan difíciles materias, es pertinente solicitarles, si no autonomía, al menos  mayor consecuencia, mejor conocimiento y alguna gota de humildad, aunque esto último es tarea imposible, tratándose de políticos.

Los escasos comentarios y algunos estudios académicos, sí académicos, que tratan sobre la política de Nicanor Parra en materias literarias no logran el espesor necesario para convencer, desbarran con facilidad   y sólo  traducen un fanatismo excelso que los títulos y pergaminos no consiguen encubrir.

En fin, el tema es inagotable y nadie  convencerá al otro.

Es una de las admirables características del ser humano.

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