NICANOR PARRA Y LA RELIGION

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Por Jorge Arturo Flores

Los escritores y poetas en general no son proclives a la arista religiosa. Su sensibilidad artística los hace apartarse de creencias que, en el fondo,  limitan su imaginación y la libertad de expresarse. Ahora, que existen autores que constantemente en sus obras se arrodillan ante Dios o le prenden velas o doblan la cerviz, los hay. Sin duda alguna. Y no son pocos. Pero  queda la sensación  de cierta distancia respecto al tema

Nicanor Parra, el excelso poeta chileno, no estuvo ajeno, en su creación, al vaivén religioso.

CRITICAS A LA IGLESIA CATOLICA

La religión católica lleva el pandera en cuanto blanco de  sus irreverencias, ironías y sarcasmos, criticando antes que enalteciendo su accionar. Sus versos transmiten las reservas que le merece el movimiento  en el acontecer del país. En verdad, no tan solo a él, sino al pueblo llano.

Hasta el Papa es salpicado y anda por ahí un poema que es admirable.

Hay en Parra una vista crispada, ácida, sobre los católicos, especialmente su jerarquía. Lo hace desde la perspectiva del hombre y del escritor. Digamos, a modo de información, que su óptica se remonta a los tiempos en que la Iglesia Católica poseía un alto poder social, mucho más que el de ahora y los ataques a sus jerarcas era prácticamente un suicidio.

Nicanor Parra tuvo ese atrevimiento

Hoy es pan de todos los días.

La crítica parriana se entronca un poco en la realizada por los evangélicos desde tiempos inmemoriales.  Generalmente éstos proliferan en los barrios pobres y entre gente de escasos recursos.  Alli son mayoría respecto de los católicos.  Parra creció en esos barrios, y, creemos, algo quedó pegado en su apreciación religiosa. No en vano cogió a un predicador evangélico como hablante lírico de sus Sermones y Predicas del Cristo de Elqui. Aunque enajenado, lo hace actuar como un representante natural, sin afeites, consecuente con su idea, más aterrizado con la imagen de Jesús y en abierta contraposición con los que siguen al mismo Nazareno, pero desde la vereda del frente.

La oposición religiosa es demasiado evidente.

PARRA Y LA RELIGION

El tema religioso en la poesía parriana no ha sido cogido en su relevancia y sucumbe fácilmente, ¡era que no!, al debate político que mantuvo el vate con la izquierda, específicamente, los comunistas.

Ignacio Valente, sacerdote católico, entusiasta admirador del bardo, aborda este punto, naturalmente desde su postura. Y no lo hace deficiente. El hombre, mal que les pese a los izquierdistas, es erudito, perspicaz y  buen crítico literario. Así es que su opinión, quiérase o no, importa. Lo curioso es su postura: sacerdote, absolutamente derechista, miembro  del Opus Dei, es decir, en las antípodas del pensamiento parriana. No obstante ello, a diferencia de los intelectuales y críticos de izquierda, se permite admirar el trabajo de Parra y le ha dedicado enjundiosos estudios. Incluso, en un artículo dedicado a celebrar  los 100 años, habla de su amistad con el hombre de letras y las conversaciones que sostuvieron.

Sin duda, prevalece la admiración artística, algo que los izquierdistas, en su ceguera,  jamás entenderán.

Dice:

“Su irreverencia irónica, dirigida temáticamente al blanco de ciertas figuras religiosas, es un hecho que lejos de desalentar mi idea, la refuerza. Esa portada del Ángel en Poemas y  Anti- poemas, ese angelorum “Fatuo como el cisne/ Frio como un riel/ Gordo como un pavo/ Feo como usted”; ese tratamiento del cielo en la línea del chiste criollo; la profanación de altares; Pio XII que “Da la nota simpática del año: Se le aparece Cristo varias veces”; todo esto que haga  Nicanor Parra, ¿no puede ser un exorcismo, una persistencia delatora, la liberación de un cielo que quedo impresa en su experiencia temprana de la vida, la tardía frialdad con que se exhuma un sagrado amor juvenil, y por tanto una manera paradójica de dar satisfacción a su sensibilidad religiosa? Y más aún, su actitud general de irreverencia sarcástica, ¿no es consecuencia de una rebelión permanente contra lo que fue para él, un día, el supremo Orden Establecido? .

Ignacio Valente sostiene la tesis que el antipoeta se torna sarcástico, irreverente e irónico con la idea religiosa, especialmente la católica, como consecuencia de la experiencia infantil y juvenil en esos campos, donde, con toda seguridad, tanteó estos temas, los palpó y quedaron en su imaginación, brotando ahora, cuando escribe.

Y las justifica indicando que son heridas secretas y recursos defensivos del poeta.

En el fondo no cree que Parra carezca de  esperanza religiosa. Incluso habla de sus lamentaciones e interrogantes, propias, dice, de un religioso y no de un ateo. Expresa también, siguiendo en la línea desmaterializadora, que toda esa artillería casi iconoclasta, incluso nihilista,  puede ser el reverso de la medalla, es decir, un ocultamiento de lo que siente el hombre de letras, la inquietud constante, relegada,  en suspensión, que podría existir en su ars poetique.

Sin duda el tema religioso en Parra está siempre presente. Lo prueban los innumerables poemas  sobre el asunto. Dios, la historia del cristianismo, el mal, la precariedad de la vida, el misterio del más allá,   las debilidades,  son interrogantes que el poeta realiza al través de su trabajo, sin que la respuesta llegue. Incógnitas, por lo demás, que suele hacerse cualquier mortal que se eleva un centímetro más que el común de los seres humanos. Al final, cuando no se arriba a una idea definitiva,  queda la sensación lógica de vacío, no de precariedad,  y deviene un silencio absoluto.

Tanto en sus Artefactos, obras visuales  como en sus  libros sobre el Cristo de Elqui es posible encontrar más pistas sobre el pensamiento religioso de Parra. En estos últimos, medio en broma, medio en serio, cogiendo temas polémicos, específicamente políticos, cotidianos y religiosos, se da maña  para presentar, como decíamos,  una imagen de Cristo mucho más transparente, más humana, más transversal que el ofrecido por las religiones. Entre líneas aplica duros mandobles a la jerarquía católica, desenmascara la hipocresía de sus militantes y  se inclina ante la tenacidad del predicador, el poder de su palabra y el magnetismo de la mirada. No oculta el trasfondo del mensaje y lo muestra prístino, muy claro, categórico. Acoge, claro que sí,  la locura aparente de su personaje, pero, en el fondo, encuentra razonable lo que dice. No toma partido ni se pliega a su cofradía, aunque del relato se desprende algo   visible: su inquietud religiosa, sus dudas, la certidumbre del poder que tiene la religión sobre la masa, el mal uso que de ella hacen los prohombres católicos y los lazos que unen a la Iglesia con el Estado y los poderes económicos, además del periodismo venal.

¿Cuál es,  en definitiva, la idea de Parra en materias religiosas?. ¿Un ateo timorato, como se define por ahí, o nada de lo conocido?.

La pregunta queda, como una flecha, clavada en el aire.

…….

P.D. Una vez le preguntaron: -¿Se siente cerca de Dios?
-Fui formado en la religión católica. Uno puede seguir, pero siempre que sepa que son muletas, convenciones, que nos permiten vivir con más facilidad. También nos permiten morir con más facilidad. Son convenciones de consuelo.

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