NICANOR PARRA Y SUS DETRACTORES

Suman legiones los admiradores de Parra. Eso es inatacable e irredargüible. Y, contrario sensu, son escasos los que atacan con fiereza, restando méritos. Algunos no tienen complejos y se comparan con él. Otros se creen casos únicos y, por consiguiente, mejores. Es lo que traslucen sus juicios. O simplemente no tragan su trabajo. Esto último es más digno y lógico. Esa mescolanza variopinta de enemigos va desde poetas y escritores de primer a cuarto nivel hasta simpatizantes de izquierda y derecha, mixturando política y literatura.
Curiosamente ambas doctrinas no cuentan a Parra entre sus simpatizantes.
Se habla de la independencia política de Parra, (¿existirán los que se alinean en ninguna tendencia?) asunto que no gusta a los censuradores, puesto que les quita piso.
Ahora bien, ¿Cuáles son los lugares comunes con los que tropiezan inevitablemente los energúmenos que no gustan de la poesía parriana?.
Partieron con el té de Pat Nixon, hecho que le enajenó la escasa simpatía que restaba entre los comunistas chilenos y del mundo. Imperdonable, sin duda, un escándalo. Hoy parece una estupidez, propia de fanáticos recalcitrantes. Luego le enrostraron que trabajó, durante la dictadura, en la Universidad de Chile y no salió a protestar. (Seguramente debió alimentarse de aire). También lo atacan porque no se exilió. Y prefirió quedarse en Chile. ( ¿Y por qué habría de hacerlo?, y los otros escritores que se mantuvieron en Chile, ¿no cuentan?).
Puntos “literarios” naturalmente.
Como aquello fue insuficiente lo atacaron por otro flanco. “Payaso de la burguesía” fue lo más suave. Lo curioso, reiteramos, que el bando derechista nunca lo tuvo en sus oraciones. Aún más, en el periodo dictatorial quemaron la carpa donde funcionaba la obra Hojas de Parra, también las cajitas de artefactos en la Universidad Católica y una casa en Las Cruces, El castillo negro, donde descansarán sus restos..
Esas fogatas recuerdan… la “Santa” Inquisición.
En otras palabras, nunca le fue bien con los burgueses.
Hay más, sin duda, pero es tan escogida la mediocridad de sus detractores que resulta innecesario citarlos. Aúllan en demasía, como locas de patio. Son de un enanismo mental inmenso que necesitan, tal vez, tratamiento médico. Algunos, por supuesto, se dan tono criticarlo o pasan y posan de casos únicos, dueños de la verdad y de la belleza. Y miran con un desdén….
Parra, en su trabajo, les da como bombo en fiesta a izquierdistas y derechistas.
El intríngulis de esta situación es que, como siempre, el factor político entrometió su cola en los arenales de la literatura. Y contó como efecto descalificador, lo cual, si bien resulta absurdo, es demasiado común en Chile.
Veamos el lado artístico. ¿Existen hostiles en el plano literario que es lo que importa?. Claro que sí, nadie está libre de culpa en estos campos, especialmente si provienen de los negados por la gloria, la fama y el factor pecuniario. O de los que no pueden ocultar la tristeza por el bien ajeno. Abundan los de gusto exquisito, los que se escandalizan con la cotidianidad de Parra, con su coloquialismo, con los materiales que utiliza para crear. Prosaico es lo más repetido que se oye como también prosaísmo. No les genera simpatía. Cuesta concebir esa poesía fácil, clara, sencilla, que todos atienden y entienden. Además, molesta a sus oídos ciertas palabras de grueso calibre que emite el común de los mortales en el diario vivir y que el antipoeta transcribe. Sus irreverencias revuelven los estómagos. Para que decir los sarcasmos, ironías y chistes. No hallan hermosura ni calidad artística y simplifican el comento expresando que es, simplemente, ingenioso.
Todo es respetable. En materia de gustos nada hay escrito.
Lo que sí queda claro en los acerbos críticos de su obra, repetimos, es la escogida mediocridad que ostentan sus juicios.
El mejor mentís frente a tanto chaqueteo de baja estofa (con las debidas excepciones) son una obra excelente, nueva, revolucionaria, de impecable factura literaria; los incontables homenajes públicos recibidos, los premios nacionales e internacionales alcanzados (pocos pueden darse ese lujo), la presentación de su candidatura al Premio Nobel de Literatura en varias oportunidades (¿quién puede decir lo mismo?), los innumerables trabajos académicos sobre su obra, tanto en Chile como en el extranjero (son escasos, también, los que pueden igualarle) y el multitudinario eco logrado en los lectores, al fin y al cabo, el verdadero destino de toda creación (muchos los llamados, pocos los escogidos). Conquistó la gloria en vida, fue profeta en su tierra y famoso en el mundo, todo lo cual representa una vez más una prueba más de su riqueza, calidad y virtud artística.
Y con eso basta y sobra.