NO HAY CASO: NO PODEMOS CREER EN LOS POLÍTICOS

Al revés de las personas que creen sinceramente en  los políticos, votan y trabajan por ellos, a nosotros se nos ha hecho imposible confiar siquiera en su palabra. No hay caso. Es posible que existan excepciones a la regla,  como todo en la vida, pero nuestro escepticismo con los años se ha vuelto mayor, casi definitivo. Debe ser la cronología, o sea, la edad. Dejamos una ventana entreabierta “por si las moscas”, pero no creemos, en definitiva, en la sinceridad  cuando hablan de su inclinación al servicio público. Cuesta imaginar “servidores públicos” ganando millones de pesos en sueldos, en circunstancias que la ciudadanía vive con lo justo. Y ha sido siempre así. Cuesta convencerse que son realmente servidores públicos cuando detallamos los privilegios que ostentan frente a la mayoría. Dan vergüenza. Y más aún, cuesta convencerse si comprobamos, al recorrer la historia, que se repiten a lo largo del tiempo las mismas promesas de mejor educación, salud, pensiones, vivienda, fin de la delincuencia, igualdad de oportunidades, extinción de la colusiones, evasiones, elusiones, corrupción en todos los niveles y, sin embargo, el problema subsiste, sigue ahí, con escasos avances, permaneciendo los dilemas indemnes, sin solución. Frente a eso, entonces, es perfectamente lógico  que dudemos de su presencia como seres comprometidos o que  piensen en beneficio de sus votantes.   La mayoría columbra que se sirven a sí mismos. Cuesta entender, mejor dicho, no entendemos, que los chilenos continúen creyendo en esos ofrecimientos, que sigan votando alegres por “el deber cívico”, que aplaudan a esos paladines de la libertad y la democracia, en circunstancias que forman una casta, hacen caso omiso de sus electores y sólo acatan las directrices de sus partidos y éstos, a su vez, obedecen a las esferas económicas que, en realidad, son las que gobiernan. Aunque parezcan poderosos, con sueldos millonarios y prerrogativas, simplemente son títeres. Pero esas son decisiones personales, muy respetables y no debemos condenarlas. Cada uno es dueño de su destino. Lo sorprendente es que la rueda sigue rodando, sin que nadie haga esfuerzos por detenerla. La situación del país continúa con pocos avances a lo largo del tiempo, donde pocos ganan mucho y muchos ganan poco en todos los ámbitos de la economía. ¿Cómo creerles, entonces, si los resultados están a la vista y se han repetido por siglos y siglos sin que nada cambie? A veces especulamos  que ciertas personas prefieren que el país  permanezca quieto, hasta estancado, para que estos “servidores”, junto a los intereses económicos, puedan desplegar a gusto sus ocultas ansias de estar arriba, sobre los demás, mirando con suficiencia el panorama y disfrutando realmente de la existencia. Ud., que está leyendo este artículo,  puede estar en absoluto desacuerdo con nuestros  juicios sobre el tema, lo cual es respetable, pero aun así lo invito a leer la prensa escrita, a ver los noticiarios televisivos, escuchar  programas radiales donde todos los días, y varias veces al día, y podrá comprobar que  los temas se repiten: delincuencia, corrupción desatada, peleas parlamentarias, huelgas, negociados, truculencia, suciedad ambiental, farándula que adormece, banalidades, tiras y aflojas por cualquier cosa, matinales y un extenso etc. ¿Qué nos dicen estas noticias que menudean y se reiteran ?. ¿Ha mejorado  la cuestión,  hay progreso,  son tiempos halagüeños? ¿O todo lo contrario? Usted, amable lector, saque sus conclusiones. Pues bien, ¿Se podrá tener esperanza que algún día, un feliz día, realmente todo cambie, por fin, a favor de las mayorías, que son las que pueblan el planeta, y terminen el poder y los privilegios de unos pocos? Y no es necesario ser comunista para soñar con ello. Diríamos todo es posible en esta vida,  a veces ocurren milagros. Lo curioso de todo esto es que hay un sinnúmero de compatriotas que despotrican, a diario y de lo lindo, contra los políticos, pero que, sin embargo, llegado el momento, igual les dan de comer con sus votos. Da para pensar. En resumidas cuentas, no vemos soluciones inmediatas al dilema y todo hace presumir que se mantendrá igual, con variaciones mínimas, aunque con algunos caramelos para edulcorar el día negro.

ARTURO FLORES PINOCHET, escritor, 2019