NO HAY RESPETO

Fíjese usted que una sociedad que no practica el respeto mutuo prácticamente se aniquila a sí misma. Al no existir, todo se rompe y corrompe, se acaban las normas que maniatan la naturaleza del ser humano, adecuándolo a los tiempos, atemperando sus caracteres violentos, logrando que la convivencia entre seres tan distintos, porque ese es el fin de las leyes,  sea armónico, fluido, sin violencia ni cuchillos hundidos en el cuerpo. Es una premisa elemental. Y la suposición era que todo marcharía bien con las reglas establecidas, sin los desaguisados que hoy abundan y tienen al planeta sumido en una crisis total, siempre al borde de guerras fratricidas, con sus habitantes engarzados en una lucha sin cuartel por conseguir lo que no poseen: dinero, placer, dominio, cueste lo que cueste, sin mirar al lado y pasando por encima de todos.

La teoría, reiteramos, era buena, como buenas son las leyes, lo malo fue la realidad, porque no se amoldó a lo propuesto y   ejecutó exactamente lo contrario.

Es lo que se consigue cuando se dilapida el respeto.

Y no hay caso. Medite usted en las numerosas medidas que se toman en cada país del globo terráqueo para lograr alguna paz. No surten efecto. La religión y la política tienen en  sus bases doctrinarias conseguir la cohesión, el respeto, la concordia entre los ciudadanos. Fracasaron. Se convirtieron en entes comerciales, deseosos de supremacía y privilegios. Mire a su alrededor y comprobará como el asunto no mejora y se agrava. Volvemos a lo mismo: el comercio, a fin de cuentas, impone sus reglas, obliga a todos a una lucha encarnizada por obtener bienes, conseguir dinero, desear el podio, crear necesidades que …no urgen. Para ello requiere, no del respeto ni la honestidad, que son trabas,  sino todo lo contrario. Es cuestión de ver los escándalos a todo nivel que conmueven, no solamente nuestro país, sino el mundo entero.

Prueba fehaciente que el respeto está pasando a la historia y solamente quedó… como un manual de buenas intenciones. El camino al infierno, ya sabemos,   está pavimentado de buenas intenciones.

ARTURO FLORES PINOCHET escritor 2019