NO RESPETAR LA RELIGIÓN AJENA

Sabemos que los fines de semana asoman por nuestras narices los seguidores de ciertas religiones o sectas. Paciente y empecinadamente golpean las puertas, esperan bajo el tórrido sol (no recordamos si lo hacen bajo la lluvia), gritan estentóreamente “Aló” Aló, (expresión que se usa cuando hablamos por teléfono), y si, por arte de birlibirloque, alguien ingenuamente les entreabre la puerta, empiezan, con una angelical sonrisa, su tarea doctrinaria, tan afín con el proselitismo político.
Son una ternura de seres, hasta parecen celestiales.
¿Cuál es el dilema?. Pretenden, aunque lo niegan, hacerle ver al incauto que su fe religiosa no es la verdadera, sino está errado. Y para ello repiten como loros, mecánicamente, extractos de la Biblia, Palabra de Dios. El famoso texto fue redactada por seres humanos y, por ende, no es necesariamente divino, aunque la defensa alude a la inspiración de Dios, lo cual, como sabemos, se presta para la duda, dado el conocimiento que tenemos sobre el ser humano en cuando a sus limitaciones lógicas. Allí está todo dicen. La “interpretación” del libro más conocido del planeta, porque no es más que eso, los ha llevado al convencimiento que son los poseedores de la Verdad, la única Verdad y el resto está equivocado, nadando en las aguas del error y, por consiguiente, serán condenados a los fuegos del infierno, quemándose eternamente, asunto que cuesta concebir.
¿No recuerda esto a los antagonismos políticos?
El hecho que las variadas interpretaciones de la Biblia haya provocado, a su vez, el nacimiento de innumerables religiones y sectas, ¿no les dice nada a los seguidores acerca de su vulnerabilidad para ser sometida a diferentes deducciones?. Se supone que la palabra de Dios es única, sola, solemne, sin desvíos., ¿Qué ha pasado entonces?. ¿Por qué tanta dispersión de conceptos y no la uniformidad?. ¿No es aquello un contrasentido de lo que se pregona?.
Hay que fijarse en ese punto.
El gesto de creerse dueños de la verdad en cualquier parte del mundo es lisa y llanamente soberbia, o sea, irrespetan las creencias que no caminan en la vereda del frente, se creen iluminados y faltan a la palabra de Cristo que solo hablaba de amor, es decir, lo contrario de la altivez, superioridad y discriminación.
Sabemos que estas materias son espinosas, porque en ellas reina el fanatismo a ultranza y la obcecación se ubica en su máximo nivel. Nada se puede contra esos cráneos convenientemente lavados en su interior. Es imposible, a su vez, intentar un dialogo. La intransigencia, proveniente del oscurantismo intelectual, es así: no acepta matices ni argumentos. La palabra de Cristo, que es un llamado al amor y la concordia, se olvida con rapidez cuando se cuestionan las bases de algunos movimientos religiosos.
Las religiones fueron creadas por los seres humanos para cohesionar al mundo.
Su resultado está a la vista: junto a los políticos, lo dividieron entusiasta y definitivamente.
J.ARTURO FLORES (2019)