OMER EMETH, Precursor de la Crítica Literaria en Chile

PROHIBIDA SU REPRODUCCIÓN SALVO QUE SE NOMBRE AL AUTOR Y LA FUENTE.descarga

Por Jorge Arturo Flores

Tres inmensas cumbres se divisan en la Crítica Literaria de Chile durante el Siglo Veinte: Omer Emeth (Emilio Vaisse), el precursor; Alone (Hernán Díaz Arrieta), el que continúa, terminando con Ignacio Valente (José Miguel Ibáñez Langlois).

Los tres usaron seudónimo.

Todos con duración en sus puestos: Emeth  24 años (1906 -1930), Alone con más de medio siglo (1921-1978) y Valente excediendo los  34 años (desde 1966). Vigente este último, aunque retirado,  escribe esporádicamente (2015).

Tanto Alone como Valente prolongaron la tarea del precursor, es decir, la crítica literaria firmada, semanal y responsable, un hecho  inusual en el continente y que constituyó, por muchos años,  el soporte cultural de Chile, que lo diferenció de sus vecinos.

Como en todo orden de cosas, surgen diferencias. De las 3 cimas (*), Alone es el más popular. Para nosotros, el mejor. En materia estilística, Alone, el más grande de Chile. Por ende, superior a sus colegas.  Los sacerdotes, en cambio,  son más versados. El francés es políglota y profundo humanista. Valente es  académico,  poseyendo estudios y títulos  universitarios. Alone llegó, en materia de estudios, donde otros comienzan.

Sin embargo, leía el  francés.

A modo anecdótico, y sin venir  a cuento, Alone, en materias religiosas,  siempre fue un come frailes. Paradojalmente, en la historia literaria quedó en medio de dos sacerdotes: Omer Emeth  e Ignacio Valente.

EL MATIZ IDEOLOGICO

El factor ideológico, vulgo política,  infiltra todas las actividades de la nación. La crítica literaria no estuvo ajena a  esos parámetros. Es insoslayable, para mal de nuestros pecados. Más aun en un país que  tiene como Santo Grial el cultivo de las ideologías con propósitos casi mesiánicos y preferentemente milagrosos. Los hechos, sin embargo, han demostrado su absoluto fracaso en materias sociales  y económicas. Mejor dicho, en todo. Pero la persistencia, propio de enajenados mentales,  es una de sus  “virtudes” y continúan, imperturbables, con la cantinela.

El poder y el dinero, en todo caso, es lo que  importa y de ahí su pertinacia.

Omer Emeth vivió una época relativamente tranquila en ese sentido,  quizás por ser el primero en franquear la puerta. Pero tampoco  las tuvo todas consigo y debió luchar con autores que desconocieron su influencia, en especial, los que se abanderizaron con ideas opuestas al conservadurismo imperante.  Por su parte,  Alone fue más decidido, consecuente y lapidario: era anticomunista acérrimo y lo planteó a viva voz, sin que ello perjudicare su carrera, puesto que la mantuvo en un sitio inalcanzable y sus detractores fueron mínimos, aunque, como perros chicos, demasiado ladradores y soliviantados. A Valente le tocó vivir la totalidad de la dictadura militar (1973-1990) quedando con el monopolio de la crítica literaria. O lo más parecido a ello. Consciente o inconscientemente. Esto derivó en una intolerante estigmatización de los escritores que sufrieron el rigor militar o de los ubicados en las antípodas de sus preferencias políticas. Olvidaron, en su fundamentalismo básico y fanático, que el hombre posee virtudes incuestionables y vuela alto.

Curiosamente los tres analistas se alinean, en términos ideológicos, en el flanco derecho  y escribieron primordialmente en  El Mercurio, diario conservador, adscrito a los poderes fácticos de la nación. Por ese flanco, los citados críticos tuvieron que lidiar arduamente en su tarea. Ciertamente todo esto no tiene implicancia alguna, hablando en términos literarios ni debiera mencionarse, pero la política, ya lo sabemos, es un cáncer que se enquista en  los cuerpos y constituye un virus que resiste todos los antibióticos.

Lo hemos asumido.

OMER EMETH (“El que dice la verdad” en hebreo)

Es el seudónimo del sacerdote Emilio Vaisse (1860-1935), ciudadano francés avecindado en Chile. Fue párroco en San Pedro de Atacama durante 3 años, trabajó en la Biblioteca Nacional, profesor en colegios y en la Universidad Católica, fundó la Revista de Bibliografía Chilena y Extranjera y su lugar preponderante en las letras  chilenas fue la publicación, a partir de 1906,  en el diario  El Mercurio, de una columna semanal dedicada al comentario de libros. Se denominó “Movimiento Literario. Crónica bibliográfica semanal” 

Antes de él, la crítica literaria se ejercía en forma esporádica, sin constancia, elogiada  por amigos, conocidos y cercanos a los creadores y censurada por sus enemigos.

Con él comienza una etapa nueva, firmada, semanal, responsable, que no ha finalizado.

Es su mayor contribución.

Sus juicios, plenos de sabiduría, fueron ecuánimes. Utilizó un lenguaje docto, sencillo, claro, accesible. “Condenó y ridiculizó las exageraciones en los géneros, cuando no correspondían a expresiones de belleza y de verdad. Pidió al poeta sinceridad en vez de frases. Al novelista, le hizo ver el terruño en que vivía y de él, de ese paisaje, de ese ambiente, extraer lo que haría una literatura chilena. Por sobre todo, enseñó a pensar, a ordenar la inteligencia, a formar hábitos intelectuales, a buscar la raíz de las cosas. Eso fue lo nuevo que difundió” (Guillermo Feliú Cruz). Dio espaldarazos  a los escritores chilenos, impulsó vocaciones dormidas, movió el ambiente,  ampliándolo,  y fue el causante, en cierta medida,  del criollismo en Chile, puesto que sus opiniones sugerían a los creadores  mirar   su país y no dejarse influir por las modas extranjeras, especialmente la francesa.

Mariano Latorre y sus “boys”  creyéronle y acataron.

Pero, aunque la idea era buena, los resultados fueron malos.

Al lector chileno no le gustó esa forma de narrar, donde el paisaje era el protagonista,  optando por asilarse en el imaginismo y, posteriormente, retornó a las corrientes que provenían del exterior.

Alone tuvo mucho que ver en este viraje.

La verdad es que los criollistas tuvieron la culpa. No escucharon bien lo que  Omer Emeth dijo :” El paisaje físico es un mero telón de fondo que no debe absorber la atención a expensas del otro”.

Al parecer, hubo problemas con el lavado de oídos o sufrieron cegueras temporales.

POCAS REFERENCIAS

Indagando información sobre su tarea, comprobamos dos excelentes y completos trabajos: uno de Guillermo Feliú Cruz y otro de Marina Yutronic Cruz, aunque, en general, existe  ausencia de ella,  lo cual  prueba manifiestamente la desidia que tuvieron los historiadores literarios hacia su quehacer.

Privativo  de los adelantados, a quienes nadie recuerda y se prefiere la inmediatez o el que causa mayor estrépito.

Alone, que cogió su bastón y viene a ser una suerte de discípulo, es el que, con admirable constancia, lo recordó siempre en sus crónicas literarias, rindiéndole homenaje y resaltando su labor cada vez que la coyuntura  lo ameritaba.

Fue una manera de mantener vigente el conocimiento sobre su persona.

CONCLUYENDO

Queda en el imaginario,  fundamentalmente en el estudio docto, el magisterio de Omer Emeth en estos campos. Sobresale la difundida constancia, su responsabilidad, la vocación, su enorme saber,  el  abrir una ventana nueva en el escenario, a tal punto que sus predecesores continuaron con la posta, instalando en Chile, como dijimos,  un legado crítico que se ha mantenido y constituye un ejemplo en estas latitudes.

Como todos los fundadores, su nombre acude con rapidez cuando se mencionan los inicios, en este caso, el comentario de libros, (mal que mal es el primero de la lista), pero, con la misma velocidad, se  olvida su presencia, quedando difuminada allá lejos, envuelta en la niebla impenetrable del abandono.

Es  un destino ineluctable.

……………………………..

(*) Evidentemente pensar es simplificar. Y por tanto segregar. Hemos indicado 3 cimas, pero no se nos oculta, y lo hemos expresado en nuestros escritos, la tremenda importancia que tuvieron otros escritores dedicados al examen pormenorizado de los libros en Chile. Raúl Silva Castro, Hernán del Solar y Ricardo Latcham, junto a Hernán Díaz Arrieta (Alone) constituyen, para quien escribe, Cuatro Grandes en la Crítica Literaria Chilena (estudio inédito). A ellos añadimos el nombre de Omer Emeth e Ignacio Valente y tenemos conformado el Olimpo de los Críticos Chilenos. Hay más, sin duda, claro que sí. Y son muchos, pero a nuestro juicio, otra suerte de intolerancia y exclusión, los citados cuentan en el Parnaso. Como se dice:” Muchos los llamados, pocos los escogidos”.

Anuncios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s