Oscar Castro (Ensayo)

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Prohíbese la reproducción de este texto, salvo que se mencione el nombre del autor y la fuente.

Por Jorge Arturo Flores

Conocemos holgadamente los méritos del autor rancagüino en los terrenos fértiles dela poesía. Desde allí cimentó su fama y un grupo de folcloristas la acrecentó al musicalizar sus versos.

Se le nombra, ante todo, como poeta.

Está bien. Merecimientos tiene de sobra.

No obstante ello, remaremos contra la corriente, deteniéndonos en su tarea narrativa, que nos parece espléndida y sobre la cual conviene reflexionar.

NARRATIVA DE OSCAR CASTRO

Oscar Castro reflejó su impronta de cuentista en los libros: Comarca del Jazmín, Huellas de la Tierra y Sombra de las Cumbres.

Observemos las Huellas en la Tierra.

El estilo de narrar es simple, no es rebuscado, por consiguiente, tiende a pensar en el lector y apura el desenlace, lo cual acreciente el interés y se averigua con celeridad el final de sus narraciones. La lengua, por otra parte, a diferencia de sus pares, tiende a aureolarse de matices poéticos, propio de un escritor que tiene  muy alto el concepto lírico del lenguaje. Por ello, en sus relatos nos tropezaremos, como  al desgaire, con bellísimos hallazgos cuando retrata la natura o dibuja actitudes.

Hay expresiones brillantes.

Por otra parte, el nudo dramático no se estira en demasía y apura el tranco con la anécdota. Ésta, en general, toma como eje el mundo campesino y, de él, se solaza con las costumbres, los amores, las leyendas, la convivencia cotidiana. Emplea para hacerlo más real el habla campestre, pero no con la rotundidad de otros tributarios del criollismo, sino en forma más comprensible, no alterando el fluir de la conversación y de la trama.

Hay amor por el hombre de la tierra, preocupación por su miseria social, cariño por sus creaturas.

Es posible que los motivos desde los cuales  el autor extrae  sus creaciones puedan sonar simplistas, hasta ingenuos y, en algunos casos, pueriles, por cuanto podría colegirse que  no hay trascendencia debido a su localismo.

A no equivocarse.

El mundo campesino, con sus alegrías, penas, esperanzas y desolaciones, con sus amores tormentosos, apasionados, lindando en un erotismo inquietante,  ofreciendo en  plenitud salvaje la actitud sexual, nos exhibe una realidad que no puede soslayarse y es permanente recurso en la vida, ya sea en el campo como en la ciudad.

Así es y punto.

Leer las páginas se hace atractivo a la vista, al gusto y a la reflexión, ya que reproduce un mundo que a veces desconocemos y que, dentro de su aparente ingenuidad, es chocante, duro y obliga a detenerse.

Comarca del Jazmín

El titulo da el nombre al primer cuento largo. Posteriormente vienen otros relatos donde sobresalen los reconocidos Lucero, El Callejón de los Gansos, El Ultimo Disparo del Negro Chávez y Epopeya de Juan El Crespo.

Es lo que aparece en el volumen que tenemos al frente.

Comarca del Jazmín es una espléndida evocación infantil. El autor coge otro estilo, más nervioso, preciso y raudo. Se hunde en la mentalidad de Juanito y va enhebrando sus inquietudes al través del monólogo interior.

Es un bello relato.

Oscar Castro demuestra, en este texto, la ductilidad para someterse a la fábula tierna y, por supuesto, su innegable talento para detallar el mundo al través del prisma pueril.

Pudo haber sido, acaso, la primera parte deLa Vida Simplemente.

Las otras ficciones mantienen el paso seguro de su narrativa. Se les ve sólidos, originales, con una pluma que no tambalea en narrar la anécdota, dueña de un lenguaje simple, blanco, sin reverencias a la descripción soporífera y dando fluidez al nudo dramático.

Un fino humor atiza el fuego haciendo la lectura más placentera.

 

Lina y su Sombra

Aunque  fue publicada un año después de Llampo de Sangre, cronológicamente  la primera de las tres novelas de Oscar Castro es Lina y su Sombra.

Tanto en La Vida Simplemente como en Llampo de Sangre la mirada del autor se detiene en su infancia y adolescencia, en el primero, y posteriormente ingresa, en el segundo volumen, al pesado, duro y triste espacio del minero, rememorando  a Baldomero Lillo.

Hasta allí los personajes se manejan en el segmento social bajo.

Todo cambia en “Lina y su sombra”, donde el ambiente y los protagonistas pertenecen a la clase media provinciana, aquella del duro trabajar, con horizontes recortados y permanentes esperanzas de un mejor porvenir. Muda también el dibujo de los personajes y sus motivos, existe un tratamiento especial para el lenguaje, hay aptitud para manejar la atmosfera y perfilar los caracteres. Desde luego existe dolor, incertidumbre, rasgos trágicos, amores imposibles, hasta increíbles en su gestación. El erotismo se traza con alguna fineza, como recordando que los protagonistas pertenecen a una clase  más evolucionada. Permanece, claro está, el ardor, la fogosidad, los deseos incontenibles de pertenencia por parte del macho y la delicada entrega de la mujer.

Es una faceta importante en la pluma del escritor rancagüino.

Oscar Castro sabía operar la trama, la peculiaridad del alma humana y los estadios sociales. Por cierto, en lo novela hay más espacio para la digresión sicológica, para el dibujo de los caracteres, la descripción de la natura y de los ambientes cerrados. El autor, en tal sentido, se permite libertades que el cuento no le concedía por su estrechez ni la poemática por su lirismo.

Acá se manifiesta más libre.

Ello complica  la fluidez del relato, debido a cierta morosidad en el camino de la conciencia, al gobierno del discurso ideológico o el incontenible deseo de plasmar el paisaje, aparejándolo  con la emoción, pero es tan íntegro el manejo de la narración que posee Oscar Castro, que el lector lee con urgencia y aguarda el desenredo.

La novela, decíamos, se endurece, extravía el rumbo y se estrella con paredes en la mitad del camino. Esto ocurre cuando el narrador se estanca en mostrar los avatares de Gerardo y Elsa, además de las indecisiones de Lina respecto a Ramiro. El firmamento se enturbia  y la lectura no se hace fácil. Incluso, pese a los desenlaces felices, no retoma el ritmo de los primeros capítulos, donde el romance de Lina con su amante lleva el pandero.

El final no es tan sólido como se esperaba de  un cuentista.

 

LLAMPO DE SANGRE

 

Al decir de los eruditos, ésta es su mejor novela. Ciertamente es la más elaborada, tiene  principio, medio y fin, hay una trama bien construida, el dibujo de los personajes es convincente, existe dramatismo, acción y el infaltable romance. La anécdota es interesante. Sobresalen como protagonistas, Ricardo, la sufriente Emilia, el marucho Pecoso, Armando Escalona y  otros actores. El asunto es atractivo y logra por momentos cautivar: es tan incontestable la avidez  por descubrir minas de oro,  que el lector se pone al lado de los buscadores y ansía que lo consigan. Posteriormente, el relato se detiene  para hablar de brujerías, el Diablo, los conjuros de meicas, el velorio, los fantasmas, las mujeres, sus casas de remolienda, el alcoholismo y dispendio de los mineros después de la dura jornada. En la última etapa, retoma nuevamente la acción, mueren algunos por  llegar a la mina mitológica, hay peleas, arriban carabineros, Armando Escalona preso, el protagonista se introduce en el socavón, pone dinamita y vuela con él, aparentemente.

El final es feliz.

Lo cual sorprende, porque el detalle de las desventuras mineras sobrecoge por momentos.

La narración presenta diálogos chispeantes con algunas briznas de humor, muestra en detalle los juegos de naipes, se vierte alcohol por doquier, resalta la solidaridad de los trabajadores, plasma sombríamente el deseo carnal de los mineros cuando aflora la presencia de Emilia. Conviene detenerse aquí: el retrato de Emilia nos exhibe nuevamente al Oscar Castro convencido del rol manso de la mujer. Idealiza a una cocinera. La reúne con el protagonista y surge el paradigma: ella es sumisa, fiel, entregada, pobre, apasionada sin límites. El, duro, distante, calculador, se deja querer, la hace sufrir.

Es un diapasón que se reitera.

La novela atrae, gusta y entretiene. Pierde el paso al medio, como sus anteriores, pero se vuelve cautivante en la acometida final.

Se lee con agrado.

 

La otra gran novela

 

La existencia de Oscar Castro, según los entendidos, está descrita en su libro La Vida Simplemente, un titulo muy adecuado a las circunstancias y propio de la estatura moral del autor rancagüino. La primera parte del texto es espléndida en su correlato dramático. Hay dinamismo, fuerza, la acción es permanente. Sobresale el acertado dibujo del conventillo, el lenocinio, sus asiladas, el bosquejo de cada una, la mirada analítica del mozo de diez años respecto a los adultos y sus juegos con los pares. Las innúmeras vicisitudes que corren los pobres del barrio se detallan con maestría, no exenta de sobriedad, sin golpes efectistas, ni grandes demostraciones de emoción. Quedan en la memoria la anécdota del libro hundido en el canal a punta de piedras por los amigos del protagonista, mientras éste es agredido. También se retiene el desfile de las prostitutas a la casa de la parturienta, llevándole regalos, sin conocerla.

Dos destellos en la novela.

La crítica y muchos escritores se detuvieron por más tiempo del requerido en la vida del personaje junto a las prostitutas y el burdel. Capturóla atención. Yno es para tanto. Ese lapso es parte de su aprendizaje y es tratado con la misma naturalidad con que recorrió otras experiencias. No hay nada escandaloso ni horripilante. Es la cruda verdad.

Debe ser por eso que los intelectuales chilenos lo contemplaron con otros ojos.

En la segunda parte, paralelo al despertar del adolescente, el ritmo decae, se torna más reflexivo, hay un adentrarse en el soliloquio íntimo, la mirada descorre el mundo de la juventud, cerrando la ventana infantil.

Se nota el cambio.

Es el develamiento de su miseria en la escala social. Registra, el protagonista, la diferencia discriminatoria, llora por los desprecios, comienza el verdadero despuntar ala vida. Descubreel amor juvenil, ideal, bello, no contaminado, pero deshecho con posterioridad por el contraste social. Hay orgullo por haber conseguido los primeros lugares en un colegio católico (Instituto Marista), que de tal no tenía nada y donde la enseñanza de Cristo era prácticamente un lejano recuerdo. Sueña mucho, como todo joven. Al final, hay una mirada triste y melancólica al barrio que lo vio nacer mientras sujeta, con sus manos, los maceteros  de su hermana.

Un nuevo mundo le aguarda.

Durísimo, cruel, verídico, enternecedor por momentos, no exento de emoción. Es la vida de seres postergados, luchando por la supervivencia diaria, amoldándose a las circunstancias y sufriendo lo indecible por salir  con dignidad.

Varios escritores chilenos han retratado el bajo mundo  dela sociedad. Oscar Castrodeberá contarse entre los que ejecutaron mejor su tarea.

Al igual que la realizada en el colegio de marras.

Conclusión

 

Después de un breve peregrinar por la narrativa del autor rancagüino, nos queda la percepción que su pluma es tan sólida y contundente como los es cuando  irrumpe en los terrenos de la lírica. Incluso más, creemos que esta parte de su tarea artística no ha sido lo suficientemente bien citada a la hora del balance.

Por cierto no escasearán los detractores.

Los que prefieren a Oscar Castro como poeta antes que narrador, se alinearán en la primera fila. No faltaran algunos, muy pocos, que lo distinguirán desde el punto de vista de la dramaturgia. También los que vislumbran en Castro al cuentista antes que al novelador. Y viceversa.

Es muy posible todo ello.

Ya se sabe, en materia de gustos, nada hay escrito. Pero perseveraremos en nuestro juicio, en el sentido de distinguir la faceta narrativa del escritor, anotando su talento en orden a recrear ficciones basada en leyendas y  mitos de los chilenos, su contundencia para dibujar con acierto a los seres que se mueven en el segmento bajo de la población chilena, su prurito de visualizar a la hembra y al macho desde la perspectiva atávica, el preferir los motivos campesinos, con su habla, costumbres y demases por sobre otras consideraciones, cierta bondad en el boceto de los bandidos nacionales, el resalto de la solidaridad entre los compatriotas, especialmente, cuando viven en condiciones  que rayan en la inopia, el muestreo de la pobreza, la calidad para tantear en la sicología de sus personajes y el don para recrear ambientes, donde ciertas notas líricas acrecientan el valor de su lenguaje.

Un  narrador que conviene no olvidar.

APÉNDICE

El erotismo en su obra

La presencia del erotismo en la novelística de Castro, por otra parte, no se ha tratado, a nuestro juicio, con la dedicación que merece.

Hay allí, desde luego, una cultura del machismo fuertemente arraigado y que es consecuente con la época  que vivió. El hombre se presenta como macho, sin mucho romanticismo o el mínimo para conseguir lo que desea. Existe algún candor en la actitud femenina, se reitera el cartabón tradicional, es decir,  las tareas del hogar, la crianza de los hijos y la deferencia hacia el hombre que trabaja fuera de la casa, sin descontar su manipulación arraigada,  ya sea a través de la comida o del sexo.

Un patrón  que se ha mantenido con ciertos cambios.

La pintura del erotismo y de la relación sexual hace ostensible la eficacia de Castro para ahondar en la sicología femenil, consciente de sus encantos y el rol que poseía en la cotidianidad. Por su parte, el hombre ostenta su aspecto instintivo, más bruto que civilizado, con el vigor carnal propio del conquistador – guerrero. No obstante ello, y pese a la época, la correspondencia sentimental se aboceta en amables trazos, con un  erotismo que bordea el lirismo, aunque existan algunas excepciones en que la violencia, los celos o el vehemente deseo, apresure las cosas y descarte la manera civilizada.

Es decir, manifestaciones de la vida… simplemente.

TEXTO: Jorge Arturo Flores

Ver Rasgos Biogáficos y libros publicados de Oscar castro en nuestra página http://www.semblanzasliterarias.wordpress.com

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