OSCAR HAHN: En una estación del metro

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Oscar Hahn 10

 

 

Por Jorge Arturo Flores

Hablábamos en otra crónica literaria sobre la difícil facilidad que nuestros ojos descubren en ciertos poemas. Y decíamos que tras esa fácil fachada, existía un trabajo laborioso, con mucho esfuerzo, talento y bastante transpiración. Es decir, no todo lo que brillaba era oro. Porque resulta que muchas veces los avispados lectores, al leer este tipo de pieza, columbran que la tarea es sencilla, de fácil aplicación y que, como el autor en cuestión pudo, ellos también.

Algo así como el huevo de Colon.

Craso error.

Nada es tan sencillo como parece y nada es tan fácil como se representa.

Nombrábamos – recordamos – a tres poetas chilenas que habían labrado el verso al través de la sencillez, claridad, orden, y, por supuesto, talento. Nicanor Parra, Jorge Teillier y Julio Barrenechea. Y para reafirmar nuestro aserto, colocábamos un poema, brillante por cierto, de Julio Barrenechea, Olvido, que se refería a la abuela.

La lista sin embargo no acaba allí.

Está Oscar Hahn, laureado poeta, con una trayectoria brillante en el Parnaso de las Letras y que obtuvo no ha mucho el Premio Nacional de Literatura.

Nosotros lo seguíamos mucho antes del preciado laurel. Y una vez, en el lanzamiento de uno de sus libros, nos acercamos para obtener el correspondiente autógrafo sobre el correspondiente libro. Le dijimos que uno de los poemas que más nos agradó fue En Una Estación del Metro. Sonrió evidentemente, lo agradeció, pero notamos que no era ése el poema que algunos le repetían. Ya se sabe, en materia de gustos….

Como una forma de reafirmar nuestra tesis que los poemas sencillos de leer y que no ofrecen riesgos ni obstáculos aparentes al desocupado lector – graciosamente engañado- fueron obtenidos concienzudamente, con mucho tiempo de trabajo, desbastando y puliendo lo innecesario, para reafirmar eso, reiteramos, traemos a cuento otra vez ese bello poema, al que hemos agregado uno que nos parece muy original.

 

EN UNA ESTACION DEL METRO

Desventurados los que divisaron
a una muchacha en el Metro

y se enamoraron de golpe
y la siguieron enloquecidos
y la perdieron para siempre entre la multitud
Porque ellos serán condenados
a vagar sin rumbo por las estaciones
y a llorar con las canciones de amor
que los músicos ambulantes entonan en los túneles
y quizás el amor no es más que eso:
una mujer o un hombre que desciende de un carro
en cualquier estación del Metro
y resplandece unos segundos
y se pierde en la noche sin nombre

LA SABANA DE ARRIBA
Me instalé cuidadosamente doblado
entre la ropa blanca del closet
Sacaste las sábanas de tu cama
y me pusiste de sábana de arriba
Te deslizaste debajo de las tapas
y te cubrí centímetro a centímetro
Entonces fuimos barridos por el huracán
y caímos jadeando en el ojo de la tormenta
Ahora yaces bañada en transpiración
con la vista perdida en el cielo raso
y la sábana de arriba aún enredada entre las piernas.

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