PERO NO ESTOY MUERTO

En las conversaciones entre amigos y amigas, entre chistes, “tallas”, bromas, no faltan alguien que se arroga de una libertad amorosa que no posee. Sin embargo, cuando le dicen que está casado o emparejado, lo mismo da, responde muy suelto de cuerpo, sí, “pero no estoy muerto”, con lo cual abre la puerta, la ventana, todo, para que alguien que esté interesado en él y no le importe el compromiso, acceda, traspase la puerta y …(ustedes ya saben en que termina todo esto). Es una manera de decir “estoy dispuesto, no importan las ataduras”. O sea, si lo miramos en términos moralistas, es una frescura sin límites, si lo vemos desde el lado del humorismo, perfecta la broma, si lo cotejamos con la impresión que se lleva su pareja, la cuestión cambia de color y es seguro que tendrá, posteriormente, algún problema de tipo físico. Pero ese es su problema. El verá cómo se las arregla. El caso es que, entre broma y broma, se ha instaurado en el imaginario popular la circunstancia que se puede “colocar el gorro” a la pareja y que esta acción no trae mayores consecuencias, salvo un portazo en las narices o un ojo en tinta. Es una reflexión así, a la rápida, porque en el fondo sabemos que nuestros lectores son fieles a su palabra, fieles en el amor, jamás, pero jamás pasará por su mente realizar algo así, en suma, son buenos muchachos y muchachas. ¿Será verdad o estamos instalando una imagen quimérica? Por nuestra parte, ya saben… (Misterio).

ARTURO FLORES PINOCHET escritor 2020