PODEROSO CABALLERO DON DINERO

Le hemos dado vueltas al tema de esta semana en Chile: el estallido social con toda la violencia, desmanes y confrontación que se ha originado. Recordábamos que en nuestros escritos hablábamos del asunto de los abusos, inequidades, privilegios, del poder del dinero, de los políticos, religiones y periodismo, pero la verdad no se nos pasó por la cabeza lo que ha sucedido hoy. Cierto, no somos pitonisos ni nada por el estilo. A lo más reflexionábamos. Con seguridad quienes nos leyeron, amigos por sobre todo, creyeron divisar entre líneas algún sesgo ideológico, porque para eso los chilenos son fulminantes como un áspid,  lo cual, si bien lícito, no corresponde y no lo hay, por cuanto nuestra óptica, nuestra pluma aborrece el matiz político de izquierda y derecha, a tal punto que, junto con las religiones y el periodismo, los hemos sindicado como entes que dividen a un país y no lo unen. ¿O alguien piensa, por ventura, que realmente reunifican a la gente? Es cosa de mirar alrededor. Pensábamos en soluciones, porque para criticar hay que poseerlas,  pero siempre nos encontrábamos con la pared fría, dura, pétrea del Dinero, poderoso caballero como diría Francisco de Quevedo y hasta ahí llegaban nuestros especulaciones. No se podía atravesar ni saltar la muralla. Nuestro escepticismo,  cuanto a resultados,  iba en aumento y al final nos resignamos: no había escapatoria. Lo creemos firmemente hasta hoy. No se puede con tan poderoso contrincante. Sin embargo, alguna luz apareció en el horizonte con la explosión social en Chile. Es un destello, una campanada, algo que esperanza, que provoca inquietud y hasta podía avizorarse un by pass por el costado de la muralla que ejemplifica el dinero. La juventud ha tomado el timón, se le ven espontáneos, decididos, sin miedo. Y lo han demostrado. Pero nuestro escepticismo aún perdura porque, si estos movimientos subsisten en el tiempo, no nos cabe duda que rápidamente serán infiltrados por los partidos políticos, los obligarán a moderar las acciones, a recortar el mensaje, a dejar las cosas tal cual, porque no conviene a sus intereses. Será así, ha sido  siempre así.

Nuevamente el fantasma del dinero y su poder se nos aparece en lontananza.

ARTURO FLORES PINOCHET escritor 2019