ABRIENDO EL CORAZÓN:POR QUÉ ESCRIBIMOS

Esto viene a ser  una confidencia. Por lo demás, a lo largo de la vida, muchos nos han preguntado lo mismo. Otros, advertidos de la vocación, evitan inquirir y prefieren hablar sobre nuestra tarea en las letras. Recordamos que una guapa compañera laboral, al saber que escribíamos,  nos expresó sorprendida: O sea, tu vida en el trabajo debe ser un infierno, un sacrificio diario, tener que efectuar tareas lejanas a tu real interés. Sonreímos y asentimos. Es así, fue así. Siempre. Tuvimos que forrarnos con una coraza para que las circunstancias de la vida impidieran taclearnos o mandábamos todo a la cresta, esto último, el verdadero deseo. En general, cuando se toca el tema, los escritores se defienden con varias razones que suenan a escusas. En el fondo, es la búsqueda de la fama y el dinero, el ser conocido por todos, ojalá aplaudido. Es lícito, es humano pensar así. Todo el mundo, en algún momento, quiere obtenerlo. Ahora, si no cuenta con talento, le bastará con el dinero…No se nos oculta que en medio de nuestra carrera literaria llegamos a soñar con los laureles, pero somos tan autocríticos que se nos pasó rápido. Auscultándonos sobre tan peraltada cuestión, deberemos aceptar que escribimos porque nos gusta, porque nacimos así, porque se nos dio de muy pequeño, porque hacerlo nos provoca una alegría inmensa que no se consigue con otras satisfacciones, porque a todas luces constituye lo único que nos interesa en este mundo y sin escribir el mundo se derrumba, se implanta la idea que no vale la pena vivirla y mejor estuviéramos muertos que coexistir con nuestros semejantes. Finalmente, lo hacemos por placer, “ese aflujo de fuerza nerviosa, ese aumento de vida, esa alegría para siempre, única realidad de la única existencia que tenemos”. Lo hemos aceptado con filosofía: es una forma de vida, es nuestra vida. Todo ello trae aparejado muchas complicaciones. Muy pocos nos entienden, pasamos como aves raras, seguro hasta pesado nos encuentran. Nuestro mundo no es de este mundo. Anda por allá arriba, donde realmente quisiéramos vivir. Para llegar a esto se conjugaron varias circunstancias. La principal, una hipersensibilidad de la puta madre que no se la doy ni a mi peor “amigo”. Terrible cosa. Todo se mira distinto, siempre estamos al margen y cuesta mucho socializar aunque ustedes no lo crean. Uf. He abierto nuestra alma a los amigos de Face. Nunca lo habríamos hecho años atrás. Era un defensa. Ahora, con la cronología que camina demasiado rápido, podemos desasirnos de algunas ataduras.

ARTURO FLORES PINOCHET escritor 2019