¿POR QUÉ HA DE SER MALO LO QUE HACE TAN BIEN?

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¿Adivinó el lector a qué se refiere el título? Es una frase de nuestro maestro literario Alone y se refiere a un tema manido, execrado, enjuiciado, lanzado a la hoguera, a la cárcel, al infortunio. Sí, estamos hablando del Sexo. Este fue creado por el Supremo Hacedor y dudamos que lo hecho por Él sea nefasto. Muy por el contrario. Los nefastos son las religiones que lo pervirtieron enmendándole, sí señor, enmendándole la plana al Gran Arquitecto. En nombre de él, los usurpadores, auto designados como representantes de Dios en el planeta,  dictaminaron que el sexo fuera del matrimonio era malísimo (que equivocados estaban, es buenísimo) y le agregaron un montón de palabras abominables sobre su función: lujuria, concupiscencia, erotismo, sucio, malo, perverso, maligno, acción de Lucifer, etc. Para rematarla trataron siempre a la mujer como objeto de pecado (también se equivocaron: son deliciosas y, si pecan, mejor). Ha sido siempre así. Lo bueno es que  nadie cree en esos anatemas, especialmente la juventud, y han perdido vigencia. Las religiones caen por su propio peso y, además de carecer de moral para enjuiciar, no tienen cabida en este mundo. Debieran desaparecer lisa y llanamente. Han provocado más daño que beneficio. Los tiempos modernos hablan maravillas del sexo, hallan numerosos beneficios para el ser humano y su progreso. Más aun, instan a practicarlo con entusiasmo, apartando trancas y prejuicios, disfrutándolo, porque  segrega endorfinas, serotoninas, dopaminas, oxitocinas y éstas, ¡puchas que hacen bien!. El placer ante todo. Un placer realmente divino. Por algo lo inventó el Supremo Hacedor. Entonces, ¿por qué ha de ser malo lo que hace tan bien? Notable Alone.

ARTURO FLORES PINOCHET escritor 2019