¿POR QUÉ NOS GUSTA EL PELAMBRE?

En Chile, el pelambre, chisme, rumor, habladuría tiene muchos partidarios. Es lo más genuino que existe y, sino campeones mundiales, al menos nadie nos baja del tercer puesto como en el Mundial del 62. Preocupante la cuestión. Ahora bien, ¿por qué nos gusta tanto “pelar” o despellejar a mujeres y hombres?, ¿Cuál es el placer en ello? Porque, no cabe duda,  es deleitable efectuarlo, de lo contrario no se haría. Hay muchas hipótesis respecto de ello. Pero no conviene ahondar: el tema de por si no es precisamente dignificador de la raza humana. ¿Por qué? Porque su esencia es, en el fondo, denigrar, hacer bulling, provocar daño, tornar en hazmerreír al infortunado, en resumidas cuentas, nada bueno sale de ahí. Pero habrá chismes enriquecedores, o sea, críticas constructivas, podría alguien pensar, buscando lo positivo del asunto. Naaaa, nunca brota algo digno de sobresalir. El pelador es omnipotente, se nutre de las habladurías, le encanta propalar noticias y gusta reunirse para decirlas. Una de las razones que hemos constatado del por qué a muchos les place chismorrear es el convertirse en centro de atracción por un instante,  verse invadido por las miradas de todos, y, por algunos minutos u horas, transfigurarse en persona importante. ¡Cómo no va a ser placentero sentir que todos te escuchan con atención, que abran los ojos y la boca sorprendidos, oír cómo  piden más detalles (cuenta, cuenta, no pares), tenerlos pendiente de ti!. Es tu momento de gloria, breve, insano, pero es momento sublime para el ego. Es una de las razones que vemos a la pasada. Ciertamente, el pelambre se cuela en todas partes. Nadie le opone resistencia. Oficinas, hogares, escuelas, sitios públicos y privados, iglesias, templos. Es tema obligado en la plática después de la clásica introducción de cómo está el tiempo, tan caluroso, tan frío. Esa parte es para entrar en calor y preparar lo que viene. Después, queda el despelote, incluso en seres que posan de equilibrados, serios o maduros. También “se caen”. Todos “pelan”. Al parecer, el chisme tiene algo magnético que hechiza y del cual no se sale con facilidad. “Que rico es “pelar” – decía alguien – se pasa bacán y el tiempo no se siente”. Razones poderosas para convertirse en adicto a las habladurías. Para no perder el hilo de la conversa y a propósito de lo expuesto ¿les cuento una, chiquillos y chiquillas? Fíjate que….

ARTURO FLORES PINOCHET escritor 2020