¿Por qué y para quién escribimos?

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Jorge Arturo Flores

Esta es una interrogante que viene de larga data. Cuando a los escritores se les interroga sobre esto, generalmente buscan frases ingeniosas o escapan por la pendiente, dudando mucho antes de entregar la respuesta. Algunos dirán por necesidad, porque les nace, porque les gusta, pero muchos evitan indicar que lo hacen por conseguir gloria, fama y vivir de sus escritos. Buscar renombre, reconocimiento, publicidad. Es, por lo demás, algo humano. No es un pecado ni falta. Es nomas. Pero, ¿qué ocurre cuando esas expectativas no suceden, no se plasman y se continúa escribiendo en solitario, sin distribución de la obra y solamente leído por la familia, algunos amigos y ciertos conocidos?. Si la intención era conseguir algo y no se obtiene, lo más lógico sería continuar luchando en pos de la estrella o abandonar la titánica lucha o simplemente escribir para si mismo.

Ahora bien, existen personas que crean para sí mismos y no alientan ninguna idea de pasar a la historia literaria de su país. Escriben, leen, repasan sus escritos…y los guardan. De vez en cuando, como ruborizados, lo muestran a alguien. Pero nada más. Hay seres así, aunque a veces seamos renuentes a creerlo.

Pero en general la mayoría va, como decíamos, en pos de la gloria, la fama, el dinero, el poder. Abandona las ideas y solo piensa en el vil metal o en el materialismo. Estamos pasando por una época complicada para las flores del espíritu.

Que hay excepciones, las hay, pero la idea general es la que indicamos.

Ahora bien, de lo anterior deviene una segunda pregunta ¿para quien escribimos?. Si una persona escribe para ser leído y luego cobrar fama, deberá cuidar en consecuencia lo que hace. Tratará por cierto de ser original, no caminar por la trillada avenida. Buscará cosas distintas, tratará de ser vanguardista, luchará por ser reconocido. Pero si continua escribiendo para su propia delectación, está perdido. Dará con volúmenes soporíferos, soberbios, intrascendentes.

Es como construirse su propia estatua.

Quien redacta para el lector debe preocuparse de él y hacerle grata la estadía.

Ciertamente hay autores que, en busca de la originalidad, estrechan el camino, lo hacen pensar, le ponen acertijos, lo obligan a concentrarse. Plausible como diferencia. Pero no debemos olvidar que el leyente común busca pasar el tiempo, entretenerse, hacerse más grata la vida, sin dejar por supuesto de darle trabajo a las neuronas.

El que escribe para si mismo, es el que menos debe preocuparse. Como nadie va a leerlo, le puede echar a la cundidora con total relajo.

¿Para quien y por qué escribimos?. He ahí la interrogante.